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Posts Tagged ‘mente creativa’

El tiempo es un recurso muy extraño, lo necesitamos para todo, no se puede recuperar ni reciclar, sólo aprovechar… y tiene un ritmo inefable hacia adelante, esférico, de bucle abierto: cada día empezamos todos con las mismas horas a nuestra disposición (24), a medianoche se nos agotan y al cabo de un segundo se nos vuelven a renovar automáticamente. Unos le sacan mayor partido y otros, en apariencia, menos. Esta es la reflexión, a grosso modo, a la que me invitó hace unos días mi querido amigo Miguel, hablando de la (auto)observación y del (auto)autoconocimiento. Tendríamos que averiguar cuál es nuestra relación con el tiempo, me dijo. Y ahí quedó la idea, dando vueltas por mi cabeza, entre chispazos neuronales.

Y como las cosas, para un mejor aprovechamiento, hay que estructurarlas un poco, ahí van los 2 temas que me gustaría compartir con vosotros, así sabréis si os merece el esfuerzo de seguir leyendo:

  1. Breve reflexión sobre la IV Jornada Técnica para el Avance de la Metodología en Intervención Social, dentro del marco de las Buenas Prácticas organizadas por Cruz Roja Española.
  2. Un paseo revelador por el parque del Retiro, la tarde del miércoles, al encuentro de Joaquín Araujo. La comunicación, la calma y el brío… o sobre cómo intento relacionarme con el tiempo.

1.

Me gusta llegar antes a los eventos y asistir a las charlas de otros. Creo que esta es una práctica muy habitual entre muchos de los facilitadores o formadores… nuestra curiosidad y ganas de aprender nos pueden. Fernando de la Riva  estuvo genial con su “Participación social 2.0 TICs y redes sociales para la inclusión”, invitando a las organizaciones a abrirse a los nuevos tiempos, a contribuir al cambio de paradigma social que estamos viviendo y a sumarse a las redes sociales y a las nuevas prácticas socio-tecnológicas. Le siguió David Díez Sánchez, de la Fundación Neuronilla, con sus “Estrategias para optimizar la creatividad en inclusión social”, que nos hizo pasar un rato muy interesante y divertido, desaprendiendo y aprendiendo entre dibujo y dibujo. Después del descanso les tocó el turno a Silvia R. Guarnieri, de la Escuela Europea de Coaching  y a Paula Farias, expresidenta de Médicos Sin Fronteras, con una reflexión muy interesante sobre “La Confianza como herramienta de desarrollo”. Destaco aquí la pregunta que una asistente realizó a Paula Farias (con relación a su experiencia en Chipindo, Angola): ¿Cómo haces para poder actuar en un lugar en el que mueren diariamente 30 niños de hambre, sin que eso te afecte? (En el preciso instante que vi la sorpresa en los ojos de Paula, otra pregunta se formó en mi mente ¿Y cómo nos lo montamos nosotros para poder actuar en un mundo en el que mueren de hambre alrededor de 25 mil niños al día, sin que eso nos afecte?)

Justo antes del descanso para la comida (íbamos con 30’ de retraso), llegó mi breve y briosa reflexión, invitando a observar los peligros de la (sobre)protección con “Amores k Matan”. Deseo agradecer, desde aquí, la excelente acogida y sintonía, alcanzada en tan sólo media hora, culminada en la gran emoción colectiva que desató el corto de Alejandro Correa Alzate, “La Soprano”.

En resumen: una mañana muy rica en descubrimientos, encuentros, intercambios e impresiones… y la total y absoluta confianza de que estas Jornadas sirven, y mucho, para mejorar continuamente las buenas prácticas y las intervenciones destinadas a facilitar la inclusión de los más desfavorecidos a una sociedad. Tenemos el vídeo de la ponencia en fase de producción. En cuanto esté listo, lo colgaremos en la web de noûs.

2.

