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Posts Tagged ‘realización’

El tiempo es un recurso muy extraño, lo necesitamos para todo, no se puede recuperar ni reciclar, sólo aprovechar… y tiene un ritmo inefable hacia adelante, esférico, de bucle abierto: cada día empezamos todos con las mismas horas a nuestra disposición (24), a medianoche se nos agotan y al cabo de un segundo se nos vuelven a renovar automáticamente. Unos le sacan mayor partido y otros, en apariencia, menos. Esta es la reflexión, a grosso modo, a la que me invitó hace unos días mi querido amigo Miguel, hablando de la (auto)observación y del (auto)autoconocimiento. Tendríamos que averiguar cuál es nuestra relación con el tiempo, me dijo. Y ahí quedó la idea, dando vueltas por mi cabeza, entre chispazos neuronales.

Y como las cosas, para un mejor aprovechamiento, hay que estructurarlas un poco, ahí van los 2 temas que me gustaría compartir con vosotros, así sabréis si os merece el esfuerzo de seguir leyendo:

  1. Breve reflexión sobre la IV Jornada Técnica para el Avance de la Metodología en Intervención Social, dentro del marco de las Buenas Prácticas organizadas por Cruz Roja Española.
  2. Un paseo revelador por el parque del Retiro, la tarde del miércoles, al encuentro de Joaquín Araujo. La comunicación, la calma y el brío… o sobre cómo intento relacionarme con el tiempo.

1.

Me gusta llegar antes a los eventos y asistir a las charlas de otros. Creo que esta es una práctica muy habitual entre muchos de los facilitadores o formadores… nuestra curiosidad y ganas de aprender nos pueden. Fernando de la Riva  estuvo genial con su “Participación social 2.0 TICs y redes sociales para la inclusión”, invitando a las organizaciones a abrirse a los nuevos tiempos, a contribuir al cambio de paradigma social que estamos viviendo y a sumarse a las redes sociales y a las nuevas prácticas socio-tecnológicas. Le siguió David Díez Sánchez, de la Fundación Neuronilla, con sus “Estrategias para optimizar la creatividad en inclusión social”, que nos hizo pasar un rato muy interesante y divertido, desaprendiendo y aprendiendo entre dibujo y dibujo. Después del descanso les tocó el turno a Silvia R. Guarnieri, de la Escuela Europea de Coaching  y a Paula Farias, expresidenta de Médicos Sin Fronteras, con una reflexión muy interesante sobre “La Confianza como herramienta de desarrollo”. Destaco aquí la pregunta que una asistente realizó a Paula Farias (con relación a su experiencia en Chipindo, Angola): ¿Cómo haces para poder actuar en un lugar en el que mueren diariamente 30 niños de hambre, sin que eso te afecte? (En el preciso instante que vi la sorpresa en los ojos de Paula, otra pregunta se formó en mi mente ¿Y cómo nos lo montamos nosotros para poder actuar en un mundo en el que mueren de hambre alrededor de 25 mil niños al día, sin que eso nos afecte?)

Justo antes del descanso para la comida (íbamos con 30’ de retraso), llegó mi breve y briosa reflexión, invitando a observar los peligros de la (sobre)protección con “Amores k Matan”. Deseo agradecer, desde aquí, la excelente acogida y sintonía, alcanzada en tan sólo media hora, culminada en la gran emoción colectiva que desató el corto de Alejandro Correa Alzate, “La Soprano”.

En resumen: una mañana muy rica en descubrimientos, encuentros, intercambios e impresiones… y la total y absoluta confianza de que estas Jornadas sirven, y mucho, para mejorar continuamente las buenas prácticas y las intervenciones destinadas a facilitar la inclusión de los más desfavorecidos a una sociedad. Tenemos el vídeo de la ponencia en fase de producción. En cuanto esté listo, lo colgaremos en la web de noûs.

2.

