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Ya lo decía Susan Sontag… hay que ser un poco nómadas, jugar con la vida, romper con la rutina… y convertirte en un eterno aprendiz.

Os dejo con un enlace a La Contra de La Vanguardia, en la que Kurt Schmidt nos invita a disfrutar del momento y de los aprendizajes de la no rutina…

“Tu felicidad sólo depende de la fuerza que tienes dentro”.

Son tantas las voces que nos indican -una vez y otra- que hay que elegir qué tipo de vida queremos… ¿Cómo es que nos cuesta tanto levantarnos y decidir por nosotros mismos?

El penúltimo post del año 2010!!

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Desde el pasado viernes, a raíz del follón desatado por “la salvajada” de unos pocos, ando reflexionando -una vez más- sobre el concepto/idea de huelga (tanto da si abierta o encubierta). No es una reflexión nueva, de hecho llevo años dándole vueltas, ya que hay algo en ella que chirría, que no me cuadra y me suena a desfase… algo relacionado con la falta de respeto y con la dejación de responsabilidades.

Los facilitadores/formadores empresariales llevamos muchos años (trece, en mi caso) intentando promover una nueva cultura empresarial, mucho más adecuada y alineada con los tiempos que vivimos. Pero no nos equivoquemos: cultura empresarial significa no sólo formar a empresarios y directivos, que también, sino que alude a toda la empresa y llama a la responsabilidad de todos sus colaboradores.

Por este motivo concebimos las acciones formativas de manera integral, que involucren a todos y promuevan una verdadera transformación hacia las nuevas formas de hacer empresa, de ser empresa y de estar en la empresa, que requieren los nuevos tiempos.

Es cierto que todavía hay mucha mala praxis empresarial y que son muchas las cosas que hay que cambiar en las empresas de nuestro pobre y cada día más empobrecido país. Pero pensar que los cambios tienen que venir sólo de arriba es, en la actualidad, un pensamiento absolutamente desfasado.

Quejarse, protestar, reivindicar o patalear ya no surten efecto. A lo que llaman hoy los nuevos tiempos es a arremangarse y a empezar a transformar desde abajo y, en el caso de que nuestros intentos y acciones no surtan efecto, largarse y cambiar de empresa. Nunca he entendido ese afán u obsesión por pasar la vida entera en una sola empresa.

Cada vez que en mis cursos alguien se queja de sus superiores o de su forma de gestionar la empresa (y os aseguro que son muchos…), les pregunto qué han hecho ellos para promover el cambio y la mejora. Lo normal es que contesten “todo”, “ya no sabemos que probar”, “no hay nada que hacer”… fieles a nuestra tendencia, irracional y automática, a generalizar y a convertir un pequeño acto en el todo (¡pasamos de un intento fallido al ‘lo hemos intentado todo’ con una facilidad pasmosa!), y, cuando escucho esto, no puedo evitar preguntarles… ¿entonces qué te retiene aquí? ¿cómo es que no cambias de trabajo? ¿por qué no buscas una empresa bien dirigida y te vas? ¿qué te lo impide?

Lo siento pero creo que el Derecho a Huelga podría tener sentido en sus orígenes (revolución francesa, 1789) y entiendo su auge en plena lucha de clases, con la revolución industrial, a finales del siglo XVIII y principios del XIX… pero ya no.

Hace muchos años que el trabajador ya no es un esclavo y que es libre para decidir dónde desarrollarse profesionalmente y trabajar, aunque eso del trabajo ahora esté muy mal (no olvidemos que esta crisis sólo lleva tres años entre nosotros). Si no me gusta cómo me tratan, si no apruebo su forma de hacer negocios o si entiendo que estoy entre personas poco preparadas para lo que hoy se pide, soy libre para buscar un entorno más adecuado para mi desarrollo profesional y largarme. Otro gallo nos cantaría si fuéramos un poco más valientes: las empresas mal gestionadas no tendrían a quien contratar y estarían obligadas, por la fuerza de las evidencias, a cambiar.