Habíamos decidido liberarnos de compromisos y regalarnos una tarde paseando bajo las magníficas sombras del Parque del Retiro y para contemplar, de paso, Todos los Bosques del Mundo sin salir de él, a través de la exposición fotográfica, comisariada por nuestro -gracias a cómo se comparte- gran naturalista Joaquín Araujo.

Llegamos a sus puertas empapados de sudor, después del largo recorrido por La Castellana y Serrano. Justo en la entrada vimos unos guardas y preguntamos. Nada. Ninguna exposición fotográfica. Da igual, aprovecharemos las sombras y el frescor. Tiempo para vagar. Para no hacer nada. Para contemplar. El Retiro es un pulmón imponente que al principio respira como rugiendo, en ese constante pulsar de la ciudad que lo circunda… pero a medida que te adentras en sus entrañas, te alcanzan su calma y sosiego. Nos sentamos en una terraza en busca de algo fresco para tomar… y allí reflexionamos con más profundidad sobre el tiempo y de nuestra relación con él. Cuando pienso en estas cosas hay algo que casi siempre acude a mi mente: alternancia y ductilidad. Creo que nuestra relación con las cosas debe tender, siempre, hacia el máximo respeto y consideración, con lo que implica de atención al contexto, a la realidad que percibimos y a un montón de parámetros más. Así que, debe haber momentos para todo y hemos de ser suficientemente flexibles y dúctiles como para adaptarnos con facilidad y adecuarnos al entorno, con ternura y respeto. Momentos para el brío, la vehemencia, y para el exponer calmado, momentos para la meditación, para la reflexión, para ritmos desenfrenados y también para deambulares contemplativos. Somos nosotros los que debemos decidir cómo adaptarnos a cada situación, cómo relacionarnos con ella, con qué ritmo, con qué profundidad, con qué amplitud, con qué actitud, desde qué perspectiva…

Seguimos paseando, ahora ya mucho más reposados y, de repente, nos encontramos frente las inmensas fotografías de los Bosques del Mundo (¡así que estaban allí!). En una de las primeras imágenes, un imponente árbol, con sus raíces en el aire, y una reflexión de Joaquín Araujo sobre ese todo que forman ramas y raíces, me trasladan de nuevo a la alternancia, esta vez entre el Ethos (emisor, actor, que expresa o actúa) y el Pathos (paciente, receptor pasivo del otro o de lo otro)… Una bella forma metafórica para expresar, una vez más, la necesidad de alejarnos de nuestra tendencia a la disyunción y disgregación y encaminar nuestros pasos hacia una actitud más copulativa, integradora: somos tanto lo uno como lo otro y en cómo los (y nos) alternamos se halla uno de los quids de la cuestión. Y como hay que tener tiempo para todo, toca dar por terminada la reflexión de hoy y prepararme para un fantástico evento: el encuentro anual entre los italianos de la comarca de Osona… Un placer salpicado de risas y personas de excelente calidad. Un verdadero lujo: vamos p’allá!

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La audacia es una cualidad, es el empuje, el valor, el esfuerzo del ánimo, la determinación, la capacidad de resolución, la firmeza de carácter… Confucio, filósofo y místico chino, dice: “Conocer lo que es justo y no ejecutarlo, demuestra falta de valor, falta de audacia”. En realidad la persona audaz emprende acciones, que podrían parecer poco prudentes (a ojos de los que hayan considerado pocos parámetros), a partir de un análisis muy sereno de la realidad, de las posibilidades de conseguir un bien y de la percepción de sus riesgos, sus costes y posibilidades de acción. La audacia no tiene nada que  ver en tomar decisiones poco prudentes. La audacia llega después de un profundo  análisis de la situación y del contexto, de una seria reflexión sobre la cuestión, de una elección entre las posibles acciones y de la determinación de emprenderlas, a pesar de la dificultad que puedan comportar.

