Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘creatividad’

El tiempo es un recurso muy extraño, lo necesitamos para todo, no se puede recuperar ni reciclar, sólo aprovechar… y tiene un ritmo inefable hacia adelante, esférico, de bucle abierto: cada día empezamos todos con las mismas horas a nuestra disposición (24), a medianoche se nos agotan y al cabo de un segundo se nos vuelven a renovar automáticamente. Unos le sacan mayor partido y otros, en apariencia, menos. Esta es la reflexión, a grosso modo, a la que me invitó hace unos días mi querido amigo Miguel, hablando de la (auto)observación y del (auto)autoconocimiento. Tendríamos que averiguar cuál es nuestra relación con el tiempo, me dijo. Y ahí quedó la idea, dando vueltas por mi cabeza, entre chispazos neuronales.

Y como las cosas, para un mejor aprovechamiento, hay que estructurarlas un poco, ahí van los 2 temas que me gustaría compartir con vosotros, así sabréis si os merece el esfuerzo de seguir leyendo:

  1. Breve reflexión sobre la IV Jornada Técnica para el Avance de la Metodología en Intervención Social, dentro del marco de las Buenas Prácticas organizadas por Cruz Roja Española.
  2. Un paseo revelador por el parque del Retiro, la tarde del miércoles, al encuentro de Joaquín Araujo. La comunicación, la calma y el brío… o sobre cómo intento relacionarme con el tiempo.

1.

Me gusta llegar antes a los eventos y asistir a las charlas de otros. Creo que esta es una práctica muy habitual entre muchos de los facilitadores o formadores… nuestra curiosidad y ganas de aprender nos pueden. Fernando de la Riva  estuvo genial con su “Participación social 2.0 TICs y redes sociales para la inclusión”, invitando a las organizaciones a abrirse a los nuevos tiempos, a contribuir al cambio de paradigma social que estamos viviendo y a sumarse a las redes sociales y a las nuevas prácticas socio-tecnológicas. Le siguió David Díez Sánchez, de la Fundación Neuronilla, con sus “Estrategias para optimizar la creatividad en inclusión social”, que nos hizo pasar un rato muy interesante y divertido, desaprendiendo y aprendiendo entre dibujo y dibujo. Después del descanso les tocó el turno a Silvia R. Guarnieri, de la Escuela Europea de Coaching  y a Paula Farias, expresidenta de Médicos Sin Fronteras, con una reflexión muy interesante sobre “La Confianza como herramienta de desarrollo”. Destaco aquí la pregunta que una asistente realizó a Paula Farias (con relación a su experiencia en Chipindo, Angola): ¿Cómo haces para poder actuar en un lugar en el que mueren diariamente 30 niños de hambre, sin que eso te afecte? (En el preciso instante que vi la sorpresa en los ojos de Paula, otra pregunta se formó en mi mente ¿Y cómo nos lo montamos nosotros para poder actuar en un mundo en el que mueren de hambre alrededor de 25 mil niños al día, sin que eso nos afecte?)

Justo antes del descanso para la comida (íbamos con 30’ de retraso), llegó mi breve y briosa reflexión, invitando a observar los peligros de la (sobre)protección con “Amores k Matan”. Deseo agradecer, desde aquí, la excelente acogida y sintonía, alcanzada en tan sólo media hora, culminada en la gran emoción colectiva que desató el corto de Alejandro Correa Alzate, “La Soprano”.

En resumen: una mañana muy rica en descubrimientos, encuentros, intercambios e impresiones… y la total y absoluta confianza de que estas Jornadas sirven, y mucho, para mejorar continuamente las buenas prácticas y las intervenciones destinadas a facilitar la inclusión de los más desfavorecidos a una sociedad. Tenemos el vídeo de la ponencia en fase de producción. En cuanto esté listo, lo colgaremos en la web de noûs.

2.

Habíamos decidido liberarnos de compromisos y regalarnos una tarde paseando bajo las magníficas sombras del Parque del Retiro y para contemplar, de paso, Todos los Bosques del Mundo sin salir de él, a través de la exposición fotográfica, comisariada por nuestro -gracias a cómo se comparte- gran naturalista Joaquín Araujo.

