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Posts Tagged ‘Maslow’

Este es un tema sobre el que hace tiempo quería escribir… y, como acostumbra a suceder, las circunstancias se han encargado de cerrar el círculo en estos últimos días. Lo que en su inicio era una idea borrosa, ahora tiene sus contornos más definidos de manera que ya puedo distinguir las formas, con sus luces y sus sombras.
Quería cumplir mi amenaza y continuar el post dedicado a explicar la Pirámide de Maslow, que escribí con cierta sorna. Seguir allí donde me había quedado, en la búsqueda hacia la autorrealización. Pero ya no tengo ganas de escribir para políticos. Me cansan, desaniman, agotan… y no deseo malgastar mi energía en ello. Me interesan mucho más las personas, nosotros, los oprimidos hasta la estrangulación por un sistema del que, paradójicamente y desde la complejidad, somos nada, parte y todo. De manera que, si bien este post viene a continuación del citado, intentaré que sea como un sano ejercicio de compartir aquello que he sido capaz de descubrir y entender a lo largo de este camino de búsqueda y aprendizaje en el que todavía sigo.
Imagino que más de uno habrá interpretado el título como “Búsqueda contra/frente Comprensión”. A pesar de que generalmente le damos el uso contrario Versus significa ‘ir hacia’… y siento un gran placer cuando puedo elegirla, porque evoca o llama a entregar(se), verter(se)… y se define ella sola, como las grandes palabras/concepto, con innumerable cantidad de matices.
Lo que en un principio Maslow definía en su jerarquía de las necesidades como autorrealización, fue posteriormente desarrollado por él mismo (en “La Personalidad Creadora”) y ampliado hacia la necesidad de comprender el mundo, a nosotros, a los otros, a lo que nos rodea, a la búsqueda hacia el saber, entender y comprendernos. No hay más. Solo el camino que nos lleva a ello y que nunca abandonaremos. Casi todo lo demás es mentira. Este es el más alto nivel según la jerarquía de Maslow . De esta manera, Maslow hablaba de personas autorrealizadoras, como las que son a través de esta búsqueda. Es el mayor nivel de exigencia y es un camino que, además de tener grados o niveles, es complicado, abrupto, conlleva sufrimiento y, debido a ello, resulta muy poco transitado.
Esta era la idea borrosa de la que os hablaba al principio, y tiene mucho que ver con la cruda realidad y con el bombardeo memético de los últimos años relacionado con la búsqueda de la felicidad que intentan inculcarnos con mensajes positivos a todas horas. No digo que no esté de acuerdo con alguna de estas miles de citas o aforismas que circulan por las redes —sin olvidar nunca que “del dicho al hecho hay un enorme trecho”—, lo que intento decir es que debemos ser conscientes para ver y comprender la gran mentira que subyace detrás de esta tremenda campaña propagandística, por un lado, y del peligro que corremos creyendo que por el mero hecho de compartir, haciendo nuestra una sentencia breve, maravillosa y con tono doctrinal, vayamos a brillar y a impregnarnos de su glamour.
Nos quieren cómodos y anestesiados ante un falso “preciosismo”, que solo abona terreno para el engorde de nuestros egos. Mensajes del tipo “porque yo lo valgo” pueden hacer sentir mucho peor a alguien que ya lo está pasando muy mal y que sufra por doble motivo: por el dolor de tener que vivir un momento de dificultad (debido a causas económicas o laborales, de pérdida, enfermedad, incapacidad, miedos, inseguridad, estrés…) y por la idea/pensamiento de injusticia que se genera cuando creemos que debería irnos de otra manera si hiciéramos lo correcto. “¿Por qué a mí?, ¿qué he hecho yo para merecer esto?, ¿qué estoy haciendo mal, que todo me sale del revés?”.
Me ha costado casi una vida entera darme cuenta (“tempora tempore tempera“, decían los latinos: atempera los tiempos con el tiempo), comprender la magnitud de la búsqueda y aceptar el interrogante como principio y fin de todas las cosas.