Es audaz el que toma una decisión, después de la debida reflexión, por difícil que resulte su realización. Es audaz el que, una vez balanceados los beneficios y los costes de una acción determinada, le emprende con entusiasmo y confianza. Lo es, también, quien -siempre luego de la reflexión y la ponderación- se lanza, a pesar de las dificultades entrevistas. La audacia es como un tipo de atrevimiento mesurado, en absoluto imprudente, para emprender acciones inteligentes a modo de apuesta, y que exigen un esfuerzo extra debido a la incertidumbre de los resultados. Todo esto me hace pensar que nos falta un poco -mucha- audacia en todos los aspectos que creemos que podrían funcionar mejor. Atreverse a hacer, a proponer, a mojarse, a meterse, a decidir, a ir más allá de lo establecido o considerado normal. Nuestra sociedad actual, en plena crisis de valores fundamentales, con esta visión superficial, adormida, acomodada y frívola de la realidad, pide un esfuerzo muy grande para salir de la mediocridad en la que estamos instalados. Pide audacia a gritos. La pide a los políticos, para que sean verdaderos ejecutores de programas destinados a mejorar la vida de aquellos que representan, con la premisa de que tendrán que considerarla toda -incluso la de los no nacidos- y no sólo ese ‘día a día’ lleno de soluciones para ‘salir del paso’ o para ganar las próximas elecciones. La pide a los emprendedores y empresarios, para que sean capaces de innovar y de aventurarse en las travesías del cambio. La pide a los artistas y creativos en general, para encontrar nuevas formas de atrapar le atención, para hacer llegar mensajes que transformen y enriquezcan a los receptores de sus expresiones artísticas. Nos la pide a nosotros, porque sin audacia difícilmente podremos emprender nuevas metas y objetivos.

La audacia nos permite ir más allá, evolucionar y mejorar. Entonces… ¿Cómo es que no somos audaces? ¿Por qué nos da tanto miedo dar el primer paso, a pesar de saber, después de tanta reflexión, que las cosas podrían ser mucho mejor si las hiciéramos de otra manera?

Esta mañana he recordado que hace unos años, después de las revueltas juveniles y la quema de coches, el gobierno francés se había propuesto enseñar qué era el respeto en las escuelas y que no habían encontrado la forma… ¿Qué nos pasa? ¿Cómo es que nos frenamos con tanta facilidad? ¿De qué tenemos miedo? ¿Qué nos impide tener una poco más de audacia y atrevernos con fórmulas innovadoras, más adecuadas al momento actual? ¿Tememos ser políticamente incorrectos? ¿Tememos más al qué dirán que a seguir empeorando las cosas?

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Lo confieso: cuando niña, era una auténtica devoradora de las fantasías más inverosímiles. Mis primeras lecturas fueron los cuentos de hadas, y me encantaban. Recuerdo desde las hadas de las nieves (¡las nórdicas!), siempre muy bondadosas, blancas y rubias, hasta las más asilvestradas y apasionadas, casi siempre meridionales. A medida que iba avanzando en comprensión lectora y en fantasía e imaginación, el nivel de exigencia de mis lecturas fue in crescendo, demandando héroes más cotidianos y gestas de aventureros y buscadores e investigadores de todo tipo… y así, hasta la fecha.

Desde que recuerdo, me gustan las personas luchadoras y las historias de superación. A ellas les debo, muy probablemente, este espíritu inquieto y curioso. ¿Los cuentos de hadas? Bueno, fueron fantásticos para poner en marcha todo el engranaje de la fantasía y la ilusión, de manera tan suave y edulcorada… pero nada que ver con las aventuras de los intrépidos aventureros, de las personas valientes, coherentes hasta la médula, que superaban con mucho ingenio y grandes dosis de humor las situaciones más inverosímiles e irreales. Éstas últimas son las que me forjaron, sin ninguna duda.

