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Posts Tagged ‘Can Piu’

He estado los últimos años hablando desde este blog sobre el sueño ─perseguido a lo largo de décadas─ de vivir en medio de la montaña; sobre la venta de Can Piu, nuestra casa en el pueblo, para capitalizar una vida en la naturaleza… Y ahora escribo desde el sueño, tan anhelado, ya realizado; desde la paz y el silencio ─interrumpido solo, de vez en cuando, por el sonido del aire entre los árboles y el de algunos pájaros─, para compartir, con los que lo deseéis, el nuevo giro que van a dar nuestras vidas.
¡Cambios, cambios!, escribí no hace mucho en el muro de alguien… ¡y vaya que sí!
A primeros de marzo, seducidos por la sublime belleza de este lugar (cerca del Parque Natural del Montsant, en la comarca de Les Garrigues, Lleida, Catalunya), por su aislamiento y por su excelente precio, adquirimos una finca rural que primero llamamos “Lo Tranquil” y luego “Lo Comellar” ─para ser más fieles a su nombre─, convencidos de que la venta de nuestra casa ─“Can Piu ”─ iba a ser cosa de días, puesto que habíamos bajado su importe a un precio casi irrisorio y que podríamos dedicar los beneficios de la venta a capitalizar la puesta en marcha de un proyecto de granja-escuela de permacultura. No fue así y, en cambio, recibimos una llamada del Ayuntamiento pidiendo que reconsideráramos la venta e incluyéramos un parámetro: convertirla en una vivienda de uso turístico, ya que en el pueblo ─Sant Pere de Torelló─, con una gran belleza paisajística en los alrededores, muchos recursos por compartir y mostrar, y con casi cuatrocientos visitantes los fines de semana, no había posibilidad de alojamiento in situ.
Antes de esto, justo a mediados de abril, tuve que ser ingresada por un nuevo episodio de pancreatitis y se me detectó un Quiste de Colédoco tipo I (que ya había sido diagnosticado hacía 3 años, aunque no se me había notificado… ni para su control), lo que representó ─en principio─ un alivio: por fin sabía a qué se debían tantas décadas de dolores, molestias digestivas, meses sin apetito, adelgazamientos súbitos y problemas con el sistema hepático. Luego vino la fase de investigación por internet, en la que me descubrí bajo una espada de Damocles y ante un futuro incierto: el quiste, sumado a un gran divertículo (casi 3 cm) en el duodeno, que se encuentra en su misma zona focal, otorgan un plus de riesgo al porcentaje, elevado, de malignización (mayor a partir de los 50) y problemas subyacentes (algunos de ellos viejos conocidos…): dolores, vómitos, diarreas, pancreatitis, colangitis, abscesos de pus en el hígado, peritonitis, mareos, cansancio… y una falta de energía extrema. Todo esto lo descubrí a finales de primavera estando separada de mi amado compañero Antonio, o sea, sola… mientras enseñaba Can Piu a los últimos interesados en comprarla. Nos veíamos una vez por semana, sufríamos mucho la separación y la soledad y no era muy inteligente transmitirle todo lo que había averiguado sobre el quiste y aumentar su preocupación. Entonces fue cuando recibí la llamada del Ayuntamiento.
Consideramos las posibilidades y decidimos que valía la pena intentarlo, visto que a pesar del bajo precio de venta de Can Piu, las personas interesadas habían disminuido en picado y siempre surgía alguna que otra pega. (Cuando llegas al punto de pedirle a tu padre, a tu madre y a todos los que ya se han ido, llorando, que te ayuden a encontrar una salida, a ir ─sin olvidar tu norte─ por la dirección correcta… te dejas llevar y acabas alimentándote de pensamientos del tipo: “eso significa que Can Piu no se tiene que vender”. Y esto es lo que decidimos hacer: aceptar lo que venía, cómo había venido y también cómo iban a venir las cosas en el futuro, sin dejar nunca de luchar, of course!). Así que decidimos tirar para adelante por un lado y para atrás por otro, replanteándonos el futuro aislados en la naturaleza como pretendíamos y dando por finalizado nuestro sueño: lo habíamos conseguido. Mantenerlo contra viento y marea requería otro planteamiento.
Mi capacidad de resistencia física ha bajado en picado, soy consciente de que he de optimizar el consumo de mi energía… y Can Piu también nos necesita cerca para arrancar. Así que hemos renunciado a nuestro paraíso, y hemos vendido Lo Comellar.
LCbynightHe de deciros, no obstante, que antes nos ha concedido el privilegio de poder vivir el sueño de la tranquilidad, del silencio y hemos sentido el privilegio de sentirnos envueltos  ─casi─ formando parte de los gases de la Vía Láctea, entre otras sublimes sensaciones… He paseado con calma por sus caminos, he pasado horas sentada en el porche de la casa contemplando naturaleza en estado puro, he visto puestas de sol espectaculares, he acarreado troncos para leña, he recogido almendras, mucho tomillo y romero, bayas de enebro… también he comido unas cuantas moras, higos, manzanas, melocotones, espárragos trigueros, bledos (¡gracias, Josep Pàmies, por tu vídeo “La Comida que pisamos”!), hortalizas cultivadas al estilo clásico y otras que crecieron sin riego alguno, experimentando la permacultura (¡buenísimas!, ¡que arte el de Antonio!)… Me he lavado con agua de lluvia y he tenido luz, corriente eléctrica para escuchar música y carga para el ordenador y el teléfono, gracias a la energía de sol. Muchos privilegios en poco tiempo. Y bajo mi cabeza ante ello.
También hemos conocido gente fantástica, con la que hemos establecido lazos que irán más allá de las distancias y del tiempo, y juntos hemos compartido momentos muy entrañables y muchas risas, conocimientos y desenfado.
Le hemos dado muchas vueltas, nos ha costado muchas lágrimas, hemos aprendido muchísimo de la tierra, de nuestros nuevos amigos… y también durante el proceso de venta. Pusimos la finca a un precio muy bajo puesto que queríamos dar una oportunidad a otros para que también pudieran realizar sus proyectos y, de repente, nos empezaron a llamar y a pedir información desde Bélgica, Francia, Alemania, Chequia… y, cómo no, también desde los alrededores de Lleida, Barcelona… compartiendo con nosotros proyectos a cual más interesante: cría y doma de caballos de raza; zona de entrenamiento para profesionales de seguridad y vigilancia; eco-aldea; engorde de cerdo ibérico; cría de perros de raza, lugar para el retiro en el caso de varias parejas extranjeras que querían pasar su jubilación en las soleadas montañas de nuestro fantástico país… Tuvimos problemas a la hora de elegir el comprador, puesto que con tantos interesados se convirtió en una cuestión casi ética (¡llegaron a ofrecernos más de lo que pedíamos!) decidir en manos de quién dejar este maravilloso lugar. No fue fácil ya que si bien la finca encantó a todos los que la vieron, no siempre se adaptaba a lo que necesitaban (¡los había que llevaban casi 7 años buscando!). Al final, se produjo el flechazo mutuo y Lo Comellar cerró el trato con una pareja entrañable, excelentes personas con la que seguirá una gran amistad.
Son muchos los aprendizajes que nos llevamos de vuelta. Infinitas las lecciones… porque de esto se trata, de no dejar nunca de aprender.
Y de estos aprendizajes seguiremos hablando en próximos posts, que este ya ha dado mucho de sí.
Ahora, ya en otra fase y otro momento, hay que volver a replantearse muchas cosas como, por ejemplo, volver a hacer algún curso de vez en cuando… igual en breve me pongo a preparar alguno para impartir un fin de semana en Can Piu, jejeje…
¿Había agradecido alguna vez la santa paciencia que tenéis conmigo?
Pos eso… ¡Mil gracias por vuestra santísima paciencia!