No es mi deseo entrar a debatir si los controladores tenían motivos o no, ya que son muchos los  responsables, también políticos, de este desatino. La intención de esta reflexión es sobre las formas, sobres las maneras que usamos para resolver nuestros conflictos y diferencias…. y Huelga me suena a jurásico, a chantaje, a presión, a barbarie… a un recurso -último- que ya no tiene razón de ser, puesto que hay muchos más que podemos y debemos ejercer, como los arriba  mencionados.

Exijamos un comportamiento ético a nuestras empresas por contrato, nos dice Rosamund Thomas, directora del Centro de Ética Económica y Política de Cambridge en la entrevista publicada en La Contra de La Vanguardia… A lo que yo añado que este contrato al que alude, también puede ser un contrato psicológico. En tanto que personas socialmente responsables, podemos exigir que en nuestras empresas funcione un código ético… En caso de incumplimiento, intentemos transformar con buenos argumentos, ideas, acciones y estrategias de cambio y si no lo conseguimos, seamos proactivos y abandonémoslas a su suerte!!

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“Si piensas más en los demás, tus problemas se minimizan”.

Felicidades a La Vanguardia por el nuevo formato digital de La Contra… mucho más versátil y adecuado a los nuevos tiempos… ¡Que cunda el ejemplo!

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Entrevista a José Hermida, escritor y conferenciante sobre la interacción entre los seres humanos. Medio: La Contra de La Vanguardia. IMA SANCHÍS  – 08/10/2010

Primera ley de la seducción: no lo des todo al principio

Ya de niño se preguntaba por qué unos mandaban y otros obedecían, cuál era el argumento de esa obra de teatro de dominación y sumisión, quería conocer las reglas. Hoy imparte habilidades de comunicación interpersonal en el Instituto Nacional de la Administración Pública y tiene una extensa obra publicada sobre el tema. En su último libro, “Hablar sin palabras” (Temas de Hoy), explica cómo dominar todas las situaciones a través de los gestos. Si tu interlocutor se toca la cara es que está atento, si se toca la proximidad de la boca hay algo de reserva, si es la nariz: miente. “No tener prejuicios y percibir los cambios que se están produciendo en la comunicación no verbal es poder”

Tengo 59 años. Nací en A Coruña y vivo en Madrid. Divorciado y con un hijo (19). El distanciamiento y la desconfianza entre políticos y ciudadanía es un abismo. Me parece un acto de soberbia decir si algo intangible existe o no existe, y pretender ser el portavoz es ya exceso. Sólo hay tres tipos de relaciones entre las personas: confrontación, colaboración o indiferencia. Fin. ¿Dónde está la magia?

¿En los matices?
En nuestra capacidad de comunicación verbal y no verbal para cambiar ese escenario. Si estamos ante un escenario de confrontación tal vez haya que pasar un mensaje persuasivo; y si quiero huir pero conservar la relación usaré un mensaje protocolario: “Tengo prisa; nos llamamos”.

Muy típico.
Mejor eso que “eres un pesado y no te aguanto más”. Yoamis alumnos suelo decirles: “Ojalá lleguemos a convertirnos en personas que no dicen lo que piensan”.

¿. ..?
Hay que pensar qué efecto van a causar nuestras palabras y si eso es lo que pretendemos. No hay que perder de vista para qué estamos hablando.

Nos gusta seducir al interlocutor.
Coger al otro por la solapa y empezar a agitarle diciéndole “¡ámame!” no funciona.

Bueno…, eso ya lo sabemos.
¡Y un cuerno!, la inmensa mayoría de la gente se muestra arrogante, agresiva o sumisa y no le pasa por la cabeza esto tan mágico de qué puedo ofrecer a esa persona.

