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Posts Tagged ‘crisis’

Los luchadores del bien común somos personas con brío, con garbo, como diría mi madre. Briosas, garbosas, proactivas, generosas, optimistas, atrevidas, abiertas (honestas, francas), capaces, responsables, comprometidas, con ganas de pasarlo bien, también metiendo la pata hasta el fondo, y con una visión muy lúdica de la vida y su devenir.

Somos muchos[1]. Somos Ubuntu, este concepto –emergente– indicador de una visión más amplia que comprende “sé que soy porque somos”. Y no vamos armados. No necesitamos armas, vamos preparados, con buenas herramientas que sabemos utilizar, llevamos mucho tiempo entrenándonos, tenemos habilidades, somos competentes y, sobre todo, somos humildes. Muy importante la humildad, ese ser conscientes de nuestra ignorancia, para dudar, preguntarnos, investigar, atrevernos a experimentar y probar, apostando por los buenos resultados, como eternos aprendices.

Los luchadores del bien común somos –y hemos sido– seres bastante solitarios, como lobos esteparios, amantes de momentos de tranquilidad, de silencio, sosiego, calma… De repente, con la llegada de las redes sociales, nos tiramos en plancha al momento 2.0, el de la interconexión, interacción e interrelación[2]. Pero estamos tranquilos, porque aprenderemos a combinar la calma de la cueva con el trasiego de la inmensa tela de araña que nos interconecta. Dato curioso: parece que la virtualidad nos abre, nos conecta, facilita puntos de encuentro, de copulación y fecundación de ideas y, valor añadido, promueve la desvirtualización[3].

Andamos sobrados de motivos para la lucha, este es otro aspecto que nos define, y no luchamos ni por odio ni por venganza, luchamos por responsabilidad, por justicia, por solidaridad… ¡Son tantas las cosas que tenemos que cambiar para que la humanidad entera pueda caminar tranquilamente por la senda de la dignidad!

Pues bien, nos hemos levantado y hemos empezado a andar. Venimos de diferentes puntos y vamos a distintos ritmos. Pero sabemos que compartimos muchos de nuestros sueños y anhelos: queremos un mundo mejor para nosotros-todos, para nuestros hijos-todos, nietos-todos… y para las, al menos, siete generaciones que nos seguirán y las que les seguirán a ellos…

Un mundo más justo e igualitario, con menos diferencias económicas, sociales, culturales, en el que, el que más cobre, no lo haga por encima de 10 veces de lo que cobra el que menos percibe. En el que las empresas y organismos, actúen por y para el bien común. En el que seamos más libres, con más criterio para elegir y discernir y con acceso a una educación que abra las formas y los contenidos, que no moldee a la vieja usanza, y que tenga como principal objetivo aprender a aprender, que promueva cambio, diversidad, creatividad, originalidad, colaborativismo y cooperación, interacciones e interrelaciones, compasión, escucha, empatía y expresión, en sus múltiples formas, además de competencias técnicas, metodología científica, pensamiento crítico, multidisciplinariedad…

Llevamos un tiempo andando, escalando a veces, por el terreno abrupto, sudando, al límite, sintiéndonos por momentos sin fuerzas y cargándonos de razones para seguir avanzando cada vez que nos indignamos ante los indignos que nos persiguen, ante las tremendas y poderosas fuerzas de lo más oscuro y abyecto que puebla la tierra.

Las huestes de Mordor siguen sedientas, sin freno en su afán de libar hasta la última gota de nuestra sangre, de nuestro aliento y empuje. Succionan y absorben, cual agujero negro, triturando personas, familias, culturas y hasta países enteros.

Nos hallamos en una vía sin retorno. En un impasse.

Por detrás nos persigue una horda de zombis sin escrúpulos ni consciencia, encorvados y medio arrastrándose, zigzagueantes sus andares, sin ojos, convertidos en piltrafas de lo que pudieron ser, y con restos colgantes ensangrentados de bajos instintos balanceándose al paso. Quieren más. Alargan los tentáculos, mutan, se envalentonan, sacan pecho… No van a saciarse nunca.

