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Posts Tagged ‘intususcepción’

Después de unos días muy absorbida (60 horas lectivas en 10 días) y cansada, retomo la tranquilidad del despacho para reflexionar y saborear. Me gustan, también, la soledad y el recogimiento. Los momentos íntimos, sin prisas, con la música (Spotify: Leonard Cohen, Live in London, 2009, en estos instantes) llenando los huecos del bello mosaico de la pared, pintado a mano, y resonando entre el claro ocre de las vigas (¡cuánto echaré de menos este rincón cuando nos vayamos a vivir a Extremadura!)…

Mi vida es un ir y venir constante. Un hola y adiós abiertos, en espiral, como un círculo que nunca se cierra. Cuarenta y cinco mujeres. Cuarenta y cinco honores y oportunidades de crecimiento. Mi más profundo agradecimiento a todas por tantos aprendizajes compartidos y por la confianza otorgada en ese mostraros y abriros al grupo.

Bendita alternancia conjugando momentos de tanta potencia colectiva -y colaborativa- con hondas y silenciosas soledades… Me niego a renunciar a ella y cada vez estoy más convencida de cuánto la necesitamos y cuán poco lo hacemos. Desconectar para volver a conectar, con más brío, si cabe y, sobretodo, habiendo procesado la información.

Nos movemos por los extremos. Todo el día con la lengua afuera: agitadas respiración y emociones. Acumulamos montones de información sin procesar, que repetimos sin habernos parado a comprenderla y a observarla con espíritu crítico. Uno de los primeros instintos fue el de conectarme al Entorno Virtual Colaborativo que compartimos entre un grupo de emprendedores sociales y a Twitter… y me dije un gran NO (que te atrapa, Lourdes, vigila…) aplicando la técnica del NO Positivo (William Ury, “El Poder de un No Positivo”, 2007, Editorial Norma):

Un gran a ti, a tus valores, a lo que aprecias: la paz, el silencio, la música… escribir, reflexionar,  contrastar…; a lo que te mereces: poder procesar la información, asentar ideas, tomar notas, revivir metaposicionada desde la distancia y comprender mejor, ver de otra forma y… descansar, soltar la mente, dejarla vagar, liberándola de ataduras.

Un NO, enorme, al gesto automático, a la rutina, al ritmo desenfrenado con el que imprimimos nuestros pasos por la vida… y recuerda que la gran mayoría de incongruencias que observamos son fruto de esas agendas tan apretadas que nos dejan sin tiempo para procesar e integrar la información en nuestras acciones…

Y un profundo de respeto y compromiso por lo que hacemos y con quienes estamos: luego me pondré y lo haré de forma más completa y coherente, transformada por la intususcepción de la experiencia, con las cualidades compartidas más o menos integradas, vistas, revisadas…

Una de las frases más oídas en las sesiones es la de “esto cuesta mucho” en relación a dedicarnos un tiempo diario para la reflexión, para desconectar de la cotidianeidad y conectar con nuestro yo más profundo… Alternancia y transformación van unidas, pero hay que saber poner el “pause” al piloto automático y acallar la mente para podernos preguntar ¿qué quiero ahora? y, entonces, vivir saboreando el instante.

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Entrevista a José Hermida, escritor y conferenciante sobre la interacción entre los seres humanos. Medio: La Contra de La Vanguardia. IMA SANCHÍS  – 08/10/2010

Primera ley de la seducción: no lo des todo al principio

Ya de niño se preguntaba por qué unos mandaban y otros obedecían, cuál era el argumento de esa obra de teatro de dominación y sumisión, quería conocer las reglas. Hoy imparte habilidades de comunicación interpersonal en el Instituto Nacional de la Administración Pública y tiene una extensa obra publicada sobre el tema. En su último libro, “Hablar sin palabras” (Temas de Hoy), explica cómo dominar todas las situaciones a través de los gestos. Si tu interlocutor se toca la cara es que está atento, si se toca la proximidad de la boca hay algo de reserva, si es la nariz: miente. “No tener prejuicios y percibir los cambios que se están produciendo en la comunicación no verbal es poder”

Tengo 59 años. Nací en A Coruña y vivo en Madrid. Divorciado y con un hijo (19). El distanciamiento y la desconfianza entre políticos y ciudadanía es un abismo. Me parece un acto de soberbia decir si algo intangible existe o no existe, y pretender ser el portavoz es ya exceso. Sólo hay tres tipos de relaciones entre las personas: confrontación, colaboración o indiferencia. Fin. ¿Dónde está la magia?

