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Posts Tagged ‘liderazgo’

“El nacimiento del lenguaje fue al mismo tiempo el nacimiento de la Humanidad. Cada palabra era el equivalente fonético de una experiencia, de un acontecimiento, de un estímulo, interior o exterior. Un potente esfuerzo y una experiencia creadora estaban incluidos en esta formación de sonidos que debió escucharse a lo largo de largos períodos y gracias a la cual  el homínido llegó a elevarse por encima de sí mismo”  (Lama Anagarika Govinda[1])

Hace unos días, en esos giros que a veces toman las conversaciones, me encontré hablando por teléfono con un amigo de la gran importancia que tiene disponer de una palabra para nombrar las cosas. Permitidme un poco de cronología para ver cómo llegamos allí. Hablábamos de un amigo común que acababa de empezar una nueva andadura profesional, después de un proceso de selección de casi 4 meses y le explicaba cómo la empresa, una importante multinacional que había iniciado su búsqueda entre los miles de colaboradores que tiene en nuestro país, había tenido que desistir de encontrar entre sus propias filas el perfil idóneo para el puesto, externalizando la búsqueda del candidato.

Luego la conversación prosiguió por el perfil requerido: una persona joven, treinta y tantos, bien preparada, con experiencia en puestos de responsabilidad y, lo más importante, con suficientes habilidades soft  para poder liderar a un equipo de más de 250 personas y dar un impulso a la zona. Los responsables del proceso de selección, ingleses, le comentaron las dificultades que tienen para encontrar personas con este tipo de habilidades en nuestro país y que esta era la causa de que los resultados en España fueran más bajos que en el resto de países en los que lideran el mercado.

Así, nos encontramos de lleno con el concepto “Soft Skills” o Habilidades Soft y hablando del lenguaje que usamos y de cómo éste configura la realidad llenándola de sentido. ¿Nos hemos preguntado alguna vez por qué la lengua española tiene tan pocas palabras que aludan y nombren las nuevas prácticas, habilidades y competencias empresariales? De entrada, si aquello que no sabemos nombrar no existe en nuestro particular universo ¿Cómo haremos para que los empresarios y directivos de nuestras empresas entiendan que las cosas están cambiando y que se requieren nuevas formas y modos de gestión y liderazgo?

Y cómo una cosa lleva a la otra, nos pusimos a comentar las dificultades para hallar la palabra, el título, que nombre y muestre -con claridad- la idea, concepto y contenido de un proceso formativo que estamos diseñando desde Noûs, para Barcelona y Madrid. Lo estamos quemando todo,  le dije, nos estamos cargando los nombres y los conceptos, banalizándolos, vulgarizándolos, despojándolos de su potencia, de su fuerza y belleza y de su capacidad para mostrar, nombrando. ¿Cómo vamos a llamarlo? ¿Autoliderazgo? ¿Liderazgo Interior? ¿Autoliderazgo Ético? ¿Desarrollo Personal? ¿Desarrollo Humano? ¿Los 5, 7 ó 12 Pilares/Hábitos/Saberes del Ser altamente eficaz? ¿Autocoaching? ¿El Coach Interior? ¿Cómo hacer para diferenciarnos un poco de esta corriente banalizadora del desarrollo personal o humano?

De repente lo vi claro, como en muchas de las ocasiones que hablo con Miguel: había que volver a la fuente, acercarnos a la raíz… ¿Y por qué no Habilidades Soft? Casi nunca se habla de ellas y están justo en la base. Imagino que, en parte, será debido a que la traducción ‘blandas’ o ‘suaves’ no muestran el concepto o la idea que pretendemos. Pues nada, no se traduce y se deja tal cual. De la misma manera que hemos incorporado el software en nuestras vidas digitalizadas, integraremos también la idea de las Soft Skills o habilidades blandas, llamadas así por su carácter adaptativo, porque son moldeables, modelables y en absoluto rígidas.

Tenemos habilidades duras (hard) o técnicas, que son las que, aprendidas en escuelas y universidades, nos permiten realizar la parte técnica de la profesión y están las habilidades suaves (soft), que son las que necesitamos para todo -como el agua- y las que nos permiten realizar la parte humana de la profesión. Son como el hardware y el software de un ordenador, el uno sin el otro no pueden funcionar. Pero, mira por donde, en este país somos un poco más orgullosos que en el resto. Nosotros no necesitamos de esas cosas. Son tonterías de los anglosajones que están un poco zumbados… y así nos va.