Llegamos a sus puertas empapados de sudor, después del largo recorrido por La Castellana y Serrano. Justo en la entrada vimos unos guardas y preguntamos. Nada. Ninguna exposición fotográfica. Da igual, aprovecharemos las sombras y el frescor. Tiempo para vagar. Para no hacer nada. Para contemplar. El Retiro es un pulmón imponente que al principio respira como rugiendo, en ese constante pulsar de la ciudad que lo circunda… pero a medida que te adentras en sus entrañas, te alcanzan su calma y sosiego. Nos sentamos en una terraza en busca de algo fresco para tomar… y allí reflexionamos con más profundidad sobre el tiempo y de nuestra relación con él. Cuando pienso en estas cosas hay algo que casi siempre acude a mi mente: alternancia y ductilidad. Creo que nuestra relación con las cosas debe tender, siempre, hacia el máximo respeto y consideración, con lo que implica de atención al contexto, a la realidad que percibimos y a un montón de parámetros más. Así que, debe haber momentos para todo y hemos de ser suficientemente flexibles y dúctiles como para adaptarnos con facilidad y adecuarnos al entorno, con ternura y respeto. Momentos para el brío, la vehemencia, y para el exponer calmado, momentos para la meditación, para la reflexión, para ritmos desenfrenados y también para deambulares contemplativos. Somos nosotros los que debemos decidir cómo adaptarnos a cada situación, cómo relacionarnos con ella, con qué ritmo, con qué profundidad, con qué amplitud, con qué actitud, desde qué perspectiva…

Seguimos paseando, ahora ya mucho más reposados y, de repente, nos encontramos frente las inmensas fotografías de los Bosques del Mundo (¡así que estaban allí!). En una de las primeras imágenes, un imponente árbol, con sus raíces en el aire, y una reflexión de Joaquín Araujo sobre ese todo que forman ramas y raíces, me trasladan de nuevo a la alternancia, esta vez entre el Ethos (emisor, actor, que expresa o actúa) y el Pathos (paciente, receptor pasivo del otro o de lo otro)… Una bella forma metafórica para expresar, una vez más, la necesidad de alejarnos de nuestra tendencia a la disyunción y disgregación y encaminar nuestros pasos hacia una actitud más copulativa, integradora: somos tanto lo uno como lo otro y en cómo los (y nos) alternamos se halla uno de los quids de la cuestión. Y como hay que tener tiempo para todo, toca dar por terminada la reflexión de hoy y prepararme para un fantástico evento: el encuentro anual entre los italianos de la comarca de Osona… Un placer salpicado de risas y personas de excelente calidad. Un verdadero lujo: vamos p’allá!

Anuncios

Read Full Post »

Después de muchos días con la prioridad puesta en otros menesteres, incluido el de sanar un resfriado de campeonato, y sin haber tenido tiempo para poder dedicarme al blog, adelanto un artículo que escribí para la revista Salud Vital en el año 2007, mientras me dedico a redactar un post futuro en el que poder presentaros, con la máxima profundidad que se merece, el hermoso proyecto de noûs-formación, al que tengo el honor de contribuir. Confío en que os resulte interesante:

Las emociones generan una serie de substancias químicas que pueden resultar adictivas. Aprender a controlarlas forma parte del proceso de mejora y crecimiento personal.

Las emociones son respuestas adaptativas, necesarias para la supervivencia, e  implican a todo nuestro organismo. Según los neurocientíficos, son la respuesta fisiológica, orgánica, automática y química que generamos ante los estímulos externos o situaciones. Solemos confundirlas con los sentimientos, aunque éstos sucedan, en realidad, en el ámbito mental.

Todos los seres, cuando nacemos, somos tiernos, dúctiles e impresionables. O sea, que llegamos a la vida perfectamente equipados para el aprendizaje. Imaginemos nuestro cerebro como un prado de trigo dorado. Un campo virgen que van a recorrer las primeras neuronas en forma de niños jugando al escondite. Si lo vemos desde arriba, observaremos que los niños, cuando pisan el trigo por primera vez, abren pequeños caminos. Estos senderos, abiertos completamente al azar, son los mismos que luego utilizarán para llegar más rápido a su destino, en forma de atajo. Y en este recorrerlos una y otra vez, están creando lo que llamamos la zona cómoda o de confort, el camino recurrente, el de la costumbre y la posible adicción. Estos caminos o senderos también contienen los estados emocionales, junto con su carga química, que recorremos cada vez que vivimos situaciones parecidas a las que hicieron el trazado en nuestro cerebro.