¿Y… qué tiene que ver todo esto con la envidia? Muy fácil. Mi pasión por la etimología de las palabras me llevó hace años a un sorprendente descubrimiento: envidia significa, en latín, invidere (no ver). La primera pregunta que acudió a mi mente en cuanto lo leí, fue ¿en qué es ciega la envidia? ¿Qué es lo que no ve la envidia? Lo que no ve la envidia es el trayecto. La envidia, en su ceguera, no ve el camino que hay que recorrer para llegar a unos determinados resultados; no se da cuenta del tiempo que hay que invertir ni de los esfuerzos que hay que emplear ni de las estrategias ni de los intentos y fracasos, de los desánimos, de los ‘no hay que rendirse, habrá que intentarlo una y otra vez hasta conseguirlo’… ni de todo lo que hay que sufrir para alcanzar lo que uno se propone.

La envidia ciega hasta el punto de hacer creer que o se nace dotado o no hay nada que hacer. El envidioso (al menos así me lo imagino cuando me dejo llevar por la fantasía), es una persona que nunca ha dejado de creer en los cuentos de hadas y está convencido de que unos fueron tocados con la varita de la estrella, dotándoles con los mejores dones, talentos y oportunidades para una vida llena de éxitos, y que otros pocos (ellos incluidos), tuvieron la mala fortuna de nacer un día en el que todas las hadas buenas, hermosas y rubias, estaban ocupadas… con lo que sólo les quedó la opción de las hadas malvadas, vengativas y rencorosas, también llamadas brujas, que les tocaron con el palo de su escoba.

Los envidiosos creen que hay personas que han nacido con estrella y otros que han nacido estrellados. Por eso no hay que desesperar con ellos: nunca es tarde para despertar, abrir los ojos y darnos cuenta de que somos los únicos responsables de todos y cada uno de nuestros actos, de que todo depende de nuestro empuje y de nuestra capacidad para aprovechar las oportunidades que nos presenta la vida -casi siempre en forma de adversidades- para que podamos seguir creciendo. La envidia nos hace observadores frustrados de la vida (¡queremos ser parte activa, pero nos frenan los miedos!).

Dicen que el nuestro es un país de envidiosos… no lo sé. Lo único que sé (creo) es que la envidia corroe al que la siente y hace que muchas personas no brillen como debieran… y eso, a veces, entristece…

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Época de cambios y convulsiones.

Los mercados financieros se agitan zarandeando el entorno empresarial, de la misma forma que la tierra nos sacude cuando un exceso de agua dulce presiona las placas tectónicas. Momento de fusiones, adquisiciones, reestructuraciones, reorganizaciones, recortes y, conviene recordarlo, momento también para miedos, incertidumbre, desconfianza, inseguridad… Cuando no existe cultura de adaptación al cambio, y nuestras empresas no la tienen, éste se vive mal. El ¿qué pasará conmigo? y todo lo que conlleva, se instala en nuestro interior y la motivación y el desempeño bajan en picado.

En épocas convulsas tendemos a ver las empresas como entornos problemáticos. ¿Qué ocurre si empezamos a verlas cómo espacios de posibilidades, como libros abiertos todavía por escribir? ¿Cómo nos iría si, en vez de resistirnos a la crisis, aceptáramos su aviso urgente de cambio? Toda resistencia implica sufrimiento añadido. ¿Para qué alargar más la agonía?

Retomemos la analogía de las placas tectónicas. Venimos de un modelo de aguas dulces: un sólido mundo hecho de helados, golosinas y vida fácil. Pero éste no es un mundo sostenible y ya ha empezado a derretirse, de la misma manera que lo hacen los polos, y al presionar en los puntos más frágiles, aquellos que -por excesos y desproporción- no encajan, se activa el efecto dominó que sacude al resto de la sociedad.

Los Entornos Apreciativos dan Vida a las Empresas

Los viejos modelos ya no funcionan, por falta de responsabilidad, de ecología social y por poco inteligentes. La buena noticia es que ahora es el momento de empoderarnos para los nuevos tiempos y ver a nuestras empresas y organizaciones como entornos de personas con gran potencial para el cambio. Ésta es la propuesta de los estudios científicos más sólidos sobre la transformación en las organizaciones: ha llegado el momento de empezar a dialogar y construir entre todos.