La búsqueda resquebraja, divide, fracciona, rompe… así como también une, suma, completa, construye… La búsqueda es generadora de dolor y sufrimiento y, de la misma forma, generadora de placer, felicidad y ataraxia. En la búsqueda, como en tantos otros conceptos, se hallan incluidos los extremos u opuestos y, para llegar a buen fin, hay que acometerla siguiendo el compás de la alternancia: ahora mucho esfuerzo, lucha, incomprensión, entrega incondicional, sufrimiento… luego descanso, paz, comprensión, serenidad…
bearwalkingAcostumbro a definirme como ciudadana y eterna aprendiz, lo que también significa buscadora tenaz. Muchos años de búsqueda, sí, y mucho sufrimiento negado con risas, optimismo y buen humor hasta que al fin descubres que no hay nada que negar y sí, en cambio, mucho por reivindicar: miedos, dudas, lágrimas, cada uno de los dolores y sufrimientos del alma, decaimientos, tropiezos, desánimos… puesto que todos ellos han sido los peldaños de esa escalera que llamamos vida. Una escalera de caracol herrumbrosa, colgada de un risco, que puede que además de algún que otro susto nos regale también (en presente) grandes momentos de belleza, lucidez e imperturbabilidad… aunque luego se desvanezcan al continuar apostando por el límite, por la razón fronteriza y por la incomodidad del lecho de clavos (somos un poco faquires, sí).
Es probable que algunas veces sea la propia vida y nuestras circunstancias las que nos coloquen en la senda de los buscadores, que no la hayamos elegido del todo y que haya sido nuestra forma de afrontar situaciones, las más duras y extremas, las que exigen grandes esfuerzos y mucha lucha para superarlas, lo que nos haya llevado allí.
La aceptación incondicional, que podemos entrenar mediante una actitud epoché , y el cultivo de la duda constante para intentar comprender y comprendernos, así, en fraternal alternancia, serán nuestras mejores aliadas. Porque los buscadores somos gente rara, más cercana a los lobos esteparios que al ruido mundano. Gustamos de conversaciones profundas, de momentos ociosos de contemplación, soledad, aventuras arriesgadas y, en definitiva, de una vida alejada de los estándares y de la comodidad. Buscamos comprender a través del resplandor de la belleza, del brillo que emite la conformidad de las partes que forman este todo, del que también somos parte, e indagamos sumergidos en el caos a la espera de la emergencia de nuevas estructuras que disipen las sombras, conscientes de que no lo conseguiremos.
Leemos, investigamos, dudamos, apostamos… sin creer en nada, para comprender el todo. Y ahí radica nuestra fuerza: el espíritu del buscador no se contentará ni se asentará en esa tierra prometida llamada felicidad. El espíritu del buscador vaga errante, cual nómada en busca de una fértil comprensión, sin pausa ni descanso… lo que ciertamente nos convierte en un ser suficientemente indómito como para no creernos los discursos de quienes nos prometen una vida/mundo mejor. Estamos lejos, muy lejos, de esta promesa. Primero necesitamos conocer, comprender, aprehender, darnos cuenta, ser conscientes y actuar en consecuencia. ¿Qué para ello todavía faltan eones? Seguro que sí y, precisamente por ello, vamos a seguir… sin prisa aunque sin pausa.
Así que disculpen que no aplauda ni comulgue con las miles de fórmulas y recetas mágicas —tan prolíficas en las redes y en muchos de los cursos que se imparten— que nos intentan vender en pos de una falsa felicidad. La vida de los buscadores es una vida de sufrimiento, de caídas, de golpes, encuentros… ¿Optimismo? El que necesitemos para levantarnos después de cada tropiezo o decepción y poder hacerlo con nuevos empujes. ¿Felicidad? La que precisemos, ni más ni menos, y prudentemente administrada en dosis homeopáticas para no caer en manos de los que pretenden que nos durmamos cómodamente en el sillón haciéndonos creer que no hay nada que comprender. Y es que, como dicen que dijo Sócrates, “solo existe un bien: el conocimiento; solo existe un mal: la ignorancia”.
No son buenos momentos para nuestro planeta ni para sus habitantes, todos. Y es por ello me reivindico inquieta, rebelde y eterna buscadora…