Abajo, a nuestros pies, se abre paso un tortuoso y minúsculo camino de conejos, lleno de altos matorrales, muy escarpado, que se pierde en la maleza y acaba, al fondo del precipicio, en un pequeño riachuelo. Arriesgado pero posible, en las montañas hay muchos de estos pequeños senderos que abren los animalillos en su tránsito hacia el agua. Esta opción implica renuncias, austeridad, puede que empezar de cero, capacidad de riesgo, entrenamiento, aceptación, flexibilidad. Tocará hacer el camino de uno en uno y habrá que respetar formas, ritmos,  destinos… mucha adaptabilidad y confianza.

Justo delante, enfrente, los restos de lo que un día fue un puente colgante hecho de cuerdas, ahora deshilachadas, y tablas de madera de las que, entre las pocas que quedan, no hay ni una entera. De estar en buenas condiciones, el puente sería sin duda la opción más acertada. Permitiría pasar a muchos a la vez, lo haríamos juntos y nos ayudaríamos unos a otros. Pero nos ha pillado por sorpresa y con los deberes por hacer. El puente no aguantará. Hay que ser muy rápidos y muy hábiles en la reconstrucción. Pueden intentarlo unos pocos, esconderse otros y esperar a que algo suceda.

También existe la opción de abandonar y dejarse engullir por la horda ciega…

Quizás exista alguna opción más que aglutine las dos anteriores: salir de esta como podamos, ni que sea por el sendero de los orejudos, con respeto y dignidad, con ganas de hacerlo bien y disfrutando, mientras vamos construyendo un puente, entre todos, que sea sólido, que nos permita pasar al otro lado, el del bien común, donde pueda empezar a emerger una nueva cultura, más Slow, que funcione como una verdadera red de apoyo local –y global– para proyectos e ideas educativos, industriales, agrónomos, sociales, artísticos… que consideren el bien de toda la humanidad.

En fin, difícil elección… Creo que, en mi caso, voy a optar por el camino del medio, as usual, el del avance en solitario, de uno en uno, y la pendiente escarpada. Habrá momentos para todo, de eso trata la alternancia y se encarga, también, la tecnología. Pero ahora toca apartarse del mundanal ruido, trasladarse al monte, filosofía slow para reducir las necesidades a mínimos y recuperar fuerzas (un día de estos explico la idea).

Mientras, sin precipitación pero sin pausas, iremos construyendo el puente, nos iremos preparando y organizando para que este movimiento ciudadano colectivo pueda sentar las bases y acceder al lado más humano de nuestro tránsito por la vida.

Los luchadores del bien común no tenemos prisa. Nuestras apuestas son a largo… Sabemos esperar y, mientras, no dejamos de observaros.


[1] “Somos Mayoría”, interesante movimiento de Julio Anguita, aunque preferiría un referente desvinculado de la política: http://colectivoprometeo.blogspot.com.es/2012/06/somos-mayoria.htm

[2] Esto ha posibilitado la emergencia de muchas iniciativas que trabajan para el bien común, como por ejemplo: www.economia-del-bien-comun.es, http://bancasininteres.blogspot.com.es/, http://www.noticiaspositivas.net/2012/06/25/etruekko-una-nueva-red-social-para-el-trueque/ y muchas otras que habrá que ir observando y a las que habrá que sumarse.

[3] Para los que estéis interesados en este tema os recomiendo un excelente libro, “Socionomía” de Dolors Reig, que he empezado a leer http://dreig.eu/socionomia/, así como un artículo de la Vanguardia, interesante por las referencias que cita y las reflexiones a las que invita http://www.lavanguardia.com/estilos-de-vida/20120525/54297124111/como-internet-cambia-nuestro-cerebro.html