Ingenieros, médicos, profesores, técnicos de todo tipo, profesionales altamente capacitados para las tareas técnicas de su trabajo y con poquísimas habilidades y competencias, mal llamadas, sociales. ¿Por qué mal llamadas? Porque no pertenecen sólo al ámbito social o interpersonal, sino que -sobre todo- tienen que ver con el ámbito intrapersonal y no son únicamente fruto de la experiencia o de la herencia genética, sino que se pueden/deben aprender, además de practicar y entrenar.

Pero mejor ver unas cuantas Habilidades Soft para tener más claros los conceptos de los que hablamos:

autoconocimiento,

autotelia,

autonomía,

autoliderazgo,

coherencia,

integridad,

capacidad de atención y de escucha,

autorregulación,

interés,

curiosidad,

autenticidad,

responsabilidad personal y social,

capacidad de reflexión,

gestión del ego, de las emociones y del estrés,

proactividad,

pasión,

motivación intrínseca,

lógica divergente,

humildad,

aprendizaje continuo,

empatía,

actitud epoché,

comunicación (valorativa, dialogante, generadora de ‘conversaciones’),

capacidad de síntesis y de argumentación,

gestión del tiempo,

confianza,

respeto y consideración,

flexibilidad,

capacidad de adaptación,

relativización,

gestión de las ‘ilusiones’,

prevención y gestión de conflictos,

visión sistémica,

pensamiento crítico,

pensamiento complejo,

capacidad estratégica,

cooperación ,

actitud colaborativa,

mente ética,

autodisciplina,

creatividad,

elegancia,

altos valores y virtudes…

Uno puede ser muy bueno en la parte técnica de su profesión, pero si no sabe cómo comunicarse con sus colaboradores o no sabe cómo motivarse o cómo ilusionarse o cómo escuchar… acabará siendo un pésimo profesional, por muy bueno que sea técnicamente. Las habilidades soft son adaptativas y nos permiten ir más allá de la aptitud hasta abrazar -también- la actitud… y en su desarrollo no encontramos más que beneficios.

¡Qué importante resulta tener palabras para nombrar las cosas! ¡Finalmente podremos diseñar el proceso formativo que tanto nos ilusionaba y empezar a decir las cosas por su nombre! ¡Mil gracias Miguel!

Si te ha gustado este post y quieres hacer algún comentario, ya sabes… como en casa…


[1] Lama Anagarika Govinda es Ernst Hoffman, 1898-1985 (Foundations of Tibetan Mysticism,1959, p10 [mod])

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En un claro intento de ir abriendo mi ventana pública/privada, interrelacionando mundos y superando timideces… Os dejo con el enlace de la ponencia “Amores k Matan“, que tuvo lugar el pasado 15 de junio en el paraninfo del Instituto Internacional (tuve el inmenso honor de estar en un escenario pisado, en su época, por García Lorca), en Madrid, organizado por la Cruz Roja Española, en el marco de las IV Jornada Técnica para el Avance de la Metodología en Intervención Social y las Buenas Prácticas. Y, sí, pasé mucho calor, en parte debida a la cálida acogida de todos los asistentes. ¡Mil gracias a todos!

¿Que pensáis en relación al proteccionismo que, frecuentemente, confundimos por amor? Te invitamos a expresar tu opinión…

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Hace poco leí (¡qué error no haber apuntado nombre y lugar!), en un interesante artículo sobre el liderazgo, que habría que encontrar la manera de poder expresarnos y percibirnos más como personas que como profesionales… o algo parecido. Recuerdo que emití un callado y sentido “¡bravo!” que resonó por todo el cerebro (cito desde mi desgastada memoria y más desde la interpretación/sensación, que de lo leído): acostumbramos a comunicarnos desde la profesionalidad -en donde esto no se pone así o de eso no se habla nunca…- y evitamos hacerlo desde la privacidad. Ignoro las razones por las que la ventana privada sea un tema tabú. ¿Podrían ser ecos de aquello de que “tu vida privada no interesa a nadie”? Con ello me monto una hipótesis, una elucubración de las mías. Al adoptar el papel de censor (eso no se pone, de eso no se habla…), estamos mostrándonos con una falsa racionalidad (el hemisferio izquierdo): omitimos lo emotivo (¡wala, que sonoridad: omitimos lo emotivo!) y ocultamos lo privado, una de las partes más importantes de nuestro contexto y que mejor nos explican y nos muestran. Me encanta que la persona se muestre. Me fascina compartir trozos de vidas y experiencias de otros. Mis especulares se frotan las manos cada vez que un alma generosa abre su ventana privada. Ahí es donde podemos completar -más o menos- a la persona. No basta con conocer sólo al profesional -a mí por lo menos- necesitamos conocer a la persona, saber cómo piensa, cómo siente, cómo actúa, conocer las experiencias que más le han marcado, cómo las ha superado… Reconozco que mi curiosidad es casi insaciable (¡peor que un gato!), pero compartir conocimientos no me basta para tejer esa enorme red de interrelaciones e interacciones… me faltan los componentes más íntimos, para construir una realidad  -a mi modo de ver- más completa. Así que hoy toca compartir ventana privada, como muy bien habéis intuido. Pero vayamos a la noche memorable, que me voy por las ramas, as usual.