Vale.
La primera ley de la seducción, sin la cual nada funciona, es: no lo des todo al principio. Y no hablo de sexo, si lo agotas todo, ¿qué interés tendrás la semana siguiente?…

¡Es que si no te da para dos semanas!
Has de dejar de pensar en ti y pensar en la otra persona. Sorprenderla cada día.

¿Y cómo se seduce sin palabras?
Se trata de identificar el escenario: si alguien aparta la mirada cuando le hablas, te interrumpe, mira la hora, lo más probable es que el escenario sea de confrontación o de indiferencia tensa; sabiéndolo, puedes rebelarte ante todo tipo de dominación.

Cuénteme eso.
Póngase de pie. Tenga.

¡Vaya!
Hacerle sostener algo mío sin pedirle permiso es una actitud de dominación. Nuestro cuerpo es un semáforo, un emisor de señales. Cuando ligamos, ¿se ha fijado en que hay un momento en el que no se habla y se está bien?… Es porque nos hemos estado emitiendo señales en un escenario de colaboración. Movimientos lentos (no tengo ningún tipo de nervios); lanzar una sonrisa sosteniendo la mirada (estoy a gusto contigo).

La mirada está llena de códigos.
Sí. Como no tengo confianza con usted, le miro entre los extremos de los arcos ciliares y la punta de la nariz; pero no en la boca, ni del cuello para abajo, ni insistentemente a los ojos. Así le estoy diciendo que me interesa pero la respeto. Lo percibe, supongo.

Sí.
Sin embargo, si quiero agredirla le miraré la boca, la repasaré descaradamente y usted dirá: este es un imbécil. ¿Por qué? Porque la he invadido. Aparte de la connotación sexual, la boca es el túnel a una cantidad de vísceras increíble, es algo íntimo.

Hay quien te habla y no te mira.
Dominación. El macho alfa es un personaje habitual en las oficinas, ese que también te mete la bronca delante de la gente.

Conozco.
En el momento en que tu frente brille, los hombros suban (porque ocultamos las zonas vitales), estás perdido. No olvide que somos seres humanos desde ayer por la tarde.

¿Cómo pararle los pies?
La primera señal que debo emitir es “a mí no me impresionas pero estoy dispuesto a colaborar si te portas bien”. Esto significa que mis hombros tienen que estar caídos y que no estaré rígido, por eso tendré descompensado el cuerpo. Le miro, pero no directamente a los ojos, es decir, le respeto y exijo el mismo respeto.

¿Y si se pasa de rosca?
Técnicas más específicas, por ejemplo, a los aznares que te dan la mano sin mirarte, yo se la pongo cerca pero no se la doy, entonces te miran y te encuentran sonriente… ¡Ya es tuyo!: has cambiado el escenario.

También están los que te dan golpecitos cuando hablan.
En la sociedad occidental la mujer tiene derecho a tocar más que los hombres (podéis quitarnos una miga del jersey). Y tenéis derecho a mirar durante más rato, inspeccionar. A nosotros nos resulta antipático ese comportamiento porque son señales femeninas destinadas a un público femenino y a nosotros nos gusta que nos vean machos.

Hablamos sin palabras.
Sí, con esas que suprimimos después de una coma. Por ejemplo: “¡Pero pregunta ya, (pesada)!”. Esa palabra no dicha se escucha, la emitimos con el semáforo. La clave está en observar para cambiar el frame (marco).

Cuénteme.
En las parejas, por ejemplo, con tan sólo un par de gestos uno puede hacer cambiar la franja de colaboración a la de indiferencia; de hecho se usa mucho para mantener el interés del otro. Los que cambian los escenarios lideran las relaciones humanas.

¿Y si quiero oyentes entregados?
En una conferencia la gente escucha unos cinco minutos, luego se evade. Lo primero es captar la atención y lo segundo estimular el interés, lo que sólo sucederá si lo que dice les propone un beneficio o les evita un problema. Las explicaciones déjelas para el final. Pero lo esencial para que te escuchen es que tú hayas escuchado primero.

La Contra

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