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Llevo mucho sin escribir, sumergida en una cotidianeidad cada vez más compleja y caótica. Actúo, observo y me adapto, de instante a instante, fuera de cualquier marco temporal, mientras las posibles realidades se suceden creando múltiples escenarios de actuación, a cual más verosímil. Me siento en un no-espacio y en un no-tiempo, como una esfera/burbuja flotando sobre un océano de micro-cambios caleidoscópicos organizados y aleatorios. De repente, aquello que parecía que iba a ser de una manera, con un pequeño giro resulta ser de otra.

Los que seguís el blog de esta ciudadana aprendiz, sabéis de nuestras vicisitudes con la venta de la magnífica casa en Sant Pere de Torelló, Can Piu, y el proyecto de permacultura que nos espera en Les Garrigues (Lleida). Pues bien, a los pocos días de escribir el último post, el día de mi cumpleaños, recibimos una llamada del departamento de turismo del ayuntamiento, invitándonos a considerar el hecho de dedicar Can Piu como vivienda de uso turístico, que en el pueblo no había alojamientos… Hacía justo una semana le comentaba al amigo Miguel que no me sentía con energía suficiente para emprender una aventura de este tipo.  La complejidad es así. Todo está relacionado, entretejido… de manera que si una hebra se tensa, todas las demás se mueven y lo mismo cuando se afloja: todo afecta a todo. Me había comprometido a considerar la opción, que significa analizar y reflexionar con mucha atención, y así lo hicimos. Estudiamos las posibilidades y los entornos de este precioso pueblo que nos ha acogido tan amablemente y con tanto cariño a lo largo de quince años y descubrimos, atónitos, un gran abanico por abrir. Hablamos, debatimos, sopesamos ¿Nos liamos? ¡Nos liamos!