Noche memorable...

foto de Anto

El miércoles tuve que ir a Barcelona por diversos asuntos y aproveché para verme con algunos hijos y la nieta, Sofía, de siete años. Mi hija mayor, que me conoce muy bien y sabe que me encantan las cosas fuera de lugar (y del poco tiempo del que dispongo), organizó una cena/noche en su casa y se lo montó para que la niña y yo compartiéramos cama. Tanto Sofía como yo estábamos emocionadas. Después de unos segundos jugando con las luces nos quedamos a oscuras: yo, de lado, acurrucada junto a ella y ella mirando al techo, estirada, con los brazos fuera. Empezamos hablando de la ilusión que nos hacía, del poco tiempo que teníamos para vernos, de que habría que empezar a hacerlo a través del Skype, me contó que ya lo había hecho con su otra abuela, que está en Colombia… y -de repente- me pregunta: “¿y tú de qué trabajas, iaia? ¿qué haces, a qué te dedicas?”. Y le expliqué lo que hacemos los facilitadores de la mejor manera que fui capaz. Sofía salpicaba la conversación con preguntas, gestos y expresiones de sorpresa. Estaba dentro. Preguntaba hasta el más mínimo detalle. Cuando terminábamos un tema íbamos a por otro. “¿Cuáles son las cosas que más te gusta hacer, cuál ha sido tu mejor momento, haciendo qué?”, “¿Cuál ha sido el momento en el que peor te has sentido?” (el suyo, por cierto, divertidísimo), “¿Te gusta leer?” Ahí me confirmó, una vez más, la idea de que no siempre los autores están a la altura de los niños. Hablamos, también, de los sueños, de las metas, de que podemos conseguir casi todo lo que nos proponemos si somos luchadores, nos capacitamos e insistimos (allí ella lanzaba sus puños al aire).

Imagino que llegados ahí, os preguntaréis -con razón- qué hay de memorable en todo esto tan cotidiano. Ahí va: sus ojos, sus enormes ojos color castaña mirándome en la oscuridad, acurrucadas, una frente a otra; sus onomatopeyas, sus expresiones, sus preguntas inquisitivas, siempre con sus feedbacks (“eso lo entiendo”) marcando el tempo, el flujo y el ritmo de la conversación; la comunión alcanzada a través de la atención (algo que, con los niños en general, sucede muy pocas veces: enseguida se cansan de las conversaciones con adultos), el silencio, los susurros, las risitas bajo el nórdico… Y luego el sueño, caer rendidas y despertarme con su brazo rodeándome el cuello y su piernecita encima de las mías… Noche memorable, sí.

A la mañana siguiente tuve que madrugar para una muy interesante cita con Marc, excelente persona, y no me pude despedir (tampoco creo que nos haga falta). Eso sí, luego llamé a mi hijo y le dije: no permitas nunca que nadie te haga dudar de su capacidad de atención, te lo digo por lo de la moda de diagnosticar trastornos por déficit de atención con hiperactividad (TDAH)… él, evidentemente, se rió.

Todos tenemos nuestro momento, la noche del miércoles fue el nuestro… Gracias, hijos, por ese magnífico encuentro entre semana… y gracias, Sofía, por compartir conmigo ese maravilloso despertar de tus siete añitos.

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Llevo poco más de dos semanas en twitter. Sí, ya sé que me he incorporado un poco tarde. Pero somos nosotros y nuestras circunstancias… y lo hice, empujada por la fuerza de la juventud que me rodea. Lourdes, tienes que estar en twitter, alucinarás! Y ahí estoy. Alucinando pepinos, as usual. Los que me conocen y me quieren bien, saben de mi ingenuidad y de mi capacidad de disfrute hacia todas estas cosas. Imagino que el hecho de haber estado casi dos años dedicada a gestionar y dinamizar cursos on-line en plataformas moodle, influye mucho en ese sentirse como en casa por los entornos virtuales (¡hemos llegado al extremo de montar una cafetería virtual, decorarla y dotarla de personal altamente cualificado!). Me gusta en mundo de la red. Lo confieso: soy una entusiasta. Llevo trabajando con ordenadores desde 1984 y conectada desde ’95. El teclado es mi scotch-brite… no puedo estar sin él.