Cómo creamos una zona cómoda

Imagínate que alguien te trata injustamente o de forma inadecuada. Sientes cómo hierven tus emociones y cómo crecen el enfado, la rabia y la ira dentro de ti, pero callas y no dices cómo te sientes ni pides que cambie su forma de actuar.

De esa manera, activas la química de la represión, impotencia y frustración, haciendo que ese malestar inicial se vuelva contra ti y aparezcan la queja y el lamento: “Siempre me pasa lo mismo, no tengo carácter, soy débil, todos abusan de mí, soy una persona muy desgraciada, incomprendida, nadie se imagina lo que sufro”.

Como consecuencia de todo ello, nuestro cuerpo produce la química de la tristeza y el pesimismo, tan dulce, tan cómoda y, por tanto, tan adictiva y peligrosa: “Siempre será así, tendré que acostumbrarme.”

Si quieres conocer cuáles son tus zonas de confort emocionales, reflexiona sobre tus sentimientos:

  •  ¿Te enganchas con facilidad a pensamientos tristes y pesimistas?
  • ¿Acostumbras a quejarte y a lamentarte por todo?
  • ¿Te callas ante lo que consideras injusto y luego te refugias en el silencioso “pobre de mí”?
  • ¿Te enciendes con facilidad, tiendes a reaccionar a la brava para luego culpabilizarte?
  • ¿Cuál es tu sentir más íntimo, cuáles son tus sentimientos más habituales?

No olvides que…

  • Las emociones generan drogas químicas que modifican nuestro organismo.
  • Estas drogas actúan internamente haciendo que nos sintamos y actuemos de una determinada manera.
  • Nuestro organismo tiende a acostumbrarse a sus drogas internas, volviéndose adicto a ciertos estados emocionales.
  • Ser adicto a estados emocionales que nos potencian y fortalecen no es lo mismo que ser adicto a los que nos menguan, limitan y debilitan

Atrévete a salir. Para evitar zonas de confort emocionalmente negativas, prueba con lo siguiente:

Sal de tu zona cómoda: revisa tus emociones y comportamientos más habituales.

Abre nuevos senderos: atrévete con nuevas maneras de ser, de hacer y de estar (y de pensar, de ver, atender, escuchar…).

Tómate la vida con humor: diviértete con lo que haces y mira el lado positivo de las cosas.

Despierta tu creatividad: pon en marcha tu imaginación, intenta realizar lo irrealizable y ver las cosas desde ángulos distintos.

Revisa de vez en cuando tus comportamientos, habituales o no, y cambia lo que desees mejorar.

Si deseas contribuir con tus comentarios, serán muy bienvenidos… Gracias por tu atención y que tengas un gran día!

Read Full Post »

La idea de vernos a nosotros mismos como el laboratorio más cercano, más a mano e inmediato, además de decentemente dotado, me parece cada vez más práctica, adecuada y oportuna para la experimentación y  el entrenamiento, que causan la modificación e integración de todo lo que vamos conociendo y aprendiendo. En ese vernos a nosotros mismos como laboratorio, nos metaposicionamos y nos distanciamos de las emociones básicas, las de primer nivel, a la vez que activamos una mirada un poco más objetiva y amplia, accediendo a más recursos y posibilidades, impulsados por la curiosidad que se dispara en ese tiempo que nos concedemos para el cuestionamiento y el descubrir.

Tiempo para el silencio, para la mirada interior, para las preguntas… Espacio para estar en soledad, para sumergirnos, para la introspección, para la mirada desapegada de toda intención o propósito, en ese ser y no-ser (contenido/continente, emisor/receptor) que pulsa en las esferas. Espacio y tiempo que, en caso de no concedernos, dificultarían -hasta impedir- la comprensión, el aprendizaje y, sobre todo, la coherencia de nuestros actos en ese “todo conocer es hacer y todo hacer es conocer” que nos proponen Humberto Maturana y Francisco Varela (El Árbol del Conocimiento) y, consecuentemente nos desautorizarían moralmente para transmitir ciertas ideas, teorías y ‘conocimientos’.