Habíamos decidido liberarnos de compromisos y regalarnos una tarde paseando bajo las magníficas sombras del Parque del Retiro y para contemplar, de paso, Todos los Bosques del Mundo sin salir de él, a través de la exposición fotográfica, comisariada por nuestro -gracias a cómo se comparte- gran naturalista Joaquín Araujo.

Llegamos a sus puertas empapados de sudor, después del largo recorrido por La Castellana y Serrano. Justo en la entrada vimos unos guardas y preguntamos. Nada. Ninguna exposición fotográfica. Da igual, aprovecharemos las sombras y el frescor. Tiempo para vagar. Para no hacer nada. Para contemplar. El Retiro es un pulmón imponente que al principio respira como rugiendo, en ese constante pulsar de la ciudad que lo circunda… pero a medida que te adentras en sus entrañas, te alcanzan su calma y sosiego. Nos sentamos en una terraza en busca de algo fresco para tomar… y allí reflexionamos con más profundidad sobre el tiempo y de nuestra relación con él. Cuando pienso en estas cosas hay algo que casi siempre acude a mi mente: alternancia y ductilidad. Creo que nuestra relación con las cosas debe tender, siempre, hacia el máximo respeto y consideración, con lo que implica de atención al contexto, a la realidad que percibimos y a un montón de parámetros más. Así que, debe haber momentos para todo y hemos de ser suficientemente flexibles y dúctiles como para adaptarnos con facilidad y adecuarnos al entorno, con ternura y respeto. Momentos para el brío, la vehemencia, y para el exponer calmado, momentos para la meditación, para la reflexión, para ritmos desenfrenados y también para deambulares contemplativos. Somos nosotros los que debemos decidir cómo adaptarnos a cada situación, cómo relacionarnos con ella, con qué ritmo, con qué profundidad, con qué amplitud, con qué actitud, desde qué perspectiva…

Seguimos paseando, ahora ya mucho más reposados y, de repente, nos encontramos frente las inmensas fotografías de los Bosques del Mundo (¡así que estaban allí!). En una de las primeras imágenes, un imponente árbol, con sus raíces en el aire, y una reflexión de Joaquín Araujo sobre ese todo que forman ramas y raíces, me trasladan de nuevo a la alternancia, esta vez entre el Ethos (emisor, actor, que expresa o actúa) y el Pathos (paciente, receptor pasivo del otro o de lo otro)… Una bella forma metafórica para expresar, una vez más, la necesidad de alejarnos de nuestra tendencia a la disyunción y disgregación y encaminar nuestros pasos hacia una actitud más copulativa, integradora: somos tanto lo uno como lo otro y en cómo los (y nos) alternamos se halla uno de los quids de la cuestión. Y como hay que tener tiempo para todo, toca dar por terminada la reflexión de hoy y prepararme para un fantástico evento: el encuentro anual entre los italianos de la comarca de Osona… Un placer salpicado de risas y personas de excelente calidad. Un verdadero lujo: vamos p’allá!

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La audacia es una cualidad, es el empuje, el valor, el esfuerzo del ánimo, la determinación, la capacidad de resolución, la firmeza de carácter… Confucio, filósofo y místico chino, dice: “Conocer lo que es justo y no ejecutarlo, demuestra falta de valor, falta de audacia”. En realidad la persona audaz emprende acciones, que podrían parecer poco prudentes (a ojos de los que hayan considerado pocos parámetros), a partir de un análisis muy sereno de la realidad, de las posibilidades de conseguir un bien y de la percepción de sus riesgos, sus costes y posibilidades de acción. La audacia no tiene nada que  ver en tomar decisiones poco prudentes. La audacia llega después de un profundo  análisis de la situación y del contexto, de una seria reflexión sobre la cuestión, de una elección entre las posibles acciones y de la determinación de emprenderlas, a pesar de la dificultad que puedan comportar.

