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Posts Tagged ‘complejidad’

 

Hace ya tiempo que quería escribir sobre la asertividad y explicar, desde mi humilde opinión, en qué consiste este palabro tan confuso y complicado para una gram mayoría

Asertividad viene de aserto o afirmación del ser que se expresa… si bien las cosas no acostumbran a ser tan simples como aparentan, puesto que no implica decir sí a todo ni soltar lo primero que nos viene a la cabeza.

La asertividad es una de las habilidades adaptativas que más contribuyen a nuestra evolución y, por tanto, requiere de un largo período de entrenamiento hasta alcanzar un cierto dominio, ya que juegan en su contra infinidad de emociones, instintos primarios… y los prejuicios y creencias irracionales que desarrollamos a través del proceso de culturización y de cómo vivimos las experiencias.

Un buen dominio de la asertividad nos capacita no sólo para expresar nuestras opiniones, sino para hacerlo con adecuación al momento, a la persona y a la situación en sí. Ello requiere de un buen gobierno y administración de nuestro estado emocional, del entorno, de la oportunidad y del tiempo. Es por ello que, con toda probabilidad, nos resulta tan difícil: son muchos los parámetros que hay que considerar para ser asertivos (y de eso trata la complejidad).

La asertividad se asocia a una tabla de derechos asertivos, que iré desgranando en próximos post, aunque me inclino a verla más como un ejercicio de nuestros deberes, en tanto que ciudadanos, que como meros derechos (que conste que no es por llevar la contraria, jejeje…): tenemos no sólo el derecho de reclamar sino que tenemos la obligación de hacerlo cuando vemos que un servicio no está a la altura de lo que nos merecemos como personas.

 

Deber/Derecho a reclamar y quejarnos cuando lo consideramos oportuno

Asertividad1Elegancia, respeto, consideración… y firmeza en la puesta en acción de nuestros deberes/derechos, otorgan mucha más fuerza a nuestras reclamaciones que una simple pataleta, casi siempre en caliente y fuera de tono.

Voy a poner un ejemplo vivido en primera persona hace unos pocos meses, cuando estaba ingresada debido a un quiste hepático. Estaba en una habitación compartida. Mi compañera había sufrido un traumatismo en el pie (un autobús había invadido el andén peatonal y se lo había enganchado con la rueda, destrozándoselo). Llevaba casi cuatro meses ingresada, múltiples operaciones y se encontraba justo a mi lado con la fisioterapeuta que la ayudaba con la rehabilitación. Teníamos la televisión puesta con el volumen muy bajo. En aquel momento entró una patóloga para visitarme. Era muy joven y la primera vez que la veía. Corrió la cortina de separación y, casi en seguida, pidió que bajáramos el volumen de la televisión. Lo hicimos un poco extrañadas, porque apenas se oía. La fisioterapeuta, una excelente profesional, muy dulce y humana, le preguntó a mi compañera de habitación, con voz queda, si le dolía. La patóloga abrió la cortina y les dijo que ella era la doctora que me estaba visitando y necesitaba silencio. Cuando se giró hacia mí empezó a hacer unas muecas extrañas, por grotescas, y fuera de lugar. Ellas siguieron hablando muy flojito y “la doctora” volvió a insistir de malas maneras. “¡Mientras yo esté aquí, que soy una doctora visitando a mi paciente, no habla nadie!”. Me quedé helada, pero no dije nada. Me preguntó. “¿Ha perdido peso, sin causa aparente, alguna vez?” Empecé a responderle que sí, que hacía unos años…

Me interrumpió con un resoplido y muecas varias. “Le he preguntado si hace poco ha perdido peso.” Volví a insistir en que sí, que había tenido varios episodios de pérdida de peso bruscos y sin causa aparente… Me volvió a interrumpir esta vez con muecas de hartura y tono airado: “¿en los últimos 5 meses ha perdido más de 5 kilos sin causa aparente? “No”, fue mi seca y fría respuesta. Días después, horas antes de que me dieran el alta, fui a por una hoja de reclamaciones y describí el episodio con todo detalle, añadiendo que aquella médica, con su nombre y apellidos, no me parecía apta para el puesto que ocupaba, por maleducada, por falta de capacidad de escucha, empatía y poco profesional, ya que si me hubiera escuchado habría tenido muchas más probabilidades de acertar el diagnóstico. Me consta que recibió una amonestación por parte del director de su departamento y a los pocos días recibí una carta de agradecimiento por parte del servicio de atención al cliente del hospital.