¿En los matices?
En nuestra capacidad de comunicación verbal y no verbal para cambiar ese escenario. Si estamos ante un escenario de confrontación tal vez haya que pasar un mensaje persuasivo; y si quiero huir pero conservar la relación usaré un mensaje protocolario: “Tengo prisa; nos llamamos”.

Muy típico.
Mejor eso que “eres un pesado y no te aguanto más”. Yoamis alumnos suelo decirles: “Ojalá lleguemos a convertirnos en personas que no dicen lo que piensan”.

¿. ..?
Hay que pensar qué efecto van a causar nuestras palabras y si eso es lo que pretendemos. No hay que perder de vista para qué estamos hablando.

Nos gusta seducir al interlocutor.
Coger al otro por la solapa y empezar a agitarle diciéndole “¡ámame!” no funciona.

Bueno…, eso ya lo sabemos.
¡Y un cuerno!, la inmensa mayoría de la gente se muestra arrogante, agresiva o sumisa y no le pasa por la cabeza esto tan mágico de qué puedo ofrecer a esa persona.

Vale.
La primera ley de la seducción, sin la cual nada funciona, es: no lo des todo al principio. Y no hablo de sexo, si lo agotas todo, ¿qué interés tendrás la semana siguiente?…

¡Es que si no te da para dos semanas!
Has de dejar de pensar en ti y pensar en la otra persona. Sorprenderla cada día.

¿Y cómo se seduce sin palabras?
Se trata de identificar el escenario: si alguien aparta la mirada cuando le hablas, te interrumpe, mira la hora, lo más probable es que el escenario sea de confrontación o de indiferencia tensa; sabiéndolo, puedes rebelarte ante todo tipo de dominación.

Cuénteme eso.
Póngase de pie. Tenga.

¡Vaya!
Hacerle sostener algo mío sin pedirle permiso es una actitud de dominación. Nuestro cuerpo es un semáforo, un emisor de señales. Cuando ligamos, ¿se ha fijado en que hay un momento en el que no se habla y se está bien?… Es porque nos hemos estado emitiendo señales en un escenario de colaboración. Movimientos lentos (no tengo ningún tipo de nervios); lanzar una sonrisa sosteniendo la mirada (estoy a gusto contigo).

La mirada está llena de códigos.
Sí. Como no tengo confianza con usted, le miro entre los extremos de los arcos ciliares y la punta de la nariz; pero no en la boca, ni del cuello para abajo, ni insistentemente a los ojos. Así le estoy diciendo que me interesa pero la respeto. Lo percibe, supongo.

Sí.
Sin embargo, si quiero agredirla le miraré la boca, la repasaré descaradamente y usted dirá: este es un imbécil. ¿Por qué? Porque la he invadido. Aparte de la connotación sexual, la boca es el túnel a una cantidad de vísceras increíble, es algo íntimo.

Hay quien te habla y no te mira.
Dominación. El macho alfa es un personaje habitual en las oficinas, ese que también te mete la bronca delante de la gente.

Conozco.
En el momento en que tu frente brille, los hombros suban (porque ocultamos las zonas vitales), estás perdido. No olvide que somos seres humanos desde ayer por la tarde.

¿Cómo pararle los pies?
La primera señal que debo emitir es “a mí no me impresionas pero estoy dispuesto a colaborar si te portas bien”. Esto significa que mis hombros tienen que estar caídos y que no estaré rígido, por eso tendré descompensado el cuerpo. Le miro, pero no directamente a los ojos, es decir, le respeto y exijo el mismo respeto.

¿Y si se pasa de rosca?
Técnicas más específicas, por ejemplo, a los aznares que te dan la mano sin mirarte, yo se la pongo cerca pero no se la doy, entonces te miran y te encuentran sonriente… ¡Ya es tuyo!: has cambiado el escenario.

También están los que te dan golpecitos cuando hablan.
En la sociedad occidental la mujer tiene derecho a tocar más que los hombres (podéis quitarnos una miga del jersey). Y tenéis derecho a mirar durante más rato, inspeccionar. A nosotros nos resulta antipático ese comportamiento porque son señales femeninas destinadas a un público femenino y a nosotros nos gusta que nos vean machos.

Hablamos sin palabras.
Sí, con esas que suprimimos después de una coma. Por ejemplo: “¡Pero pregunta ya, (pesada)!”. Esa palabra no dicha se escucha, la emitimos con el semáforo. La clave está en observar para cambiar el frame (marco).