La Investigación Apreciativa de la Case Western Reserve University, creada hace tres décadas por David Cooperrider y Suresh Srivastava, es una de las mejores herramientas experimentadas para acometer grandes transformaciones, como las que se necesitan en los procesos de fusiones y adquisiciones.

A través de la IA (AI en inglés) podemos implicar desde pequeños grupos a unos cuantos miles, con una duración que puede ir desde unos días hasta un año. El proceso, que consta de cinco etapas -definir, descubrir, soñar, diseñar y vivir- hilvanadas a través de diálogos apreciativos, alcanza su punto álgido en la tercera fase, momento en que los participantes construyen una potente ancla motivacional en forma de sueño colectivo.

Al final de una Appreciative Inquiry las empresas están más vivas que nunca: llenas de personas motivadas y comprometidas, que interactúan y se interrelacionan desde y para la excelencia. Cuando las piezas encajan y concuerdan, la solidez y contundencia de la estructura fundamental queda fuera de toda duda, y sólo nos queda construir y crear a su alrededor, de forma colaborativa y con el máximo respeto hacia la sociedad que nos acoge.

Artículo (de Lourdes Tebé bajo licencia Creative Commons) publicado en la colección empresarial de julio 2010 (pág.67), por NA Magazine

un momento de la IA

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Una nueva colaboración con NA Magazine Donde están los Líderes… espero que lo disfrutéis!

 

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Gobiernos del Mundo Industrial, vosotros, cansados gigantes de carne y acero, vengo del Ciberespacio, el nuevo hogar de la Mente. En nombre del futuro, os pido en el pasado que nos dejéis en paz. No sois bienvenidos entre nosotros. No ejercéis ninguna soberanía sobre el lugar donde nos reunimos.

No hemos elegido ningún gobierno, ni pretendemos tenerlo, así que me dirijo a vosotros sin más autoridad que aquélla con la que la libertad siempre habla. Declaro el espacio social global que estamos construyendo independiente por naturaleza de las tiranías que estáis buscando imponernos. No tenéis ningún derecho moral a gobernarnos ni poseéis métodos para hacernos cumplir vuestra ley que debamos temer verdaderamente.

Los gobiernos derivan sus justos poderes del consentimiento de los que son gobernados. No habéis pedido ni recibido el nuestro. No os hemos invitado. No nos conocéis, ni conocéis nuestro mundo. El Ciberespacio no se halla dentro de vuestras fronteras. No penséis que podéis construirlo, como si fuera un proyecto público de construcción. No podéis. Es un acto natural que crece de nuestras acciones colectivas.

No os habéis unido a nuestra gran conversación colectiva, ni creasteis la riqueza de nuestros mercados. No conocéis nuestra cultura, nuestra ética, o los códigos no escritos que ya proporcionan a nuestra sociedad más orden que el que podría obtenerse por cualquiera de vuestras imposiciones.

Proclamáis que hay problemas entre nosotros que necesitáis resolver. Usáis esto como una excusa para invadir nuestros límites. Muchos de estos problemas no existen. Donde haya verdaderos conflictos, donde haya errores, los identificaremos y resolveremos por nuestros propios medios. Estamos creando nuestro propio Contrato Social. Esta autoridad se creará según las condiciones de nuestro mundo, no del vuestro. Nuestro mundo es diferente.

El Ciberespacio está formado por transacciones, relaciones, y pensamiento en sí mismo, que se extiende como una quieta ola en la telaraña de nuestras comunicaciones. Nuestro mundo está a la vez en todas partes y en ninguna parte, pero no está donde viven los cuerpos.

Estamos creando un mundo en el que todos pueden entrar, sin privilegios o prejuicios debidos a la raza, el poder económico, la fuerza militar, o el lugar de nacimiento.

Estamos creando un mundo donde cualquiera, en cualquier sitio, puede expresar sus creencias, sin importar lo singulares que sean, sin miedo a ser coaccionado al silencio o el conformismo.

Vuestros conceptos legales sobre propiedad, expresión, identidad, movimiento y contexto no se aplican a nosotros. Se basan en la materia. Aquí no hay materia.