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Señores gobernantes,

Les imagino con la suficiente sutileza como para apreciar la frialdad del saludo. No hay más, ya ni siquiera queda para ánimos caldeados, sólo el cansancio de una vida que alcanza su recta final sintiendo que hemos fallado, que nuestra generación ha errado en objetivos, modelos, estrategias… y que, en vez de arreglarlo, lo vamos complicando cada día más, unas veces debido a la inacción y otras debidas a orientaciones y decisiones equivocadas.

Como mi intención con esta misiva es la de expresar mi opinión sobre el daño que realizan sistemáticamente bombardeando las bases de la Pirámide de A. H. Maslow y dado que la misma es un referente humanístico ─aunque, por desgracia y con mucha frecuencia, mal comprendido─ en todas las Universidades y Escuelas de Negocio que se precien, considero como un derecho/obligación ofrecerles unas humildes herramientas cognitivas que les permitan comprender el alcance y las consecuencias a las que, sin ser plenamente conscientes, nos precipitan sus incontables e innombrables desatinos.

PiramideMaslow2 Esta que ven ahí, es una de las posibles ─van por millones─ versiones que se conocen de dicha pirámide. Y no, no se encuentra en Egipto. Es fruto de una vida, la de Abraham H. Maslow, dedicada al estudio de la psicología humana en el que clasificó y jerarquizó[1], a mediados del siglo pasado, las necesidades fundamentales de las personas y que, curiosamente, coinciden con las llamadas “motivaciones” humanas.

La pirámide, como todas, va de la base al vértice. En la imagen superior, vemos que justo en el primer tramo/nivel/grado de las necesidades llamadas básicas ─sin las que resulta casi imposible conseguir algún tipo de sociedad organizada─ se hallan las relacionadas con una alimentación adecuada, una casa para cobijarse, salud para contribuir a la comunidad con nuestro trabajo y, de vez en cuando, un poco de sexo para el desahogo.

Necesidades A) de Alimento / Cobijo / Salud / Sexo

No me dirán que ignoran lo que ocurre en las calles: cada vez más personas buscando restos de comida en los contenedores de basura; colas más largas en los bancos de alimentos; aumento de la malnutrición y profesores comprando ─de su bolsillo─ bocadillos para evitar y aliviar más de un desmayo en clase…

Esta era, hasta anteayer, la franja o el tramo intocable: lo mínimo que había que procurar que nunca faltara. Pero ya no. Y no contentos con dejar de cubrir esta necesidad básica, la del alimento, arremeten contra otra de las grandes necesidades de la humanidad ─un lugar donde cobijarse─, haciendo la corte a reyecillos de organizaciones empresariales y financieras, los gobernadores de turno, y dejando a miles de familias abandonadas en la calle. ¿No se dan cuenta de que tocando estos puntos tan esenciales en las necesidades humanas se arriesgan ustedes a una rebelión en masa?

Fíjense en la base de este primer tramo y en la proporción con respecto al vértice. Esa actitud de búsqueda y tendencia a la autorrealización, tan perseguida y denostada por décadas, era contra cuatro lobos solitarios y poco más, pero éstos… éstos son un montón y con sus leyes y decretos se los están cargando a todos, los están matando ─literalmente─ de hambre, de frío, de pena… y sin demasiadas posibilidades de curación, desmantelando como están, también, el sistema sanitario: otro al que han dejado sin recursos ─no tenían bastante con lo anterior, no─ y en manos de los peores gestores posibles.

Una base enfurecida se remueve y puede con los cimientos ─y más cuando son tan frágiles como los valores que actualmente les sustentan a ustedes─. Imagínense la situación que se puede generar cuando a la gran mayoría de nuestra sociedad del bienestar se le retira lo más básico. Las decisiones/proyectos/leyes que han urdido, que han promovido y firmado, son las causantes de este desatino. La base más amplia a la que había que proteger para contar con su respaldo y acceder al poder, está siendo desatendida y se está enfureciendo ¿Los escuchan?

Cuando la base se resquebraja y se rompe, la gente sufre, sufre mucho y enferma. A este nivel enferman los cuerpos y las mentes se perturban… Muchos fueron los que el sistema capitalista/liberal consiguió meter en su ciclo básico, muchos han seguido el ritmo y las pautas, ordenados y sincronizados, sin apenas voces disonantes… ahora, en cambio hay mucha gente digna, muy indignada, vociferando… todos afinados hacia un objetivo común: ¡NO NOS TOQUÉIS LAS NECESIDADES BÁSICAS! (que ya ni ánimo pa’ sexo nos queda, oigan).

Necesidades B) de Seguridad / Confianza

Subamos al siguiente tramo de la jerarquía (sin olvidar que descuidando las anteriores necesidades/motivaciones lo que están consiguiendo es que la gente enferme y haga cosas o tenga síntomas cada vez más anormales) y veamos el siguiente grupo de necesidades humanas, las que corresponden a la seguridad y a la confianza, las también llamadas de conservación.

A este grupo también corresponde una gran masa crítica, como podrán comprobar en el gráfico anterior; y ─aunque siempre ha costado un poco más de definir─ tengo malas noticias para ustedes: existe un elevado consenso en que este nivel de la jerarquía trata sobre la conservación de todas las necesidades conseguidas en el tramo anterior: seguridad, estabilidad, tranquilidad, confianza en que las cosas irán bien y no faltará la comida, la casa, el trabajo, la salud, la pareja… ¡Oh, sí! En este grupo de necesidades también están, de nuevo, las relacionadas con el sexo; solo que, en este caso, yendo más allá del puro desahogo y, con un pelín más de sofisticación, hacia una pareja estable con la que hacer camino y poder tener hijos para la descendencia…

Vamos a intentar sintetizar los dos primeros tramos agrupándolos en uno solo: necesidades básicas; conseguirlas, en el primer tramo; asegurarlas y garantizarlas, en el segundo.