Hay que reivindicar la originalidad, lo genuino, lo innovador y creativo…  conscientes de que ello requerirá un proceso de interiorización y de experimentación, de tiempo y espacio, perfectamente observables y evaluables a través de actitudes, de formas de ser, de estar y de hacer, que llevan impresos el signo de la sabiduría y, por ende, el de la humildad. Hemos de acostumbrarnos a establecer sistemas de evaluación de la calidad en estos campos tan escurridizos como son todos los relativos al desarrollo humano (desarrollo personal, liderazgo en todas sus variantes, coaching en todas sus variantes, inteligencia emocional en todas sus variantes…). Como dice nuestro amigo Jesús, verdadero experto en temas de Calidad y Excelencia: “La norma normaliza…” Y así es y debe ser. Hay códigos, normas éticas que atañen a nuestra conducta y que miden o deberían medir el grado de calidad profesional según el nivel de coherencia entre lo que se dice y lo que se aplica o hace. (Una cierta comunión entre el qué, el quién, el cómo, el para qué, el por qué, el cuándo, el dónde…).

Hace unos pocos días, me enteré, de una manera absolutamente casual, del pequeño escándalo que se había generado alrededor de un joven divulgador, periodista y escritor sobre temas de desarrollo personal, acusado de “copia y pega” en uno de sus artículos publicado en El País. No es mi intención enjuiciar o publicitar este tipo de comportamientos citando nombres, pero sí, en cambio, abrir una reflexión sobre esa tendencia, creciente, de hablar y escribir sobre temas en los que uno no ha podido o no ha querido profundizar. Tuve la oportunidad de ver al autor del plagio en una conferencia hace ya casi un año. No recuerdo muy bien el título de la charla, aunque sí recuerdo que fui con muchas ganas y con la ilusión de encontrarme con nuevas propuestas, tanto por la juventud del ponente (y la fama que le precedía) como por la apuesta de los emprendedores que lo habían invitado. Llegó con más de una hora de retraso y muy acelerado… Nos puede pasar a todos, pensé en un primer momento, aunque luego nos dio a entender que esa prisa y aceleración eran algo habitual en él.

Ahí empecé a darme cuenta de que nuestra relación con el tiempo y su manejo era algo que debíamos empezar a considerar como sistema de evaluación en estos temas, digamos, más ambiguos y abstractos… y que había, y hay, muchas personas que se dedican a acumular y a transmitir información (conocimientos, los llaman) sin procesarla, induciendo sin pretenderlo a una mayor confusión sobre lo que pretenden enseñar.

Interiorizar el conocimiento y hacerlo nuestro estableciendo relaciones, aprehendiéndolo, integrándolo en nuestro quehacer diario, con la mirada puesta en nosotros mismos, además de en el contexto con el que interaccionamos e interactuamos. A lo largo del proceso de experimentación y aprendizaje, el conocimiento se transforma… cambia de forma, incluso a veces de nomenclatura, adaptándose a nosotros a través de lo vivido y descubierto en su observación.

Si queremos ser originales, atrevidos e innovadores, debemos ir mucho más allá de lo que nos proponen algunos de divulgadores ‘famosos’, que en muchos casos sólo saben repetir (cortar y pegar) lo que algunos han descubierto, sin haberlo experimentado en sí mismos… y convertirnos en ‘laboratorios vivientes’: ello garantizará siempre la originalidad en nuestras obras y nos otorgará una cierta autoridad moral para luego  hablar de ello.

¿Con qué autoridad moral podemos hablar de respeto y de responsabilidad, entre otras cosas, si llegamos con retraso, resoplando, explicando que nos hemos confundido y confesando que no tenemos ni idea de cuántos minutos va a durar nuestra exposición? ¿Qué podemos interiorizar si vamos todo el día con el cohete enchufado? ¿Cuánto tiempo dedicamos a experimentar y a poner en práctica, para poder comprender aquello que explicamos luego en las aulas y centros de conferencias?

He encontrado esta fantástica cita de Paul Valéry, en el blog de Joselu, profesor de secundaria: “Nada más original ni más personal que nutrirse de los otros. Pero es necesario digerirlos. El león está hecho de cordero asimilado”… Dí que sí! Crecer por intususcepción, of course ;-)!

Read Full Post »

La audacia es una cualidad, es el empuje, el valor, el esfuerzo del ánimo, la determinación, la capacidad de resolución, la firmeza de carácter… Confucio, filósofo y místico chino, dice: “Conocer lo que es justo y no ejecutarlo, demuestra falta de valor, falta de audacia”. En realidad la persona audaz emprende acciones, que podrían parecer poco prudentes (a ojos de los que hayan considerado pocos parámetros), a partir de un análisis muy sereno de la realidad, de las posibilidades de conseguir un bien y de la percepción de sus riesgos, sus costes y posibilidades de acción. La audacia no tiene nada que  ver en tomar decisiones poco prudentes. La audacia llega después de un profundo  análisis de la situación y del contexto, de una seria reflexión sobre la cuestión, de una elección entre las posibles acciones y de la determinación de emprenderlas, a pesar de la dificultad que puedan comportar.