Las reclamaciones y quejas son una parte importante de la asertividad y cumplen con una acción cívica de mejora de nuestra profesión, aunque a veces nos duela. Si en aquél momento le hubiera dicho lo que pensaba sobre su comportamiento puede que ─a pesar de la dosis de adrenalina generada─ hubiera conseguido desahogarme, aunque no habría surtido efecto alguno y, además, hubiera aumentado inútilmente el malestar de mis compañeras de habitación.

Gobernar nuestras respuestas verbales o de acción, considerar todos los parámetros: contexto, estado emocional del otro y/o los otros, tempo, oportunidades de acción (hojas de reclamaciones, en este caso), elegancia y respeto ─que siempre dignifican─, son, sin ninguna duda, artífices de una buena actitud asertiva.

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Llevo mucho sin escribir, sumergida en una cotidianeidad cada vez más compleja y caótica. Actúo, observo y me adapto, de instante a instante, fuera de cualquier marco temporal, mientras las posibles realidades se suceden creando múltiples escenarios de actuación, a cual más verosímil. Me siento en un no-espacio y en un no-tiempo, como una esfera/burbuja flotando sobre un océano de micro-cambios caleidoscópicos organizados y aleatorios. De repente, aquello que parecía que iba a ser de una manera, con un pequeño giro resulta ser de otra.

Los que seguís el blog de esta ciudadana aprendiz, sabéis de nuestras vicisitudes con la venta de la magnífica casa en Sant Pere de Torelló, Can Piu, y el proyecto de permacultura que nos espera en Les Garrigues (Lleida). Pues bien, a los pocos días de escribir el último post, el día de mi cumpleaños, recibimos una llamada del departamento de turismo del ayuntamiento, invitándonos a considerar el hecho de dedicar Can Piu como vivienda de uso turístico, que en el pueblo no había alojamientos… Hacía justo una semana le comentaba al amigo Miguel que no me sentía con energía suficiente para emprender una aventura de este tipo.  La complejidad es así. Todo está relacionado, entretejido… de manera que si una hebra se tensa, todas las demás se mueven y lo mismo cuando se afloja: todo afecta a todo. Me había comprometido a considerar la opción, que significa analizar y reflexionar con mucha atención, y así lo hicimos. Estudiamos las posibilidades y los entornos de este precioso pueblo que nos ha acogido tan amablemente y con tanto cariño a lo largo de quince años y descubrimos, atónitos, un gran abanico por abrir. Hablamos, debatimos, sopesamos ¿Nos liamos? ¡Nos liamos!

Nos dijimos que si lo hacíamos, lo haríamos con ilusión y una fuerte motivación, por lo que debíamos ir más allá de los intereses puramente personales y abrazar, también, los intereses de la comunidad, y hemos encontrado mucho apoyo y aliados que nos han ofrecido su ayuda, también cuando estaba sola y casi no podía andar por una crisis de ciática (el tema de la salud y las simplificaciones que se hacen con ella merecen un post aparte: ¡prometido!): Josep Mª del Molí de la Riera, Isabel y Toni de La Pradella y Carles, del Restaurant Cals Avis, nos han animado y asesorado. El pueblo necesita un impulso turístico para dinamizar la economía, y tiene todo lo que necesita; un entorno de gran belleza paisajística, rutas para ir a pie, a caballo, andando, en bicicleta… zona de vuelo para los amantes aire… y sin posibilidad de alojamiento en el mismo.

Así que ya me veis, intentando cambiar esta realidad, en Can Piu desde hace más de un mes, desmontando habitaciones, desarmando muebles, colocando literas, somieres, colchones, pintando habitaciones, dibujando flores en las paredes, eligiendo colchas, sábanas, decidiendo qué dejamos y qué nos llevamos (y haciendo equilibrios para no fastidiar más la salud, un poco precaria últimamente)… en definitiva, generando caos para que abrir las puertas el sábado 13, justo un mes después de haber tomado la decisión.