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A veces me parece que son muy pocos los que recuerdan que fue en la década de los ochenta cuando la cultura del pelotazo, la del resultado/éxito fácil y cortoplacista recibieron su mayor impulso y un gran juego de alas para subir a lo más alto. En aquel entonces andaba ya por mi segundo -y siempre modesto- proyecto empresarial. El primero, iniciado con apenas 22 años, duró poquísimo y se fue al traste cuando un cliente dejó de pagarme. Éste no me pilló mucho más boyante económicamente hablando… y recuerdo con absoluta claridad el ‘amable’ consejo recibido por una alma caritativa cuando me oyó quejarme de lo poco que ayudaban los bancos a los emprendedores en España: “tienes que tener deuda… si no, no conseguirás nada: cuanto más debes, más vales”. Recuerdo a los empresarios/modelo de la época. Los del yo gano-tu pierdes. Ensalzados, encumbrados, festejados, celebrados… y también derribados, cuando las alas se les desmadraban y empezaban a volar de por libre.

También era por los ochenta, a finales, cuando empezamos a oír las primeras voces llamando a un cambio de cultura empresarial, a otra forma de entender las empresas, las funciones directivas y el liderazgo y, sobre todo, a otra forma de entender las interrelaciones e interacciones. De todo esto hace casi 30 años. Tres décadas para empezar a cambiar… no está mal. Podía haber sido peor. Lentos, pero seguros…

¿Por qué nos cuesta tanto el cambio? Gran parte de esta lentitud es debida a nuestra tendencia a la comodidad, a huir de todo aquello que pueda significar un esfuerzo (ser de los primeros, lo requiere) y esto hace que, a pesar de ver la conveniencia del cambio, esperemos a que sea otro el que empiece. Por supuesto. No voy a ser tan tonto como para dar el primer paso ¿no? Y en este esperar nos siguen acribillando con mensajes (libros, charlas, cursos, talleres, seminarios…) que facilitan fórmulas milagrosas para ganar más dinero y alcanzar el éxito de forma fácil… Gran puerta para que entren todas las dudas. A ver ¿eso de ser una persona socialmente responsable, que considera tanto su propio beneficio como el de los demás, que tiende a un downshifting responsable, simplificando de forma voluntaria sus necesidades y armonizando su vida… no será un rollo tipo flower power, verdad?

Soy coach y una apasionada del coaching grupal y de equipos. A veces me cuesta decirlo, puesto que últimamente está apareciendo un tipo de coaching que, lejos de ser una herramienta o puente para el cambio, se está enfocando y afianzando  hacia el mantenimiento de aquellos viejos modelos que vuelven a recordarnos la engominada cultura del pelotazo y los resultados cortoplacistas. Que conste que no voy en contra de los buenos beneficios o resultados empresariales, para nada. Simplemente  creo que hay que cambiar este sistema perverso que promueve el enriquecimiento y ambición sin límites, que no conoce mesura ni reconoce el valor de las personas ni del planeta que nos acoge. Hay que hacer las cosas bien, con mucho respeto, impregnando todos y cada uno de nuestros actos de responsabilidad -individual y social- y ética. Creo que deberíamos tener siempre presente que hay mucho margen de mejora y mucho todavía por evolucionar, cualquier gesto o acto, por pequeño o individual que  éste sea, significará un paso hacia adelante, un ligero avance hacia el cambio.

Ayer por la mañana leí un artículo muy interesante de Manuel Castells llamando a una reflexión sobre la crisis y el sistema; por la tarde, Alicia Pomares me recordó, con gran arte, cuánto talento estamos desaprovechando y, ya de noche, vimos por segunda vez la magnífica película “Océanos” de Jacques Perrin y Jacques Cluzaud (2010)… Escribir sobre el ego, leer esas voces críticas llamando al cambio y a la responsabilidad… y luego impregnarte de tanta belleza con esta excepcional película, creedme, resulta realmente conmovedor y vivificante…

No veo otra forma de acabar más adecuada que con el comentario posteado hoy en facebook: “Imposible describir el sentimiento que te llena cuando termina. Se me ocurre que una de las posibles formas de transmitirlo es a través de este tema de Brian Eno y David Byrne ‘Home’. Nuestro planeta, nuestro hogar, es maravilloso… Cuidemos de él y de todos sus habitantes, please”

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