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Posts Tagged ‘vida’

Ayer, 5 de diciembre, se cumplieron 20 años de uno de los hechos importantes que han marcado un antes y un después en mi vida. Una explosión de gas (ver hemeroteca de La Vanguardia) que nos dejó literalmente con lo puesto: sin casa, sin la empresa iniciada, con apenas 13 meses de vida, sin trabajo, reubicando a los hijos… y con un futuro más que incierto ante los ojos.

Dejando aparte las pérdidas humanas y el gran sufrimiento que conllevaron aquellos días para las más de setenta personas afectadas, debo decir que recibir un golpe así cuando tienes 34 años te pone las pilas de inmediato: de repente descubres que las cosas tienen un significado completamente distinto al que tu creías y que aferrarse a ellas (o a la idea que tú tienes de ellas) es absurdo, por irreal; te das cuenta de que su valor es muy relativo, que lo que verdaderamente importa es estar viva, con todo lo que conlleva de responsabilidad, ilusión, fuerza, coherencia… y que siempre hay que ir ligero de equipaje (esto es, apegos) por lo que pueda pasar.

Es curioso como algunas de las experiencias que percibimos como más traumatizantes, se convierten, luego de un cierto trabajo interior, en poderosas aliadas de la superación. Quedarte sin nada, quedarte con lo puesto, volver a empezar desde cero… Sí… y no. Porque de repente descubres que hay muchas otras cosas, de las que quizás no te habías percatado, que también configuran tu vida y contribuyen en la construcción del ser que eres (¡y serás!).

Uno de los mayores aprendizajes de la explosión fue el abrupto desarraigo, por brutal… ese salir disparada de la zona cómoda que nos amuerma, meciéndonos en los laureles de la rutina y en los atajos cognitivos de la heurística. De allí al nomadismo, hacia el que ya había empezado a abrirme años antes, por circunstancias varias… No soy nada dada a celebrar las efemérides, pero éste está resultando un año muy heavy a nivel personal/familiar… (en estos momentos tengo a 3 -de 10 que somos- hermanos ingresados en un hospital) así que habrá que tomárselo con un poco de humor ¿no? Tranquilos, que éste no es un mensaje inconexo e incoherente, no (aunque también podría serlo…).

Estos 20 años y todo lo ocurrido después, han contribuido en dar sentido a lo que, para mí, resulta una de las necesidades/clave que va a demandar de nosotros el nuevo paradigma: una nueva actitud ante lo imprevisto, ante lo incierto… Una actitud -incluso- proactiva… promotora y generadora de cambio, abierta al nomadismo, dispuesta a ejercitar y a desarrollar escucha activa, interés y atención… en definitiva, promoviendo una verdadera receptividad y escucha hacia el otro o lo otro, hacia lo distinto y lo desconocido… que nos obliga a ponernos en marcha con la vigilancia puesta hacia todo.

20 años de un evento que indudablemente influyó, y mucho, en todo lo que ocurrió después y, también, en lo que va a ocurrir de aquí a unos meses, fiel a ese nomadismo cuyos beneficios empecé a descubrir a raíz de la explosión y de Susan Sontag: nos trasladamos… Nos vamos de Osona, Barcelona, Catalunya, cambiamos de Comunidad… Tengo/tenemos muchas ganas de descubrir nuevos paisajes, nuevos horizontes, nuevas formas de ser, de estar y de hacer… y todo apunta hacia Extremadura: una tierra fantástica, llena de personas abiertas, solidarias, emprendedoras y acogedoras, que nos ha descubierto que no es ni extrema ni dura.

Un cálido abrazo, a través de este recuerdo, 20 años ya, a todos los que sufrieron pérdidas, directa e indirectas… y, en especial, a los padres de Sergio, el chaval de 16 años que nunca llegó al examen. Mis mejores deseos para todos.

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Es tanta nuestra tendencia a la solemnidad y a tomarnos las cosas a la brava, que he estado dudando durante un buen rato antes de decidirme por este título. ¿Por qué, os preguntaréis? Pues porque acostumbramos a entender este jugar con la vida a ponerla en peligro, a arriesgarnos en exceso o a acercarnos demasiado a los límites.