Foto de Kropelki

Foto de Kropelki

La red nos conecta y está haciendo posible, a pesar de tanta histéresis, una revolución lenta y silenciosa. Nada que ver con el Norte de África… aquí estamos demasiado acomodados como para salir a gritar y pedir un cambio. No. La revolución acontece sin casi darnos cuenta… y es interior. Sucede dentro de cada uno de nosotros. La fuerza de la red se expresa divinamente en este proverbio etíope que ayer descubrí en twitter “When spider join their webs, they can kill a lion.” (Cuando las arañas unen sus telas, pueden matar a un león) de @AATEthiopia. No estoy hablando de lucha: hablo de cambio, del cambio que está produciendo el acceso a la información. ¿Qué todo va muy lento y que tanta información puede incluso  provocar el efecto contrario? Of course! ¡Claro que sí! como diría mi amigo Miguel. Los datos están ahí. Llamadme ilusa, pero soy de las que todavía cree en las personas y en el inmenso potencial que tenemos todos por desplegar, en el abanico de oportunidades que espera ser descubierto… ¿y cómo se traduce eso? Pues en que las personas, esas que navegamos por océanos de incertidumbre buscando islas de oportunidades, no somos tan tontas y que vamos a ser capaces de gestionar este brutal acceso a la información y organizarnos entre tanto caos; que las personas sabemos dónde y qué buscar y que… a medida que vamos ejerciéndolo, vamos aumentando nuestro criterio.

Esto para empezar. Pero hay más. Puede que mi mirada influya en lo que encuentro, de hecho estoy segura de ello. Pero lo que veo es que hay mucha generosidad en la Red (¡nunca en toda la historia de la humanidad habíamos compartido tanto!), que circulan muchos artículos y muy buena información sobre nuevas maneras de entender y ver las empresas, organizaciones e instituciones, así como nuevas formas de gestión y exigencias para los perfiles de sus responsables  y gestores (actualizadas para los nuevos tiempos): se habla -y mucho- de liderazgo, de transversalidad, de colaborativismo, de motivación, de nuevos emprendedores, de innovación, creatividad, valores… Y esto, para una nómada como la que os habla, con  14 años sumando batallas para conseguir esos mismos objetivos en las empresas… ¡qué queréis que os diga! Pues que me llena de ilusión y de esperanza. La pérdida de talento sucede, y sucederá, precisamente por estos motivos: las personas, hoy, sabemos mucho más que ayer y no estamos dispuestas a ser cómplices de las viejas formas al uso entre algunos de los individuos alfa que todavía nos rodean.

Así que cuidadín con las viejas maneras de interactuar y de interrelacionarnos. Avanzamos, ni que sea poco a poco,  hacia la transparencia y la interconectividad y ello va a exigir grandes cambios y transformaciones a los más rezagados que, en muchos casos, tienen -además-  parte de responsabilidad en la tremenda crisis española. La solución está en manos de todos: en nuestra coherencia, en nuestra capacidad de empuje e ilusión por lo que hay por construir y en ese inmenso poderío que se desprende del compartir. Avanti! tweet!!

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Finalmente he acabado el trabajo final del diplomado. Estamos a 3 de marzo de 2011 y, para mí, hoy empieza el año. No digo que no haya vivido a lo largo de todo este tiempo, no. Estuvimos en Berlín un fin de semana y algún que otro día por Barcelona. Poco más. El resto, encerrada en el despacho de casa (muy hermosa), con un cartel de se vende colgando en dos de sus balcones. Mucho frío afuera (pueblo pequeño a 640 m. de altura, en el Pre-pirineo catalán) y muy a gustito dentro. Trabajando, estudiando, leyendo y… navegando para empezar a familiarizarme, de paso, con el Twitter. (Cuando quería desconectar de los estudios on-line, me conectaba!)

Descubrí esta palabra en el diplomado de transformación educativa. Histéresis. Enseguida me sedujeron su sonoridad y sus formas. Rápidamente consulta al drae on-line: Histéresis, del griego ὑστέρησις (retraso). f. Biol. y Fís.: Fenómeno por el que el estado de un material depende de su historia previa. Se manifiesta por el retraso del efecto sobre la causa que lo produce.

Y como vengo de nueves meses (un auténtico embarazo!) de profundas inmersiones en el campo de la complejidad, no pude evitar un encuentro con la ‘pauta que conecta’: pues, en tanto que materia orgánica, nosotros también estamos aquejados de una cierta histéresis. ¡Hay que ver la lentitud con la que suceden los cambios y lo que nos cuesta poner en acción las cosas que leemos y oímos, esas que tanto nos gustan sobres nuevas maneras de hacer, dirigir y liderar!