¡Y lo conseguimos!

¿Qué pasó con la supuesta falta de energía? Pues que, entre otras cosas, recibió cargas extra gracias a la ilusión y al compromiso. ¿Compromiso? Sí. Uno de los más poderosos motores y fuentes de energía. Cuando nos comprometemos creamos un vínculo muy fuerte que nos empuja a hacer lo imposible para hacerlo posible. El compromiso creado con los habitantes del lugar, con las personas del pueblo que estos tres días de puertas abiertas no han dejado de circular por los interiores de Can Piu, expresando el inmenso cariño que despierta esta casa. Muchos habían venido de pequeños a comprar leche, carne, embutidos caseros… algunos la recordaban muy distinta de cuando venían a jugar con los niños de Can Piu… y todos, todos, se deshicieron en elogios por el trabajo realizado. (¡Felicidades a Antonio, el verdadero artífice de la rehabilitación de Can Piu!). También el sábado 13 hubo un doble motivo para la celebración: tuvimos nuestros 2 primeros clientes… y quedaron tan satisfechos que nos regalaron una de sus delicatesen: Gelea/Jalea de ratafía. Son de Cal Senzill y tuve el privilegio de probar todos sus productos (naturales: sin conservantes ni aditivos) y quedé extasiada por la exquisitez de sabores que consiguen (les compré unos cuantos en la feria). Os invito a visitar su web  y probar sus delicatesen, ¡son sublimes!

Una mención aparte en relación a la inmensa ternura que despierta reencontrarte con fieles lectores y seguidores de tus artículos. Un honor de los buenos descubrir que te conocen, que no tienes secretos para ellos y que, con todo, te siguen apreciando. Han sido días de acción aunque también de mucho recibir: gracias a todos los que habéis estado en apoyo, colaborando, pintando, sudando, moviendo muebles… Mil gracias a todos, sin vosotros no habría sido posible: Liliana, Santi, Ana, Marta, Jordi, Alicia, Jaume, Gavina, Víctor, Pau, Carolina, Sofía, Xavi, Roser… y a todos los que, no pudiendo estar físicamente han estado apoyando desde la distancia. Sois todos unos sunshines.

Son curiosas las derivas que toma la vida… en pocos días puedes pasar de una situación de casi desespero a otra muy ilusionante, en la que todavía queda mucho por hacer y dar el paso más esperado: estar en Les Garrigues, al fin al lado de Anto, y desde allí poderlo gestionar todo.

Desde 1960 sabemos, gracias al meteorólogo Edward Lorenz, que todo está tan íntimamente relacionado que la más mínima variación puede generar grandes e imprevisibles cambios, como hemos podido comprobar en lo sucedido con Can Piu (¡el caos que ha generado una simple llamada telefónica!), aunque habría que matizar mucho este “sabemos” ya que, en general, actuamos como si no lo supiéramos. Parece increíble cuánto nos cuesta acortar la distancia entre el conocimiento teórico y el actuar en consecuencia. Insistimos en aferrarnos a certezas dejando sin experimentar muchas posibilidades, acomodándonos al terreno de lo seguro, y no consideramos las infinitas variables que entran en juego en todas y cada una de las situaciones, hechos, acontecimientos, oportunidades, interacciones…

DSC08863Complejo significa lo que está tejido en conjunto. Somos seres complejos, hechos por otros seres, que nos hacemos a nosotros mismos sin dejar de hacernos unos a otros; somos, a la vez, el productor y lo producido. Somos un conjunto hecho de voluntades biológicas, psicológicas, espirituales, causales, casuales… que tienden a la expansión y a la propagación (fuerza télica), a la vez que se resisten a ella. Nosotros, esta vez, nos hemos inclinado por el cambio y la acción. Y ha sido una excelente apuesta que no tardará en dar sus frutos.