Pero éste no es el sentido de la reflexión a la que os invito hoy, ya que aludo al sentido literal de jugar, con todo lo que conlleva de diversión, alegría y entusiasmo. A tomarnos las cosas con más espíritu lúdico. A relativizar, objetivar y desdramatizar las situaciones, por duras que éstas puedan parecernos, observándolas desde la distancia, espacial y temporal, como si hubiera transcurrido ya mucho tiempo, como si no tuvieran nada que ver con nosotros o como si fueran un juego o una ficción. Fijaros que digo ‘como si’ y ahí es justo donde empieza el juego.

Imagino que muchos de vosotros habréis oído hablar de la ‘inteligencia emocional’. Aunque no esté muy de acuerco con llamarla inteligencia, la inteligencia emocional está directamente relacionada con las habilidades intrapersonales e interpersonales, y todos -sin excepciones- deberíamos desarrollarlas y aprender a trabajárnoslas de manera que nos puedan facilitar una vida -física, mental y espiritual- mucho más sana y más propicia para conseguir mayores éxitos y calidad en nuestras interrelaciones e interacciones.

Tomarnos las cosas a pecho no ayuda a solucionarlas, sino todo lo contrario: nos perjudica, nos lo pone más difícil y, tal y como demuestran cantidad de estudios científicos, puede incluso enfermarnos. No es inteligente. Lo es mucho más tomarnos ciertas cosas un poco más a la ligera y “jugar” con ellas, mientras intentamos descubrir cómo ganar -entre todos (win-win!)- la partida.

Hacer un mejor uso de nuestra capacidad de imaginación nos permite vivir la realidad de otra manera… (ahora ya sabemos que eso que llamamos ‘realidad’ es un concepto muy subjetivo). No todos vivimos las situaciones de la misma forma y esto nos indica que no existe una realidad clara y objetivable. Lo que llamamos realidad es, en parte, una invención de nuestra mente.

Saber esto y tenerlo siempre presente facilita el distanciamiento y hace que sea más sencillo activar las emociones positivas: el buen humor, la esperanza, la alegría, la ilusión, la sorpresa, el descubrimiento, la diversión… Emociones, todas ellas, destinadas a dotarnos de fuerza interior y claridad mental. Justo lo contrario a la ofuscación, el miedo, la rabia o el resentimiento, entre otras, que nos bloquean e impiden el acceso a nuestros recursos y habilidades, disminuyendo nuestras posibilidades de superación. Disfrutar, apreciar y valorar las pequeñas cosas diarias y las situaciones más cotidianas: éste es el verdadero reto.

Desde los tiempos más oscuros el buen humor y los espíritus alegres han tenido muy mala prensa y las causas son debidas a que somos excesivamente altaneros, rígidos, solemnes… y a que nos creemos el centro del Universo o el ombligo del Cosmos, en tanto que seres perfectos y superiores.

Tener buen humor y alegría no significa explicar chistes a todas horas ni de hacer tonterías o ser superficiales, no. Es más profundo que todo esto, ya que va ligado a ser consciente de que las cosas no son lo que parecen y que no es necesario ahogarnos en ellas, sino que es mucho más inteligente jugar a descubrir cómo solucionarlas.

De esta manera somos mucho más libres (¡hasta de nosotros mismos!), estamos más sanos y podemos hacer las cosas mejor, alcanzando -sin tanto esfuerzo- cotas de mayor calidad. Reírnos de nosotros mismos y de lo que nos ocurre es una de las mayores expresiones de salud mental… Pero basta ya de rollo, que hoy es domingo y el sol está espléndido…

Parece que todo invita a que nos marquemos un baile y a que nos soltemos la melena, ni que sea por un rato, para librarnos de tanta solemnidad y rigidez. Os dejo con Los Tucanes de Tijuana y su ‘Jugo a la Vida’… abandonad por un instante el teclado y la pantalla, conectad los altavoces, levantaros de la silla y dejaros llevar… yo voy a hacerlo justo ahora… check it out, baby!

Pero seguiremos… hay tanto por compartir!

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