Nuestra sociedad padece una fuerte histéresis, que no tiene nada que ver con histeria… aunque, vistas como están las cosas en este país nuestro, puede que lo uno nos lleve a lo otro. El tejido empresarial y emprendedor de este país tiene que despertar y empezar a actuar para cambiar las formas de entender y plantear los negocios y las empresas. Más locura innovadora. Más apuestas atrevidas. Menos programas y más estrategias para abrir el arco de los posibles… No podemos esperar que los políticos comprendan y se pongan al día, no (ellos andan todavía peor que nosotros con eso de la histéresis).

Decían Humberto Maturana y Francisco Varela en “El Árbol del Conocimiento”: “Todo conocer es hacer y todo hacer es conocer” o, lo que es lo mismo, que de nada nos sirve saber algo si luego no lo aplicamos.

Bueno, basta por hoy, que ando con mucho trabajo acumulado y retraso (histéresis, Lourdes!), con muchas ganas de darle brío a ese blog y de ponerme también con ese trabajo colaborativo tan chulo que estamos realizando un grupo de amigos en el campus virtual…

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Época de cambios y convulsiones.

Los mercados financieros se agitan zarandeando el entorno empresarial, de la misma forma que la tierra nos sacude cuando un exceso de agua dulce presiona las placas tectónicas. Momento de fusiones, adquisiciones, reestructuraciones, reorganizaciones, recortes y, conviene recordarlo, momento también para miedos, incertidumbre, desconfianza, inseguridad… Cuando no existe cultura de adaptación al cambio, y nuestras empresas no la tienen, éste se vive mal. El ¿qué pasará conmigo? y todo lo que conlleva, se instala en nuestro interior y la motivación y el desempeño bajan en picado.

En épocas convulsas tendemos a ver las empresas como entornos problemáticos. ¿Qué ocurre si empezamos a verlas cómo espacios de posibilidades, como libros abiertos todavía por escribir? ¿Cómo nos iría si, en vez de resistirnos a la crisis, aceptáramos su aviso urgente de cambio? Toda resistencia implica sufrimiento añadido. ¿Para qué alargar más la agonía?

Retomemos la analogía de las placas tectónicas. Venimos de un modelo de aguas dulces: un sólido mundo hecho de helados, golosinas y vida fácil. Pero éste no es un mundo sostenible y ya ha empezado a derretirse, de la misma manera que lo hacen los polos, y al presionar en los puntos más frágiles, aquellos que -por excesos y desproporción- no encajan, se activa el efecto dominó que sacude al resto de la sociedad.

Los Entornos Apreciativos dan Vida a las Empresas

Los viejos modelos ya no funcionan, por falta de responsabilidad, de ecología social y por poco inteligentes. La buena noticia es que ahora es el momento de empoderarnos para los nuevos tiempos y ver a nuestras empresas y organizaciones como entornos de personas con gran potencial para el cambio. Ésta es la propuesta de los estudios científicos más sólidos sobre la transformación en las organizaciones: ha llegado el momento de empezar a dialogar y construir entre todos.

La Investigación Apreciativa de la Case Western Reserve University, creada hace tres décadas por David Cooperrider y Suresh Srivastava, es una de las mejores herramientas experimentadas para acometer grandes transformaciones, como las que se necesitan en los procesos de fusiones y adquisiciones.

A través de la IA (AI en inglés) podemos implicar desde pequeños grupos a unos cuantos miles, con una duración que puede ir desde unos días hasta un año. El proceso, que consta de cinco etapas -definir, descubrir, soñar, diseñar y vivir- hilvanadas a través de diálogos apreciativos, alcanza su punto álgido en la tercera fase, momento en que los participantes construyen una potente ancla motivacional en forma de sueño colectivo.

Al final de una Appreciative Inquiry las empresas están más vivas que nunca: llenas de personas motivadas y comprometidas, que interactúan y se interrelacionan desde y para la excelencia. Cuando las piezas encajan y concuerdan, la solidez y contundencia de la estructura fundamental queda fuera de toda duda, y sólo nos queda construir y crear a su alrededor, de forma colaborativa y con el máximo respeto hacia la sociedad que nos acoge.

Artículo (de Lourdes Tebé bajo licencia Creative Commons) publicado en la colección empresarial de julio 2010 (pág.67), por NA Magazine

un momento de la IA

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Una nueva colaboración con NA Magazine Donde están los Líderes… espero que lo disfrutéis!

 

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