Es audaz el que toma una decisión, después de la debida reflexión, por difícil que resulte su realización. Es audaz el que, una vez balanceados los beneficios y los costes de una acción determinada, le emprende con entusiasmo y confianza. Lo es, también, quien -siempre luego de la reflexión y la ponderación- se lanza, a pesar de las dificultades entrevistas. La audacia es como un tipo de atrevimiento mesurado, en absoluto imprudente, para emprender acciones inteligentes a modo de apuesta, y que exigen un esfuerzo extra debido a la incertidumbre de los resultados. Todo esto me hace pensar que nos falta un poco -mucha- audacia en todos los aspectos que creemos que podrían funcionar mejor. Atreverse a hacer, a proponer, a mojarse, a meterse, a decidir, a ir más allá de lo establecido o considerado normal. Nuestra sociedad actual, en plena crisis de valores fundamentales, con esta visión superficial, adormida, acomodada y frívola de la realidad, pide un esfuerzo muy grande para salir de la mediocridad en la que estamos instalados. Pide audacia a gritos. La pide a los políticos, para que sean verdaderos ejecutores de programas destinados a mejorar la vida de aquellos que representan, con la premisa de que tendrán que considerarla toda -incluso la de los no nacidos- y no sólo ese ‘día a día’ lleno de soluciones para ‘salir del paso’ o para ganar las próximas elecciones. La pide a los emprendedores y empresarios, para que sean capaces de innovar y de aventurarse en las travesías del cambio. La pide a los artistas y creativos en general, para encontrar nuevas formas de atrapar le atención, para hacer llegar mensajes que transformen y enriquezcan a los receptores de sus expresiones artísticas. Nos la pide a nosotros, porque sin audacia difícilmente podremos emprender nuevas metas y objetivos.

La audacia nos permite ir más allá, evolucionar y mejorar. Entonces… ¿Cómo es que no somos audaces? ¿Por qué nos da tanto miedo dar el primer paso, a pesar de saber, después de tanta reflexión, que las cosas podrían ser mucho mejor si las hiciéramos de otra manera?

Esta mañana he recordado que hace unos años, después de las revueltas juveniles y la quema de coches, el gobierno francés se había propuesto enseñar qué era el respeto en las escuelas y que no habían encontrado la forma… ¿Qué nos pasa? ¿Cómo es que nos frenamos con tanta facilidad? ¿De qué tenemos miedo? ¿Qué nos impide tener una poco más de audacia y atrevernos con fórmulas innovadoras, más adecuadas al momento actual? ¿Tememos ser políticamente incorrectos? ¿Tememos más al qué dirán que a seguir empeorando las cosas?

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Hace poco leí (¡qué error no haber apuntado nombre y lugar!), en un interesante artículo sobre el liderazgo, que habría que encontrar la manera de poder expresarnos y percibirnos más como personas que como profesionales… o algo parecido. Recuerdo que emití un callado y sentido “¡bravo!” que resonó por todo el cerebro (cito desde mi desgastada memoria y más desde la interpretación/sensación, que de lo leído): acostumbramos a comunicarnos desde la profesionalidad -en donde esto no se pone así o de eso no se habla nunca…- y evitamos hacerlo desde la privacidad. Ignoro las razones por las que la ventana privada sea un tema tabú. ¿Podrían ser ecos de aquello de que “tu vida privada no interesa a nadie”? Con ello me monto una hipótesis, una elucubración de las mías. Al adoptar el papel de censor (eso no se pone, de eso no se habla…), estamos mostrándonos con una falsa racionalidad (el hemisferio izquierdo): omitimos lo emotivo (¡wala, que sonoridad: omitimos lo emotivo!) y ocultamos lo privado, una de las partes más importantes de nuestro contexto y que mejor nos explican y nos muestran. Me encanta que la persona se muestre. Me fascina compartir trozos de vidas y experiencias de otros. Mis especulares se frotan las manos cada vez que un alma generosa abre su ventana privada. Ahí es donde podemos completar -más o menos- a la persona. No basta con conocer sólo al profesional -a mí por lo menos- necesitamos conocer a la persona, saber cómo piensa, cómo siente, cómo actúa, conocer las experiencias que más le han marcado, cómo las ha superado… Reconozco que mi curiosidad es casi insaciable (¡peor que un gato!), pero compartir conocimientos no me basta para tejer esa enorme red de interrelaciones e interacciones… me faltan los componentes más íntimos, para construir una realidad  -a mi modo de ver- más completa. Así que hoy toca compartir ventana privada, como muy bien habéis intuido. Pero vayamos a la noche memorable, que me voy por las ramas, as usual.