Nos dijimos que si lo hacíamos, lo haríamos con ilusión y una fuerte motivación, por lo que debíamos ir más allá de los intereses puramente personales y abrazar, también, los intereses de la comunidad, y hemos encontrado mucho apoyo y aliados que nos han ofrecido su ayuda, también cuando estaba sola y casi no podía andar por una crisis de ciática (el tema de la salud y las simplificaciones que se hacen con ella merecen un post aparte: ¡prometido!): Josep Mª del Molí de la Riera, Isabel y Toni de La Pradella y Carles, del Restaurant Cals Avis, nos han animado y asesorado. El pueblo necesita un impulso turístico para dinamizar la economía, y tiene todo lo que necesita; un entorno de gran belleza paisajística, rutas para ir a pie, a caballo, andando, en bicicleta… zona de vuelo para los amantes aire… y sin posibilidad de alojamiento en el mismo.

Así que ya me veis, intentando cambiar esta realidad, en Can Piu desde hace más de un mes, desmontando habitaciones, desarmando muebles, colocando literas, somieres, colchones, pintando habitaciones, dibujando flores en las paredes, eligiendo colchas, sábanas, decidiendo qué dejamos y qué nos llevamos (y haciendo equilibrios para no fastidiar más la salud, un poco precaria últimamente)… en definitiva, generando caos para que abrir las puertas el sábado 13, justo un mes después de haber tomado la decisión.

¡Y lo conseguimos!

¿Qué pasó con la supuesta falta de energía? Pues que, entre otras cosas, recibió cargas extra gracias a la ilusión y al compromiso. ¿Compromiso? Sí. Uno de los más poderosos motores y fuentes de energía. Cuando nos comprometemos creamos un vínculo muy fuerte que nos empuja a hacer lo imposible para hacerlo posible. El compromiso creado con los habitantes del lugar, con las personas del pueblo que estos tres días de puertas abiertas no han dejado de circular por los interiores de Can Piu, expresando el inmenso cariño que despierta esta casa. Muchos habían venido de pequeños a comprar leche, carne, embutidos caseros… algunos la recordaban muy distinta de cuando venían a jugar con los niños de Can Piu… y todos, todos, se deshicieron en elogios por el trabajo realizado. (¡Felicidades a Antonio, el verdadero artífice de la rehabilitación de Can Piu!). También el sábado 13 hubo un doble motivo para la celebración: tuvimos nuestros 2 primeros clientes… y quedaron tan satisfechos que nos regalaron una de sus delicatesen: Gelea/Jalea de ratafía. Son de Cal Senzill y tuve el privilegio de probar todos sus productos (naturales: sin conservantes ni aditivos) y quedé extasiada por la exquisitez de sabores que consiguen (les compré unos cuantos en la feria). Os invito a visitar su web  y probar sus delicatesen, ¡son sublimes!

Una mención aparte en relación a la inmensa ternura que despierta reencontrarte con fieles lectores y seguidores de tus artículos. Un honor de los buenos descubrir que te conocen, que no tienes secretos para ellos y que, con todo, te siguen apreciando. Han sido días de acción aunque también de mucho recibir: gracias a todos los que habéis estado en apoyo, colaborando, pintando, sudando, moviendo muebles… Mil gracias a todos, sin vosotros no habría sido posible: Liliana, Santi, Ana, Marta, Jordi, Alicia, Jaume, Gavina, Víctor, Pau, Carolina, Sofía, Xavi, Roser… y a todos los que, no pudiendo estar físicamente han estado apoyando desde la distancia. Sois todos unos sunshines.

Son curiosas las derivas que toma la vida… en pocos días puedes pasar de una situación de casi desespero a otra muy ilusionante, en la que todavía queda mucho por hacer y dar el paso más esperado: estar en Les Garrigues, al fin al lado de Anto, y desde allí poderlo gestionar todo.

Desde 1960 sabemos, gracias al meteorólogo Edward Lorenz, que todo está tan íntimamente relacionado que la más mínima variación puede generar grandes e imprevisibles cambios, como hemos podido comprobar en lo sucedido con Can Piu (¡el caos que ha generado una simple llamada telefónica!), aunque habría que matizar mucho este “sabemos” ya que, en general, actuamos como si no lo supiéramos. Parece increíble cuánto nos cuesta acortar la distancia entre el conocimiento teórico y el actuar en consecuencia. Insistimos en aferrarnos a certezas dejando sin experimentar muchas posibilidades, acomodándonos al terreno de lo seguro, y no consideramos las infinitas variables que entran en juego en todas y cada una de las situaciones, hechos, acontecimientos, oportunidades, interacciones…

DSC08863Complejo significa lo que está tejido en conjunto. Somos seres complejos, hechos por otros seres, que nos hacemos a nosotros mismos sin dejar de hacernos unos a otros; somos, a la vez, el productor y lo producido. Somos un conjunto hecho de voluntades biológicas, psicológicas, espirituales, causales, casuales… que tienden a la expansión y a la propagación (fuerza télica), a la vez que se resisten a ella. Nosotros, esta vez, nos hemos inclinado por el cambio y la acción. Y ha sido una excelente apuesta que no tardará en dar sus frutos.

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