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En un claro intento de ir abriendo mi ventana pública/privada, interrelacionando mundos y superando timideces… Os dejo con el enlace de la ponencia “Amores k Matan“, que tuvo lugar el pasado 15 de junio en el paraninfo del Instituto Internacional (tuve el inmenso honor de estar en un escenario pisado, en su época, por García Lorca), en Madrid, organizado por la Cruz Roja Española, en el marco de las IV Jornada Técnica para el Avance de la Metodología en Intervención Social y las Buenas Prácticas. Y, sí, pasé mucho calor, en parte debida a la cálida acogida de todos los asistentes. ¡Mil gracias a todos!

¿Que pensáis en relación al proteccionismo que, frecuentemente, confundimos por amor? Te invitamos a expresar tu opinión…

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Quizás suene un poco heavy ese ‘a través de las dificultades hacia las estrellas’, pero es justo lo que siento en este instante y… qué queréis que os diga, me encanta como suena esta frase, que tantas veces oí en boca de mi suegro Carlo y que todavía me repite alguna que otra vez su hijo, cuando me ve peleando con textos, estudios y, sobretodo, con la tecnología… El esfuerzo y la dificultad, de las que tanto huimos, son justamente las responsables de nuestro empoderamiento y capacitación; el camino que hay que degustar para llegar a alguna parte. Esas estrellas o éxito que alcanzaré cuando consiga, entre otras cosas, manejarme con total frescura y casi automatismo por el Twitter…

He desconectado un rato del trabajo sobre la Complejidad y he entrado en la red para familiarizarme un poco con esa nueva, para mí, herramienta. Me parece fantástica (vaaale: soy una entusiasta de las nuevas tecnologías, lo confieso, aunque a veces me cueste manejarme con ellas), sobre todo cuando intuyo esa fuerza imparable que emerge de las Redes Sociales… Algo que parece que ya intuyó el fantástico Isaac Asimov en 1988 (el año en el que monté mi primera empresa… uff, cuánto ha llovido!).

Hoy me siento muy feliz y creo que buena parte de culpa la tiene esta red de redes y las magníficas personas que me rodean, repartidas por todo el territorio español. Hace un momento, he entrado en Linkedin (¡hacía tanto!) y me he reencontrado con Emilio Márquez, al que no conozco en persona pero que siento muy cercano, siempre dispuesto a echar una mano, y que también sabe de esas asperezas de la vida y de las estrellas que se alcanzan cuando las vamos superando…

¡Cuánta buena gente dispuesta a ayudar! Eso me recuerda los malentendidos que hay alrededor de la bondad y como no tengo otra forma de corresponder que no sea a través del teclado… ahí va algo que llevo años compartiendo por las empresas y con los pacientes y entusiastas asistentes a mis charlas y cursos… en forma de un artículo que escribí para Salud Vital en el año 2006 (he reducido un poco la longitud, lo podéis descargar entero en la web epoche: artículos)

¿Buenas Personas?

Llamamos buenas personas a aquellos que no tienen nunca un no, a los que aguantan lo que les echen, tratos indignos incluidos, a los que nunca reclaman o a los que callan y otorgan, a los que consienten, a los que ‘se sacrifican’… Pero ¿son, en verdad, buenas personas?

Excelente, bueno, mediocre, malo, pésimo… son los adjetivos que acostumbramos a usar cuando queremos aludir a la calidad de algo. O sea, que cuando decimos que algo es bueno, lejos de lo que nos pudiera parecer, no estamos diciendo que ese algo sea ‘santo’, sino que tiene un buen grado de calidad. Y tanto la bondad como la maldad pertenecen a esa misma categoría: a la de la calidad.

La calidad de las personas y de las cosas, tienen los mismos medidores, veamos pues algunas de las cualidades que podríamos exigirle a una buena máquina (producto, servicio…) que deseemos adquirir…  un coche, por ejemplo:

  • potencia: impulso, fuerza, resistencia…
  • seguridad: fiabilidad, flexibilidad, firmeza, capacidad de adaptación y de respuesta…
  • comodidad: confort, espacio, adecuación…
  • elegancia: discreción, armonía, cumplimiento holgado…
  • ecología: consumo moderado, optimización de recursos y materiales…
  • garantía: confianza, soporte, mantenimiento, atención, presentes y futuras…
  • inteligencia: capacidad para relacionar y conjugar conocimientos con el objetivo de ofrecer las mejores soluciones… (la inteligencia en este caso no se la pedimos a la máquina en sí  sino a los que la han diseñado)