Es audaz el que toma una decisión, después de la debida reflexión, por difícil que resulte su realización. Es audaz el que, una vez balanceados los beneficios y los costes de una acción determinada, le emprende con entusiasmo y confianza. Lo es, también, quien -siempre luego de la reflexión y la ponderación- se lanza, a pesar de las dificultades entrevistas. La audacia es como un tipo de atrevimiento mesurado, en absoluto imprudente, para emprender acciones inteligentes a modo de apuesta, y que exigen un esfuerzo extra debido a la incertidumbre de los resultados. Todo esto me hace pensar que nos falta un poco -mucha- audacia en todos los aspectos que creemos que podrían funcionar mejor. Atreverse a hacer, a proponer, a mojarse, a meterse, a decidir, a ir más allá de lo establecido o considerado normal. Nuestra sociedad actual, en plena crisis de valores fundamentales, con esta visión superficial, adormida, acomodada y frívola de la realidad, pide un esfuerzo muy grande para salir de la mediocridad en la que estamos instalados. Pide audacia a gritos. La pide a los políticos, para que sean verdaderos ejecutores de programas destinados a mejorar la vida de aquellos que representan, con la premisa de que tendrán que considerarla toda -incluso la de los no nacidos- y no sólo ese ‘día a día’ lleno de soluciones para ‘salir del paso’ o para ganar las próximas elecciones. La pide a los emprendedores y empresarios, para que sean capaces de innovar y de aventurarse en las travesías del cambio. La pide a los artistas y creativos en general, para encontrar nuevas formas de atrapar le atención, para hacer llegar mensajes que transformen y enriquezcan a los receptores de sus expresiones artísticas. Nos la pide a nosotros, porque sin audacia difícilmente podremos emprender nuevas metas y objetivos.

La audacia nos permite ir más allá, evolucionar y mejorar. Entonces… ¿Cómo es que no somos audaces? ¿Por qué nos da tanto miedo dar el primer paso, a pesar de saber, después de tanta reflexión, que las cosas podrían ser mucho mejor si las hiciéramos de otra manera?

Esta mañana he recordado que hace unos años, después de las revueltas juveniles y la quema de coches, el gobierno francés se había propuesto enseñar qué era el respeto en las escuelas y que no habían encontrado la forma… ¿Qué nos pasa? ¿Cómo es que nos frenamos con tanta facilidad? ¿De qué tenemos miedo? ¿Qué nos impide tener una poco más de audacia y atrevernos con fórmulas innovadoras, más adecuadas al momento actual? ¿Tememos ser políticamente incorrectos? ¿Tememos más al qué dirán que a seguir empeorando las cosas?

Read Full Post »

Llevo poco más de dos semanas en twitter. Sí, ya sé que me he incorporado un poco tarde. Pero somos nosotros y nuestras circunstancias… y lo hice, empujada por la fuerza de la juventud que me rodea. Lourdes, tienes que estar en twitter, alucinarás! Y ahí estoy. Alucinando pepinos, as usual. Los que me conocen y me quieren bien, saben de mi ingenuidad y de mi capacidad de disfrute hacia todas estas cosas. Imagino que el hecho de haber estado casi dos años dedicada a gestionar y dinamizar cursos on-line en plataformas moodle, influye mucho en ese sentirse como en casa por los entornos virtuales (¡hemos llegado al extremo de montar una cafetería virtual, decorarla y dotarla de personal altamente cualificado!). Me gusta en mundo de la red. Lo confieso: soy una entusiasta. Llevo trabajando con ordenadores desde 1984 y conectada desde ’95. El teclado es mi scotch-brite… no puedo estar sin él.