Se han cargado así, de cuajo ─y siguen haciéndolo tan tranquilos─, la necesidad de seguridad y confianza en el que sistema no nos abandonará, han fallado a sus bases, les han quitado lo más básico eliminando derechos humanos fundamentales que habíamos tardado siglos en conseguir. Y lo han hecho desde la soberbia que solo el ignorante exhibe.

Necesidades C) de Afecto / Pertenencia

Sigamos, que todavía queda un trecho, sin olvidar que los pilares de la base están rompiéndose en mil pedazos que saltan en direcciones imprevisibles. El siguiente tramo difiere un poco de los anteriores, aunque sigue estando muy ligado a ellos, puesto que tiene que ver con la autoestima ─imprescindible valorarse uno mismo primero; siempre en la justa medida: ni más ni menos─, para que los demás puedan valorarnos y seamos capaces de reconocer su valoración y afecto, y con sentirse parte de algo digno, de pertenecer a un grupo que nos valora y nos quiere.

No se dejen engañar por el menor tamaño de este tramo, puede que abarque menos, pero tiene la toda fuerza de los gradientes. Su gracia radica en que, al menos, encierra otra jerarquía: familia, fronteras geopolíticas varias, comunidades de intereses, filiaciones de distintos credos y colores, afinidades culturales… pudiendo incluso ir más allá de los conceptos nación y raza.

Las personas necesitamos sentir que valemos, nos motiva saber que somos útiles, dignas… por una parte, y que lo hacemos para el bien del colectivo al que pertenecemos, por otra. Cuando perdemos el trabajo, la casa, la posibilidad de comprar alimentos, la salud y las ganas de sexo, la autoestima cae por los suelos y los egos se disparan, con lo que puede ocurrir cualquier cosa. Es una advertencia realizada con la mejor de las intenciones, para que luego no digan que les hemos dejado solos ante la debacle: ¿nos escuchan? ¿Oyen lo que les estamos diciendo?

Cuando un pueblo pierde la confianza y se siente desamparado e inseguro, se derrumba, pierde su capacidad de aprecio, valoración, respeto… en definitiva, pierde la orientación y va a la deriva.

Necesidades D) de Reconocimiento / Prestigio

¡Ah… este tramo de las necesidades/motivaciones sí que lo tienen, todos ustedes, muy por la mano, aunque parten de un ligero malentendido que, como las alas de la mariposa caribeña, ha ocasionado grandes tifones, y no solo en Japón: cuando hablaba de este grupo, Maslow se refería a la necesidad del trabajo bien realizado, de calidad y bondad en nuestras obras, acciones y comportamientos. Hacer bien lo que hago, por respeto a mí mismo y por respeto a los demás.

¿Y cómo se manifiesta esta calidad y respeto? A través del propio reconocimiento, valoración, etcétera, descubierto en el esfuerzo por los estudios, aprendizajes, interés, necesidad de experimentación… y a través de valoración y méritos otorgados por los demás como reconocimiento de lo conseguido.

Ahora bien, cuando lo que se premia y favorece es justo lo contrario a lo que entendemos como necesidades fundamentales, cuando se tuerce la fuerza télica o evolutiva distorsionando valores ─fundamentales─ como el de la equidad, imprescindible en la organización de cualquier comunidad. Cuando lo que se premia no es el mérito, el trabajo, el esfuerzo, las habilidades… sino el hecho de “ser hijo/padre/cuñado/primo/amigo de…”, todo está perdido y ya no queda más: ni siquiera para caldear los ánimos. 

Así que, ¿para qué ir al tramo de la E? ¿Para qué abordar el tema de la búsqueda hacia la autorrealización, cuando solo incumbe a cuatro lobos y a algún que otro gato asilvestrado y huraño…?

Llevo casi cuatro páginas, así que me detengo aquí. Aunque como el tema da para mucho más, amenazo con continuar y hacerlo a partir del punto en el que lo he dejado. Les dejo un tiempo para que vayan reflexionando sobre las graves consecuencias de todo lo expuesto, en directa proporción a los desagravios que infieren a quienes deberían estar sirviendo desde el privilegio que otorga la honradez.

 

Atentamente

Lourdes Tebé


[1] El propio Maslow desmontó, hacia los últimos años de su vida, dicha jerarquía. Aunque este asunto lo tocaremos en otro post.

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