Las personas buenas de verdad saben decir no cuando toca, no son débiles, puesto que conocen sus puntos más frágiles y se los trabajan: afrontan con valor las situaciones más difíciles y las superan. Se respetan y extienden ese respeto hacia el otro, no consienten tratos indignos ni para ellas ni para los demás, reclaman cuando tienen que hacerlo y no se callan ante las injusticias. Saben hacia adónde se dirigen (han elegido su camino), cultivan valores humanos, son maduras, enteras y ello es, precisamente, lo que las convierte en personas de valor, en buenas personas, en personas íntegras.

La integridad o enteridad (por personas ‘enteras’) se expresa cuando coinciden, entre otros, los valores: rectitud (sentido, dirección, coherencia…), ecuanimidad (equidad, equilibrio, justicia, serenidad…), honradez (dignidad, consideración, miramiento, atención…), firmeza (fuerza, consistencia, estabilidad, solidez, seguridad…), elegancia (austeridad, desenvoltura, gracia, discreción, delicadeza, estilo, respetabilidad…), fiabilidad (confianza, capacidad de respuesta, responsabilidad…), humildad (flexibilidad, adaptabilidad, interés hacia el aprendizaje constante, sentido del humor…)

Las 12 “C” (de Calidad) de la buenas personas

  1. Capacidad: se enriquecen y amplían su capacidad a través de la formación y el aprendizaje continuados
  2. Carácter Elegido: deciden cómo quieren ser, eligen su comportamiento y sus propios valores
  3. Claridad: son claros y transparentes porque conocen el peligro de los malentendidos (que ocurren en el 95% de los procesos comunicativos)
  4. Comprensión: abrazan, rodean por todas partes la cosa hasta alcanzar su entendimiento, que aprehenden y aplican en sus relaciones
  5. Compromiso: se responsabilizan, se obligan al cumplimiento de aquello que han decidido
  6. Comunicación: comparten, atienden, se interesan, escuchan y se expresan sin juicios previos ni condicionantes
  7. Confianza: confían, de manera razonable, en sí mismos y en los demás; no defraudan, cumplen las expectativas o aquello que se espera de ellos
  8. Conocimiento: entienden, saben, consideran… y hacen, impregnando sus acciones de ese conocer
  9. Consideración: examinan atentamente, tienen por costumbre obrar con meditación y reflexión, reciben y ofrecen atención y respeto
  10. Constancia: son perseverantes y no se detienen a pesar de los contratiempos y las adversidades que les surjan, insisten y se esfuerzan para alcanzar sus propósitos
  11. Coraje: tienen valor, son valientes, actúan con decisión y esfuerzo de ánimo
  12. Coherencia: congruencia entre lo que dicen y lo que hacen, lo que les otorga gran fiabilidad…

Las buenas personas se construyen poco a poco, día a día, como toda buena obra, con materiales de calidad, con un buen empleo de los recursos, con una buena planificación, mucho esfuerzo y mucha ilusión. No pierden tiempo en lamentaciones ni se permiten perturbaciones anímicas, puesto que son inteligentes a la hora de gestionar sus emociones, de la misma manera que no se entretienen en cosas que no valen la pena, porque saben lo que quieren y trabajan muy duro para conseguirlo.

El resultado es que a su lado nos sentimos a gusto, cómodos, sentimos que podemos confiar en ellas, nos sentimos distinguidos con su trato, abrazados por su halo, influenciados por su buen humor, por su ilusión y por su exquisitez y humildad, ya que, al ser conscientes de todo lo que les falta por saber, se interesan, escuchan y procuran atender con la máxima consideración.

“Nunca el hombre parece tan grande como cuando confiesa su pequeñez, ni para nada se necesita más fuerza que para ser humilde” (Concepción Arenal)

Os dejo con el gran Isaac Asimov… Que tengáis unos días excelentes!!