Foto de Kropelki

Foto de Kropelki

La red nos conecta y está haciendo posible, a pesar de tanta histéresis, una revolución lenta y silenciosa. Nada que ver con el Norte de África… aquí estamos demasiado acomodados como para salir a gritar y pedir un cambio. No. La revolución acontece sin casi darnos cuenta… y es interior. Sucede dentro de cada uno de nosotros. La fuerza de la red se expresa divinamente en este proverbio etíope que ayer descubrí en twitter “When spider join their webs, they can kill a lion.” (Cuando las arañas unen sus telas, pueden matar a un león) de @AATEthiopia. No estoy hablando de lucha: hablo de cambio, del cambio que está produciendo el acceso a la información. ¿Qué todo va muy lento y que tanta información puede incluso  provocar el efecto contrario? Of course! ¡Claro que sí! como diría mi amigo Miguel. Los datos están ahí. Llamadme ilusa, pero soy de las que todavía cree en las personas y en el inmenso potencial que tenemos todos por desplegar, en el abanico de oportunidades que espera ser descubierto… ¿y cómo se traduce eso? Pues en que las personas, esas que navegamos por océanos de incertidumbre buscando islas de oportunidades, no somos tan tontas y que vamos a ser capaces de gestionar este brutal acceso a la información y organizarnos entre tanto caos; que las personas sabemos dónde y qué buscar y que… a medida que vamos ejerciéndolo, vamos aumentando nuestro criterio.

Esto para empezar. Pero hay más. Puede que mi mirada influya en lo que encuentro, de hecho estoy segura de ello. Pero lo que veo es que hay mucha generosidad en la Red (¡nunca en toda la historia de la humanidad habíamos compartido tanto!), que circulan muchos artículos y muy buena información sobre nuevas maneras de entender y ver las empresas, organizaciones e instituciones, así como nuevas formas de gestión y exigencias para los perfiles de sus responsables  y gestores (actualizadas para los nuevos tiempos): se habla -y mucho- de liderazgo, de transversalidad, de colaborativismo, de motivación, de nuevos emprendedores, de innovación, creatividad, valores… Y esto, para una nómada como la que os habla, con  14 años sumando batallas para conseguir esos mismos objetivos en las empresas… ¡qué queréis que os diga! Pues que me llena de ilusión y de esperanza. La pérdida de talento sucede, y sucederá, precisamente por estos motivos: las personas, hoy, sabemos mucho más que ayer y no estamos dispuestas a ser cómplices de las viejas formas al uso entre algunos de los individuos alfa que todavía nos rodean.

Así que cuidadín con las viejas maneras de interactuar y de interrelacionarnos. Avanzamos, ni que sea poco a poco,  hacia la transparencia y la interconectividad y ello va a exigir grandes cambios y transformaciones a los más rezagados que, en muchos casos, tienen -además-  parte de responsabilidad en la tremenda crisis española. La solución está en manos de todos: en nuestra coherencia, en nuestra capacidad de empuje e ilusión por lo que hay por construir y en ese inmenso poderío que se desprende del compartir. Avanti! tweet!!

Read Full Post »

Finalmente he acabado el trabajo final del diplomado. Estamos a 3 de marzo de 2011 y, para mí, hoy empieza el año. No digo que no haya vivido a lo largo de todo este tiempo, no. Estuvimos en Berlín un fin de semana y algún que otro día por Barcelona. Poco más. El resto, encerrada en el despacho de casa (muy hermosa), con un cartel de se vende colgando en dos de sus balcones. Mucho frío afuera (pueblo pequeño a 640 m. de altura, en el Pre-pirineo catalán) y muy a gustito dentro. Trabajando, estudiando, leyendo y… navegando para empezar a familiarizarme, de paso, con el Twitter. (Cuando quería desconectar de los estudios on-line, me conectaba!)

Descubrí esta palabra en el diplomado de transformación educativa. Histéresis. Enseguida me sedujeron su sonoridad y sus formas. Rápidamente consulta al drae on-line: Histéresis, del griego ὑστέρησις (retraso). f. Biol. y Fís.: Fenómeno por el que el estado de un material depende de su historia previa. Se manifiesta por el retraso del efecto sobre la causa que lo produce.

Y como vengo de nueves meses (un auténtico embarazo!) de profundas inmersiones en el campo de la complejidad, no pude evitar un encuentro con la ‘pauta que conecta’: pues, en tanto que materia orgánica, nosotros también estamos aquejados de una cierta histéresis. ¡Hay que ver la lentitud con la que suceden los cambios y lo que nos cuesta poner en acción las cosas que leemos y oímos, esas que tanto nos gustan sobres nuevas maneras de hacer, dirigir y liderar!