Noche memorable...

foto de Anto

El miércoles tuve que ir a Barcelona por diversos asuntos y aproveché para verme con algunos hijos y la nieta, Sofía, de siete años. Mi hija mayor, que me conoce muy bien y sabe que me encantan las cosas fuera de lugar (y del poco tiempo del que dispongo), organizó una cena/noche en su casa y se lo montó para que la niña y yo compartiéramos cama. Tanto Sofía como yo estábamos emocionadas. Después de unos segundos jugando con las luces nos quedamos a oscuras: yo, de lado, acurrucada junto a ella y ella mirando al techo, estirada, con los brazos fuera. Empezamos hablando de la ilusión que nos hacía, del poco tiempo que teníamos para vernos, de que habría que empezar a hacerlo a través del Skype, me contó que ya lo había hecho con su otra abuela, que está en Colombia… y -de repente- me pregunta: “¿y tú de qué trabajas, iaia? ¿qué haces, a qué te dedicas?”. Y le expliqué lo que hacemos los facilitadores de la mejor manera que fui capaz. Sofía salpicaba la conversación con preguntas, gestos y expresiones de sorpresa. Estaba dentro. Preguntaba hasta el más mínimo detalle. Cuando terminábamos un tema íbamos a por otro. “¿Cuáles son las cosas que más te gusta hacer, cuál ha sido tu mejor momento, haciendo qué?”, “¿Cuál ha sido el momento en el que peor te has sentido?” (el suyo, por cierto, divertidísimo), “¿Te gusta leer?” Ahí me confirmó, una vez más, la idea de que no siempre los autores están a la altura de los niños. Hablamos, también, de los sueños, de las metas, de que podemos conseguir casi todo lo que nos proponemos si somos luchadores, nos capacitamos e insistimos (allí ella lanzaba sus puños al aire).

Imagino que llegados ahí, os preguntaréis -con razón- qué hay de memorable en todo esto tan cotidiano. Ahí va: sus ojos, sus enormes ojos color castaña mirándome en la oscuridad, acurrucadas, una frente a otra; sus onomatopeyas, sus expresiones, sus preguntas inquisitivas, siempre con sus feedbacks (“eso lo entiendo”) marcando el tempo, el flujo y el ritmo de la conversación; la comunión alcanzada a través de la atención (algo que, con los niños en general, sucede muy pocas veces: enseguida se cansan de las conversaciones con adultos), el silencio, los susurros, las risitas bajo el nórdico… Y luego el sueño, caer rendidas y despertarme con su brazo rodeándome el cuello y su piernecita encima de las mías… Noche memorable, sí.

A la mañana siguiente tuve que madrugar para una muy interesante cita con Marc, excelente persona, y no me pude despedir (tampoco creo que nos haga falta). Eso sí, luego llamé a mi hijo y le dije: no permitas nunca que nadie te haga dudar de su capacidad de atención, te lo digo por lo de la moda de diagnosticar trastornos por déficit de atención con hiperactividad (TDAH)… él, evidentemente, se rió.

Todos tenemos nuestro momento, la noche del miércoles fue el nuestro… Gracias, hijos, por ese magnífico encuentro entre semana… y gracias, Sofía, por compartir conmigo ese maravilloso despertar de tus siete añitos.