Cuénteme.
En las parejas, por ejemplo, con tan sólo un par de gestos uno puede hacer cambiar la franja de colaboración a la de indiferencia; de hecho se usa mucho para mantener el interés del otro. Los que cambian los escenarios lideran las relaciones humanas.

¿Y si quiero oyentes entregados?
En una conferencia la gente escucha unos cinco minutos, luego se evade. Lo primero es captar la atención y lo segundo estimular el interés, lo que sólo sucederá si lo que dice les propone un beneficio o les evita un problema. Las explicaciones déjelas para el final. Pero lo esencial para que te escuchen es que tú hayas escuchado primero.

La Contra

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No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas…

Poema anónimo, atribuido por algunos a Walt Whitman, y fuente de inspiración para algunas frases de “El Club de los Poetas Muertos” (1989)

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Intususcepción: del latín intus (interiormente) y susceptio (acción de recibir); forma de crecer de los seres orgánicos que asimilan internamente las propiedades de los elementos que ingieren, a diferencia de los minerales o inorgánicos que crecen por yuxtaposición o añadiendo los elementos de manera externa.

Somos seres orgánicos, que necesitamos ingerir nutrientes para mantener toda la vida que albergamos y para hacer posible una trayectoria evolutiva más o menos saludable. Esta forma de crecer podría trasladarse, estableciendo un paralelismo cuerpo-mente, al proceso de aprendizaje, concepto, como tantos otros, envuelto en una gran confusión. Si somos capaces de ver nuestra mente como algo orgánico, dinámico y vivo, nos daremos cuenta de que también ella necesita asimilar interiormente, digiriendo e integrando las propiedades de lo que recibe, apropiándoselas, haciéndolas suyas para seguir creciendo y enriqueciéndose con nuevos conocimientos. El conocimiento teórico para convertirse en saber, tiene que pasar por un proceso de internalización y asimilación. Una vez adquiridas sus propiedades o cuando modificamos nuestra forma de actuar (y lo hacemos desde este nuevo saber), es cuando podemos hablar de verdadero aprendizaje.

Esta reflexión es casi un toque de alerta para los que acumulan conocimientos, yuxtaponiéndolos al lado de otros sin interiorizarlos, sin pasar por ellos, sin aprehenderlos, digerirlos ni actuar a través de ellos. En el ámbito de las relaciones humanas y de la comunicación hay muchas personas que dicen saber cómo hay que hacer o resolver las cosas y, a través de la observación, compruebas que no lo hacen, por lo que podríamos deducir que, en realidad, no saben, que tienen la información de cómo hacerlo, pero que todavía no han empezado ni a practicar.

Estas personas no se dan cuenta de que tratan su cerebro como si fuera inorgánico o un mineral. Cuando decimos que sabemos que una determinada situación pide ser resuelta de una manera concreta y no utilizamos el conocimiento que supuestamente tenemos, descubrimos que algo falla… El problema radica en que al no evaluarnos en estas materias, abonamos  terreno para la confusión, y cuando digo evaluarnos hablo del análisis de los recursos utilizados, y no tanto de los resultados, ya que son aquellos los que expresarían un buen uso de los conocimientos empleados. Cuando evaluamos a un alumno y le examinamos, lo hacemos para comprobar su grado de integración de los conocimientos, para saber si en verdad los tiene, ya que no nos basta con que nos lo diga: hemos de comprobarlo planteándole una serie de problemas y viendo cómo los resuelve.

El hecho de que las relaciones humanas incluyan tantas variables -y tan subjetivas- no debería impedirnos poder observar, a través de las actitudes, los modos y los recursos empleados, qué grado de saber tiene una persona. La demostración canta por sí sola. Si, por ejemplo, sabemos que sonreír nos abre tantas puertas y establece un puente de conexión con el otro, entonces… ¿cómo es que sonreímos tan poco? Si sabemos que rebajar o ridiculizar a alguien, a través de comentarios poco apropiados o relacionándonos de forma inadecuada, es una falta de respeto (hacia uno mismo y hacia el otro) ¿Cómo es que seguimos haciéndolo? …Y así con todo aquello que tantas veces decimos que sabemos pero que nunca acabamos de poner en práctica.

Y para acabar,  una última reflexión ¿Cuáles podrían ser los factores que impiden que pongamos en práctica lo que –al menos en teoría- decimos saber? ¿Pereza, arrogancia, necedad, miedo…?

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