Nuestra sociedad padece una fuerte histéresis, que no tiene nada que ver con histeria… aunque, vistas como están las cosas en este país nuestro, puede que lo uno nos lleve a lo otro. El tejido empresarial y emprendedor de este país tiene que despertar y empezar a actuar para cambiar las formas de entender y plantear los negocios y las empresas. Más locura innovadora. Más apuestas atrevidas. Menos programas y más estrategias para abrir el arco de los posibles… No podemos esperar que los políticos comprendan y se pongan al día, no (ellos andan todavía peor que nosotros con eso de la histéresis).

Decían Humberto Maturana y Francisco Varela en “El Árbol del Conocimiento”: “Todo conocer es hacer y todo hacer es conocer” o, lo que es lo mismo, que de nada nos sirve saber algo si luego no lo aplicamos.

Bueno, basta por hoy, que ando con mucho trabajo acumulado y retraso (histéresis, Lourdes!), con muchas ganas de darle brío a ese blog y de ponerme también con ese trabajo colaborativo tan chulo que estamos realizando un grupo de amigos en el campus virtual…

Read Full Post »

Quizás suene un poco heavy ese ‘a través de las dificultades hacia las estrellas’, pero es justo lo que siento en este instante y… qué queréis que os diga, me encanta como suena esta frase, que tantas veces oí en boca de mi suegro Carlo y que todavía me repite alguna que otra vez su hijo, cuando me ve peleando con textos, estudios y, sobretodo, con la tecnología… El esfuerzo y la dificultad, de las que tanto huimos, son justamente las responsables de nuestro empoderamiento y capacitación; el camino que hay que degustar para llegar a alguna parte. Esas estrellas o éxito que alcanzaré cuando consiga, entre otras cosas, manejarme con total frescura y casi automatismo por el Twitter…

He desconectado un rato del trabajo sobre la Complejidad y he entrado en la red para familiarizarme un poco con esa nueva, para mí, herramienta. Me parece fantástica (vaaale: soy una entusiasta de las nuevas tecnologías, lo confieso, aunque a veces me cueste manejarme con ellas), sobre todo cuando intuyo esa fuerza imparable que emerge de las Redes Sociales… Algo que parece que ya intuyó el fantástico Isaac Asimov en 1988 (el año en el que monté mi primera empresa… uff, cuánto ha llovido!).

Hoy me siento muy feliz y creo que buena parte de culpa la tiene esta red de redes y las magníficas personas que me rodean, repartidas por todo el territorio español. Hace un momento, he entrado en Linkedin (¡hacía tanto!) y me he reencontrado con Emilio Márquez, al que no conozco en persona pero que siento muy cercano, siempre dispuesto a echar una mano, y que también sabe de esas asperezas de la vida y de las estrellas que se alcanzan cuando las vamos superando…

¡Cuánta buena gente dispuesta a ayudar! Eso me recuerda los malentendidos que hay alrededor de la bondad y como no tengo otra forma de corresponder que no sea a través del teclado… ahí va algo que llevo años compartiendo por las empresas y con los pacientes y entusiastas asistentes a mis charlas y cursos… en forma de un artículo que escribí para Salud Vital en el año 2006 (he reducido un poco la longitud, lo podéis descargar entero en la web epoche: artículos)

¿Buenas Personas?

Llamamos buenas personas a aquellos que no tienen nunca un no, a los que aguantan lo que les echen, tratos indignos incluidos, a los que nunca reclaman o a los que callan y otorgan, a los que consienten, a los que ‘se sacrifican’… Pero ¿son, en verdad, buenas personas?

Excelente, bueno, mediocre, malo, pésimo… son los adjetivos que acostumbramos a usar cuando queremos aludir a la calidad de algo. O sea, que cuando decimos que algo es bueno, lejos de lo que nos pudiera parecer, no estamos diciendo que ese algo sea ‘santo’, sino que tiene un buen grado de calidad. Y tanto la bondad como la maldad pertenecen a esa misma categoría: a la de la calidad.