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Queridas Majestades:

Comprobaréis que en mi carta no pido nada para mí, pues ya hace tiempo que me he dado cuenta de que la felicidad no depende sólo del bienestar interior de uno, sino que está directamente relacionada con el bienestar interior de los demás… y de que formamos una inmensa red o tela de araña que nos une de tal forma que un pequeño movimiento aquí genera un auténtico terremoto allá.

Así, mis peticiones de este año, serán un poco peculiares… Y, como imagino que tenéis mucho trabajo, paso sin más demora a exponeros mis peticiones, pidiendo disculpas de antemano si alguna os presenta alguna dificultad añadida:

Me gustaría que pudierais dar un empujón a todos, para que este año pueda ser un año dedicado a la acción, para que sea un año en el que abunden más los hechos que las palabras, en el que las personas recuperemos la moral, la confianza y la fuerza para poder hacer lo correcto, sin que nos tiemble la mano. Pido, pues, fuerza, confianza, ética, imaginación y mucha valentía para poder superar con éxito la crisis que estamos viviendo.

Pido la emergencia (en sus dos acepciones: generación y urgencia) de personas socialmente responsables y comprometidas hacia una verdadera mejora social.

Que finalmente descubramos que la increíble potencia que late dentro de las personas, sale a la luz cuando las distinguimos y respetamos; que el Valor no es ni monetario ni económico sino que está directamente relacionado con su poder de transformación y maduración de la sociedad.

Que los padres asuman la responsabilidad de educar los hijos y prepararlos para navegar en este océano de incertidumbres. Me pido también, la completa transformación del sistema educativo, empeñado en ver a sus educandos como bancos en los que introducir datos… que empecemos a facilitarles las herramientas que van a necesitar para madurar y actuar con coherencia, y para que sean capaces de interactuar y relacionarse con todo lo que les espera -una sociedad muy agitada- y ser felices.

Pido que salgan a la luz, también, personas maduras, nobles, honestas, atrevidas, con una visión amplia, generosa, de largo alcance… y con voluntad política, es decir: con ganas de servir a la humanidad y acompañarla hasta el mejor puerto.

Pido científicos con una sólida base ética, capaces de negarse a servir a los intereses de las grandes farmacéuticas.

Pido más personas dispuestas a hacer bien las cosas (ya no basta con buenas intenciones), cueste lo que cueste, y, también, capaces de ver las consecuencias de sus decisiones y acciones.

Me pido mucha más generosidad para todos… que (¡finalmente!) descubramos el terrible y largo alcance del ego y aprendamos a gestionarlo de forma que podamos hacer converger nuestros intereses personales con los de los demás, colaborando juntos para una sociedad mejor.

Pido políticos, empresarios y directivos lúcidos, inteligentes, con la mente clara, responsables, trabajados, de gran calidad humana, con conocimientos y experiencia, que no teman mostrarse, que sean transparentes y honestos, tanto… como para ser capaces, entre otras cosas, de bajarse los salarios, equiparándolos a los de sus colaboradores, conciudadanos, etc.

¡Ah! Y no me quiero olvidar de una petición muy especial, pero absolutamente imprescindible: Pido también que iluminéis la mente a los Senadores de nuestro gobierno, elevéis su grado de lucidez, claridad mental, sentido de la justicia, modernidad, valentía… para que sean capaces de cuestionar y frenar la Ley Sinde, proponiendo un debate abierto a la sociedad sobre la ‘propiedad intelectual’: que terminen de una vez por todas con estas prácticas que sólo hacen que demostrar que la nuestra es una sociedad que privilegia ciertas clases por encima de otras. (En todo caso, si no estáis muy al día de lo que os pido, en breve voy a subir un post sobre la propiedad intelectual que puede serviros)

Soy consciente de que son muchos deseos (¡que conste que he dejado muchos en el tintero!) y de la dificultad de algunos, pero sois magos… y sé que podréis con todo.

Mil gracias anticipadas y que tengáis un excelente 2011.

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Adiós, 2010. Fuiste intenso, mucho, extremadamente duro en algunos momentos y altamente gratificante en otros. Te llevaste a mi padre… pero también me diste la oportunidad de acompañarlo en su recta final, cuidar de él y disfrutarlo a lo largo de once meses… Me despido de ti de la misma forma que me despedí de él: con mucho agradecimiento y calma interior.

Has sido un año lleno de hermosos momentos, de encuentros y relaciones de alta calidad, de muchos, y en algún caso duros, aprendizajes. Te vas con la misión cumplida, dejando la puerta abierta a nuevas y  apasionantes experiencias… Muchas gracias, de corazón, por ese espacio temporal que nos has cedido… puedo asegurarte que el mío ha cundido un montón. Ve en paz y tranquilo… quedarás en nuestro recuerdo.

2011 se va a abrir esta noche como un abanico lleno de posibilidades, de acciones, decisiones, cambios, nuevas estrategias, buenos momentos (de los de calidad), excelentes encuentros y relaciones… y, con estos deseos, abrimos un stand by hasta el próximo año… que hay que preparar la celebración y las copas con que poder brindar… ¡POR TODOS NOSOTROS!

¡Que 2011 sea un año de progreso, del de verdad, y evolución para toda la humanidad!


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Ya lo decía Susan Sontag… hay que ser un poco nómadas, jugar con la vida, romper con la rutina… y convertirte en un eterno aprendiz.

Os dejo con un enlace a La Contra de La Vanguardia, en la que Kurt Schmidt nos invita a disfrutar del momento y de los aprendizajes de la no rutina…

“Tu felicidad sólo depende de la fuerza que tienes dentro”.

Son tantas las voces que nos indican -una vez y otra- que hay que elegir qué tipo de vida queremos… ¿Cómo es que nos cuesta tanto levantarnos y decidir por nosotros mismos?

El penúltimo post del año 2010!!

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Sir Ken Robinson, experto que preconiza un sistema educativo que enseñe a innovar

Entrevista de LLUÍS AMIGUET  –  La Contra de La Vanguardia – 03/11/2010

Tengo 60 años: irrelevantes cuando eres capaz de crear como un niño, y todos somos capaces si queremos. Nací en un barrio humilde de Liverpool, como los Beatles, creativos sin escuela. No soy buen gregario, así que no tengo partido, pero sí política. Colaboro con el Foro HSM.

Un día visitando un cole vi a una niña de seis años concentradísima  dibujando. Le pregunté: “¿Qué dibujas?”. Y me contestó: “La cara de Dios”.
¡. ..!
“Nadie sabe cómo es”, observé. “Mejor – dijo ella sin dejar de dibujar-,ahora lo sabrán”.
Todo niño es un artista.
Porque todo niño cree ciegamente en su propio talento. La razón es que no tienen ningún miedo a equivocarse… Hasta que el sistema les va enseñando poco a poco que el error existe y que deben avergonzarse de él.
Los niños también se equivocan.
Si compara el dibujo de esa niña con la Capilla Sixtina, desde luego que sí, pero si la deja dibujar a Dios a su manera, esa niña seguirá intentándolo. El único error en un colegio es penalizar el riesgo creativo.
Los exámenes hacen exactamente eso.
No estoy en contra de los exámenes, pero sí de convertirlos en el centro del sistema educativo y a las notas en su única finalidad. La niña que dibujaba nos dio una lección: si no estás preparado para equivocarte, nunca acertarás, sólo copiarás. No serás original.
¿Se puede medir la inteligencia?
La pregunta no es cuánta inteligencia, sino qué clase de inteligencia tienes. La educación debería ayudarnos a todos a encontrar la nuestra y no limitarse a encauzarnos hacia el mismo tipo de talento.
¿Cuál es ese tipo de talento?
Nuestro sistema educativo fue concebido para satisfacer las necesidades de la industrialización: talento sólo para ser mano de obra disciplinada con preparación técnica jerarquizada en distintos grados y funcionarios para servir al Estado moderno.
La mano de obra aún es necesaria.
¡Pero la industrialización ya no existe! Estamos en otro modo de producción con otros requerimientos, otras jerarquías. Ya no necesitamos millones de obreros y técnicos con idénticas aptitudes, pero nuestro sistema los sigue formando. Así aumenta el paro.
Pero se nos repite: ¡innovación!
La piden los mismos que la penalizan en sus organizaciones, universidades y colegios. Hemos estigmatizado el riesgo y el error y, en cambio, incentivamos la pasividad, el conformismo y la repetición
No hay nada más pasivo que una clase.
¿Es usted profesor, verdad? Las clases son pasivas porque los incentivos para estar calladito y tomar apuntes que repetirá son mayores que los de arriesgarse a participar y tal vez meter la pata. Así que, tras 20 años de educación en cinco niveles que consisten en formarnos para unas fábricas y oficinas que ya no existen, nadie es innovador.
¿Cuáles son las consecuencias?
Que la mayoría de los ciudadanos malgastan su vida haciendo cosas que no les interesan realmente, pero que creen que deben hacer para ser productivos y aceptados. Sólo una pequeña minoría es feliz con su trabajo, y suelen ser quienes desafiaron la imposición de mediocridad del sistema.
Tipos con suerte…
Son quienes se negaron a asumir el gran error anticreativo: creer que sólo unos pocos superdotados tienen talento.
“Sé humilde: acepta que no te tocó”.
¡Falso! ¡Todos somos superdotados en algo! Se trata de descubrir en qué. Esa debería ser la principal función de la educación. Hoy, en cambio, está enfocada a clonar estudiantes. Y debería hacer lo contrario: descubrir qué es único en cada uno de ellos.
¿La creatividad no viene en los genes?
Es puro método. Se aprende a ser creativo como se aprende a leer. Se puede aprender creatividad incluso después de que el sistema nos la haya hecho desaprender.
Por ejemplo…
Soy de Liverpool y conozco el instituto donde recibieron clases de música mi amigo sir Paul McCartney y George Harrison… ¡Dios mío! ¡Ese profesor de música tenía en su clase al 50 por ciento de los Beatles!
Y…
Nada. Absolutamente nada. McCartney me ha explicado que el tipo les ponía un disco de música clásica y se iba a fumar al pasillo.
A pesar del colegio, fueron genios.
A Elvis Presley no lo admitieron en el club de canto de su cole porque “desafinaba”. A mí, en cambio, un poliomielítico, me admitieron en el consejo del Royal Ballet…
Ahí, sir, acertaron de pleno.
Allí conocí a alguien que había sido un fracaso escolar de ocho años. Incapaz de estar sentada oyendo una explicación.
¿Una niña hiperactiva?
Aún no se había inventado eso, pero ya se habían inventado los psicólogos, así que la llevaron a uno. Y era bueno: habló con ella a solas cinco minutos; le dejó la radio puesta y fue a buscar a la madre a la sala de espera; juntos espiaron lo que hacía la niña sola en el despacho y… ¡estaba bailando!
Pensando con los pies.
Es lo que le dijo el psicólogo a la madre y así empezó una carrera que llevó a esa niña, Gillian Lynne, al Royal Ballet; a fundar su compañía y a crear la coreografía de Cats o El fantasma de la ópera con Lloyd Webber.
Si hubiera hecho caso a sus notas, hoy sería una frustrada.
Sería cualquier cosa, pero mediocre. La educación debe enfocarse a que encontremos nuestro elemento: la zona donde convergen nuestras capacidades y deseos con la realidad. Cuando la alcanzas, la música del universo resuena en ti, una sensación a la que todos estamos llamados.

 

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