Nuestras identidades no tienen cuerpo, así que, a diferencia de vosotros, no podemos obtener orden por coacción física. Creemos que nuestra autoridad emanará de la moral, de un progresista interés propio, y del bien común. Nuestras identidades pueden distribuirse a través de muchas jurisdicciones. La única ley que todas nuestras culturas reconocerían es la Regla Dorada. Esperamos poder construir nuestras soluciones particulares sobre esa base. Pero no podemos aceptar las soluciones que estáis tratando de imponer.

En Estados Unidos hoy habéis creado una ley, el Acta de Reforma de las Telecomunicaciones, que repudia vuestra propia Constitución e insulta los sueños de Jefferson, Washington, Mill, Madison, DeToqueville y Brandeis. Estos sueños deben renacer ahora en nosotros.

Os atemorizan vuestros propios hijos, ya que ellos son nativos en un mundo donde vosotros siempre seréis inmigrantes. Como les teméis, encomendáis a vuestra burocracia las responsabilidades paternas a las que cobardemente no podéis enfrentaros. En nuestro mundo, todos los sentimientos y expresiones de humanidad, de las más viles a las más angelicales, son parte de un todo único, la conversación global de bits. No podemos separar el aire que asfixia de aquél sobre el que las alas baten.

En China, Alemania, Francia, Rusia, Singapur, Italia y los Estados Unidos estáis intentando rechazar el virus de la libertad erigiendo puestos de guardia en las fronteras del Ciberespacio. Puede que impidan el contagio durante un pequeño tiempo, pero no funcionarán en un mundo que pronto será cubierto por los medios que transmiten bits.

Vuestras cada vez más obsoletas industrias de la información se perpetuarían a sí mismas proponiendo leyes, en América y en cualquier parte, que reclamen su posesión de la palabra por todo el mundo. Estas leyes declararían que las ideas son otro producto industrial, menos noble que el hierro oxidado. En nuestro mundo, sea lo que sea lo que la mente humana pueda crear puede ser reproducido y distribuido infinitamente sin ningún coste. El trasvase global de pensamiento ya no necesita ser realizado por vuestras fábricas.

Estas medidas cada vez más hostiles y colonialistas nos colocan en la misma situación en la que estuvieron aquellos amantes de la libertad y la autodeterminación que tuvieron que luchar contra la autoridad de un poder lejano e ignorante. Debemos declarar nuestros “yos” virtuales inmunes a vuestra soberanía, aunque continuemos consintiendo vuestro poder sobre nuestros cuerpos. Nos extenderemos a través del planeta para que nadie pueda encarcelar nuestros pensamientos.

Crearemos una civilización de la Mente en el Ciberespacio. Que sea más humana y hermosa que el mundo que vuestros gobiernos han creado antes.

Por John Perry Barlow, Davos, Suiza. 8 de febrero de 1996

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Me adhiero completamente a esta Declaración de Independencia…


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Si yo encontrara la estrella que me guiara, yo la metería muy dentro de mi pecho y la veneraría… si encontrara la estrella que en el camino me alumbrara
Como relámpago de fuego fuiste que en mi sentimiento entraste dejaste encendido el fuego y entre llamas me dejaste
Estrella, llévame a un mundo con mas verdades, con menos odios, con mas clemencias y mas piedades… romperemos las nubes negras que nos engañan, que nos acechan…
abriremos un mundo nuevo , sin fusiles ni veneno
Si yo encontrara… Estrella, si te encontrara, me darías tu la fuerza, que necesito pa vivir
en este mundo de confusiones, de misiles y de motores
O tal vez me llevarías por camino y por montes, donde tu alumbras campos de amores
campos de nubes y corazones. Si yo encontrara…

Os invito a ver el vídeo, aunque requiera de un click más por culpa de un desfasado proteccionismo a la propiedad intelectual… Vale la pena y el esfuerzo entrar en You Tube y deleitarse con su Arte…

Gracias Maestro por tu saber ser/estar/hacer…

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