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Interesante reflexión de José Luis Sampedro, filósofo de la economía. Son alrededor de 15 minutos, pero vale la pena escucharlo y reflexionar… y pasar a la acción. Se nos ha dicho por activa y por pasiva: es hora de madurar, de despertar nuestras conciencias y empezar a movernos, con coherencia, hacia el cambio necesario. Eso sí, antes toca hacernos la gran pregunta: ¿para qué queremos cambiar? ¿hacia dónde queremos ir, en tanto que humanidad/especie?

ver José Luis Sampedro en Attac TV, Vimeo

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El tema de la elección es muy interesante. Por un lado, actuamos con frecuencia como verdaderos autómatas o máquinas que sólo tienen una opción de acción y, por otro, muchos estudios multidisciplinares nos dicen que somos dueños y señores de nuestros actos, y que -en todo momento- podemos elegir la acción más adecuada entre las muchas posibilidades u opciones de acción. Lo dicen todos: la teoría es muy bonita / cuesta mucho / del dicho al hecho… / ya firmaría, ya, pero…

Hay un abismo enorme entre nuestras intenciones y lo que hacemos. Por lo general, después de haberle dado muchas vueltas al asunto y de habernos imaginado una actuación ‘ideal’, nuestras acciones traicionan nuestras intenciones. ¿Por qué es así? ¿Cómo es que existe tanta diferencia entre lo que pensamos y lo que hacemos? ¿Cuáles podrían ser les causas de esa gran distancia entre intención y acción? ¿Qué razones pueden explicar tanta diferencia?

De entrada, lo que salta a la vista ante esta evidencia, es que algo falla en el momento de imaginar la situación futura. La mente, cuando imagina, monta el escenario de acción en base a muchos y muy variados parámetros, relacionados con habilidades cognitivas, o del conocimiento, capacidad de observación, de atención y de interrogación, entre otras. Si no nos hemos trabajado demasiado, si somos de aquellos que creen que “soy como soy… y no hay nada que hacer”, la puesta en escena de la situación imaginada será pobre y sin demasiados recursos. Lo más probable es que la imaginación nos la plantee muy parecida a la de los monólogos: todos las luces enfocando al actor principal y un público (tanto da si se trata de una sola persona) atento, entregado, respetuoso, devoto y concentrado en él, en lo que dice, en cómo lo dice, en lo que hace… Y la realidad, queridos, no es así. La realidad no es ni complaciente ni simple, y muy raramente conseguiremos que el otro esté atento y entregado a  nuestras explicaciones o aplauda nuestras acciones con devoción.

Los escenarios que nos imaginamos para preparar nuestras acciones tendrían que ser mucho más ricos y cercanos a la realidad, más complejos. Cuando contemplo las distintas posibilidades de acción, antes de elegir la más adecuada, procuro enriquecerla con parámetros que la mente, por pereza, comodidad o por ir al grano y atajar (heurística), no contempla. Imagino contextos más complicados, complejos, retadores, difíciles, donde el público deja de serlo para convertirse en interlocutor(es) que, como yo misma, andan bastantes escasos de capacidad para estructurar los mensajes claros, así como para realizar una escucha atenta y entregada: un escenario donde las situaciones no estén tan claras y haya lugar para la incertidumbre… Un poco rollo Murphy: prever varias puestas en escena con los peores escenarios (y los mejores) y que las cosas, a pesar de ir bien, siempre se pueden torcer y empeorar.

Entonces, y no antes, pruebo y apuesto por una de las posibles elecciones de actuación. La primera del intento, sabiendo que es una apuesta que puede salir bien o no, dependiendo del contexto y otros parámetros, lo que me obligará a estar muy atenta mientras esté en acción, para aprender de la experiencia, recoger la máxima información y enriquecer mi capacidad de elección y acierto para próximas decisiones… Sin perder nunca de vista que lo más importante es reducir la distancia, abismal, que separa las intenciones, casi siempre buenas,  de las acciones, casi siempre malas, por inadecuadas, escasas y pobres.

Elegir es más sencillo de lo que pensamos, sólo se trata de elegir primero qué papel queremos tener en el juego de la vida: el del juez/víctima o el del aprendiz… Yo lo tengo muy claro. El último es mucho más divertido y sus resultados mucho más suculentos.

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Otro fruto de nuestra colaboración con NA Magazine

Esperamos que lo disfrutéis

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