La calidad de las personas y de las cosas, tienen los mismos medidores, veamos pues algunas de las cualidades que podríamos exigirle a una buena máquina (producto, servicio…) que deseemos adquirir…  un coche, por ejemplo:

  • potencia: impulso, fuerza, resistencia…
  • seguridad: fiabilidad, flexibilidad, firmeza, capacidad de adaptación y de respuesta…
  • comodidad: confort, espacio, adecuación…
  • elegancia: discreción, armonía, cumplimiento holgado…
  • ecología: consumo moderado, optimización de recursos y materiales…
  • garantía: confianza, soporte, mantenimiento, atención, presentes y futuras…
  • inteligencia: capacidad para relacionar y conjugar conocimientos con el objetivo de ofrecer las mejores soluciones… (la inteligencia en este caso no se la pedimos a la máquina en sí  sino a los que la han diseñado)

Las personas buenas de verdad saben decir no cuando toca, no son débiles, puesto que conocen sus puntos más frágiles y se los trabajan: afrontan con valor las situaciones más difíciles y las superan. Se respetan y extienden ese respeto hacia el otro, no consienten tratos indignos ni para ellas ni para los demás, reclaman cuando tienen que hacerlo y no se callan ante las injusticias. Saben hacia adónde se dirigen (han elegido su camino), cultivan valores humanos, son maduras, enteras y ello es, precisamente, lo que las convierte en personas de valor, en buenas personas, en personas íntegras.

La integridad o enteridad (por personas ‘enteras’) se expresa cuando coinciden, entre otros, los valores: rectitud (sentido, dirección, coherencia…), ecuanimidad (equidad, equilibrio, justicia, serenidad…), honradez (dignidad, consideración, miramiento, atención…), firmeza (fuerza, consistencia, estabilidad, solidez, seguridad…), elegancia (austeridad, desenvoltura, gracia, discreción, delicadeza, estilo, respetabilidad…), fiabilidad (confianza, capacidad de respuesta, responsabilidad…), humildad (flexibilidad, adaptabilidad, interés hacia el aprendizaje constante, sentido del humor…)

Las 12 “C” (de Calidad) de la buenas personas

  1. Capacidad: se enriquecen y amplían su capacidad a través de la formación y el aprendizaje continuados
  2. Carácter Elegido: deciden cómo quieren ser, eligen su comportamiento y sus propios valores
  3. Claridad: son claros y transparentes porque conocen el peligro de los malentendidos (que ocurren en el 95% de los procesos comunicativos)
  4. Comprensión: abrazan, rodean por todas partes la cosa hasta alcanzar su entendimiento, que aprehenden y aplican en sus relaciones
  5. Compromiso: se responsabilizan, se obligan al cumplimiento de aquello que han decidido
  6. Comunicación: comparten, atienden, se interesan, escuchan y se expresan sin juicios previos ni condicionantes
  7. Confianza: confían, de manera razonable, en sí mismos y en los demás; no defraudan, cumplen las expectativas o aquello que se espera de ellos
  8. Conocimiento: entienden, saben, consideran… y hacen, impregnando sus acciones de ese conocer
  9. Consideración: examinan atentamente, tienen por costumbre obrar con meditación y reflexión, reciben y ofrecen atención y respeto
  10. Constancia: son perseverantes y no se detienen a pesar de los contratiempos y las adversidades que les surjan, insisten y se esfuerzan para alcanzar sus propósitos
  11. Coraje: tienen valor, son valientes, actúan con decisión y esfuerzo de ánimo
  12. Coherencia: congruencia entre lo que dicen y lo que hacen, lo que les otorga gran fiabilidad…

Las buenas personas se construyen poco a poco, día a día, como toda buena obra, con materiales de calidad, con un buen empleo de los recursos, con una buena planificación, mucho esfuerzo y mucha ilusión. No pierden tiempo en lamentaciones ni se permiten perturbaciones anímicas, puesto que son inteligentes a la hora de gestionar sus emociones, de la misma manera que no se entretienen en cosas que no valen la pena, porque saben lo que quieren y trabajan muy duro para conseguirlo.

El resultado es que a su lado nos sentimos a gusto, cómodos, sentimos que podemos confiar en ellas, nos sentimos distinguidos con su trato, abrazados por su halo, influenciados por su buen humor, por su ilusión y por su exquisitez y humildad, ya que, al ser conscientes de todo lo que les falta por saber, se interesan, escuchan y procuran atender con la máxima consideración.

“Nunca el hombre parece tan grande como cuando confiesa su pequeñez, ni para nada se necesita más fuerza que para ser humilde” (Concepción Arenal)

Os dejo con el gran Isaac Asimov… Que tengáis unos días excelentes!!

Read Full Post »

Older Posts »

A %d blogueros les gusta esto: