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Posts Tagged ‘cambio’

Llevo mucho sin escribir, sumergida en una cotidianeidad cada vez más compleja y caótica. Actúo, observo y me adapto, de instante a instante, fuera de cualquier marco temporal, mientras las posibles realidades se suceden creando múltiples escenarios de actuación, a cual más verosímil. Me siento en un no-espacio y en un no-tiempo, como una esfera/burbuja flotando sobre un océano de micro-cambios caleidoscópicos organizados y aleatorios. De repente, aquello que parecía que iba a ser de una manera, con un pequeño giro resulta ser de otra.

Los que seguís el blog de esta ciudadana aprendiz, sabéis de nuestras vicisitudes con la venta de la magnífica casa en Sant Pere de Torelló, Can Piu, y el proyecto de permacultura que nos espera en Les Garrigues (Lleida). Pues bien, a los pocos días de escribir el último post, el día de mi cumpleaños, recibimos una llamada del departamento de turismo del ayuntamiento, invitándonos a considerar el hecho de dedicar Can Piu como vivienda de uso turístico, que en el pueblo no había alojamientos… Hacía justo una semana le comentaba al amigo Miguel que no me sentía con energía suficiente para emprender una aventura de este tipo.  La complejidad es así. Todo está relacionado, entretejido… de manera que si una hebra se tensa, todas las demás se mueven y lo mismo cuando se afloja: todo afecta a todo. Me había comprometido a considerar la opción, que significa analizar y reflexionar con mucha atención, y así lo hicimos. Estudiamos las posibilidades y los entornos de este precioso pueblo que nos ha acogido tan amablemente y con tanto cariño a lo largo de quince años y descubrimos, atónitos, un gran abanico por abrir. Hablamos, debatimos, sopesamos ¿Nos liamos? ¡Nos liamos!

Nos dijimos que si lo hacíamos, lo haríamos con ilusión y una fuerte motivación, por lo que debíamos ir más allá de los intereses puramente personales y abrazar, también, los intereses de la comunidad, y hemos encontrado mucho apoyo y aliados que nos han ofrecido su ayuda, también cuando estaba sola y casi no podía andar por una crisis de ciática (el tema de la salud y las simplificaciones que se hacen con ella merecen un post aparte: ¡prometido!): Josep Mª del Molí de la Riera, Isabel y Toni de La Pradella y Carles, del Restaurant Cals Avis, nos han animado y asesorado. El pueblo necesita un impulso turístico para dinamizar la economía, y tiene todo lo que necesita; un entorno de gran belleza paisajística, rutas para ir a pie, a caballo, andando, en bicicleta… zona de vuelo para los amantes aire… y sin posibilidad de alojamiento en el mismo.

Así que ya me veis, intentando cambiar esta realidad, en Can Piu desde hace más de un mes, desmontando habitaciones, desarmando muebles, colocando literas, somieres, colchones, pintando habitaciones, dibujando flores en las paredes, eligiendo colchas, sábanas, decidiendo qué dejamos y qué nos llevamos (y haciendo equilibrios para no fastidiar más la salud, un poco precaria últimamente)… en definitiva, generando caos para que abrir las puertas el sábado 13, justo un mes después de haber tomado la decisión.

¡Y lo conseguimos!

¿Qué pasó con la supuesta falta de energía? Pues que, entre otras cosas, recibió cargas extra gracias a la ilusión y al compromiso. ¿Compromiso? Sí. Uno de los más poderosos motores y fuentes de energía. Cuando nos comprometemos creamos un vínculo muy fuerte que nos empuja a hacer lo imposible para hacerlo posible. El compromiso creado con los habitantes del lugar, con las personas del pueblo que estos tres días de puertas abiertas no han dejado de circular por los interiores de Can Piu, expresando el inmenso cariño que despierta esta casa. Muchos habían venido de pequeños a comprar leche, carne, embutidos caseros… algunos la recordaban muy distinta de cuando venían a jugar con los niños de Can Piu… y todos, todos, se deshicieron en elogios por el trabajo realizado. (¡Felicidades a Antonio, el verdadero artífice de la rehabilitación de Can Piu!). También el sábado 13 hubo un doble motivo para la celebración: tuvimos nuestros 2 primeros clientes… y quedaron tan satisfechos que nos regalaron una de sus delicatesen: Gelea/Jalea de ratafía. Son de Cal Senzill y tuve el privilegio de probar todos sus productos (naturales: sin conservantes ni aditivos) y quedé extasiada por la exquisitez de sabores que consiguen (les compré unos cuantos en la feria). Os invito a visitar su web  y probar sus delicatesen, ¡son sublimes!

Una mención aparte en relación a la inmensa ternura que despierta reencontrarte con fieles lectores y seguidores de tus artículos. Un honor de los buenos descubrir que te conocen, que no tienes secretos para ellos y que, con todo, te siguen apreciando. Han sido días de acción aunque también de mucho recibir: gracias a todos los que habéis estado en apoyo, colaborando, pintando, sudando, moviendo muebles… Mil gracias a todos, sin vosotros no habría sido posible: Liliana, Santi, Ana, Marta, Jordi, Alicia, Jaume, Gavina, Víctor, Pau, Carolina, Sofía, Xavi, Roser… y a todos los que, no pudiendo estar físicamente han estado apoyando desde la distancia. Sois todos unos sunshines.

Son curiosas las derivas que toma la vida… en pocos días puedes pasar de una situación de casi desespero a otra muy ilusionante, en la que todavía queda mucho por hacer y dar el paso más esperado: estar en Les Garrigues, al fin al lado de Anto, y desde allí poderlo gestionar todo.

Desde 1960 sabemos, gracias al meteorólogo Edward Lorenz, que todo está tan íntimamente relacionado que la más mínima variación puede generar grandes e imprevisibles cambios, como hemos podido comprobar en lo sucedido con Can Piu (¡el caos que ha generado una simple llamada telefónica!), aunque habría que matizar mucho este “sabemos” ya que, en general, actuamos como si no lo supiéramos. Parece increíble cuánto nos cuesta acortar la distancia entre el conocimiento teórico y el actuar en consecuencia. Insistimos en aferrarnos a certezas dejando sin experimentar muchas posibilidades, acomodándonos al terreno de lo seguro, y no consideramos las infinitas variables que entran en juego en todas y cada una de las situaciones, hechos, acontecimientos, oportunidades, interacciones…

DSC08863Complejo significa lo que está tejido en conjunto. Somos seres complejos, hechos por otros seres, que nos hacemos a nosotros mismos sin dejar de hacernos unos a otros; somos, a la vez, el productor y lo producido. Somos un conjunto hecho de voluntades biológicas, psicológicas, espirituales, causales, casuales… que tienden a la expansión y a la propagación (fuerza télica), a la vez que se resisten a ella. Nosotros, esta vez, nos hemos inclinado por el cambio y la acción. Y ha sido una excelente apuesta que no tardará en dar sus frutos.

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Ruptura

La semana pasada fue de ruptura y cambio. Después de una temporada con el ánimo cada vez más bajo debido a las circunstancias personales (la venta de la casa cada vez más difícil con el consecuente alejamiento del sueño de irnos a vivir al campo y reinventarnos en un medio rural), globales (el mundo regido cada vez con más crueldad, despotismo y ambición por parte de unos pocos) y políticas (los partidos interesados solo en los votos y en su particular cota de poder y manipulación; las elecciones y los intentos de fracturar Catalunya…), el martes por la noche toqué algo parecido al fondo.

Me hundí, me desplomé y, harta y cansada de todo, dejé de encontrarle sentido a la vida y a la lucha diaria. ¿Para qué?, me preguntaba y no hallaba respuesta. Las redes rezuman indignación, hastío, hartura… y demasiadas malas noticias. Seguimos sin estar preparados para los cambios que necesita la humanidad y, lo que es peor, seguimos echando balones fuera, culpando a otros de nuestros males, sin darnos cuenta de que si nosotros no cambiamos nuestros pensamientos, nuestros intereses y nuestros actos, todo seguirá igual. (Sé, a estas alturas de la vida, que las cosas no suceden porque sí y que las situaciones complejas y difíciles nos retan para que aprendamos de ellas, y también soy consciente de que los estados emocionales son muy hábiles en impedir o dificultar el flujo de nuestras competencias y habilidades.)

Pau_SofiaEn estas andaba cuando el domingo 18, un buen amigo escritor (¡mil gracias Julio por tu “Never on Sunday”!), me recordó el tema de uno de los discos, desaparecido, que mis padres ponían a todo volumen los sábados y domingos para despertarnos y volví a echarlos de menos. Busqué de nuevo por la red y me encontré con que alguien de Barcelona lo vendía por 3 €. Quedamos el miércoles a primera hora de la tarde: resultó ser una bellísima persona (¡gracias también a ti, Carlos!), con la que compartí un poco de historia y un cálido y estrecho abrazo. Al cabo de media hora me encontré con mi nieta Sofía, la mayor, y mi hijo, Pau, que enseguida se percató de la pesadumbre y tristeza que reflejaba mi rostro. Estuvimos hablando un buen rato. Le expliqué cómo me sentía y me hizo ver que me hallaba en un nivel desde el que no podía hacer otra cosa que darme de bruces contra lo que me indignaba y agotaba (¡mil gracias de nuevo, hijo, eres un auténtico Sol!). Recordé la frase de Einstein “No podemos solucionar los problemas actuando desde el mismo nivel que fueron creados” (luego él me recordó otra que se atribuye tanto a Mark Twain como a  Friedrich Nietzsche “El que lucha contra los monstruos debe tener cuidado de no convertirse él mismo en un monstruo”) y me di cuenta de que esto era lo que precisamente me había hecho tocar fondo: estar al mismo nivel.

Apareció otra hija, Gavina (¡mil gracias también a ti, mi pequeña princesa!), que aquel día cumplía años, y pasamos un rato lleno de amor, ternura y risas. Llegué a casa de la hija mayor poco antes de las 9h., y estuve hablando un buen rato con Jordi (¡mil gracias también a ti, querido Jordi!), su compañero, de lo mal que estaban las cosas, de cómo me había hundido… y también él, con su habitual lucidez, Gaviname dio otra clave: ¿Qué podemos hacer nosotros para cambiar todo esto? ¿Qué tipo de acciones podemos emprender para mejorar la sociedad?

Fumé mi último cigarrillo en la terraza. La constelación de Orión, Sirius, la luna y la playa al fondo… me llenaron de paz. Recordé el programa libre Stellarium que Anto, mi amado compañero, me había instalado para ver el cielo en tiempo real (de allí, he sacado la imagen para compartirla con vosotros) y, cuando me acosté, al lado del ventanal que da a la terraza para seguir viendo las estrellas, oí el clic y supe que mis padres también estaban allí y que habían acudido a la llamada del “Grand Tour” (el LP que había conseguido a través de Carlos). Dormí serena, en calma, hacía mucho tiempo que no lo hacía, sabiendo que había cambiado de nivel y que empezaba de verdad mi octava etapa (7×8=56). Recordé las conversaciones con mis hijos, sus rostros bellísimos y agradecí el privilegio y el honor de ser madre y abuela. A la mañana siguiente pude pasar un buen rato con Marta, la mayor, mujer extraordinaria y emprendedora (¡mil gracias también para ti, hermosura!), y lloramos juntas, esta vez de felicidad, al escuchar la versión de “The Three Bells” que ella también recordaba de mis padres. Finalmente había abandonado la lucha estéril y el pesimismo: estaba en situación de empezar a construir algo diferente, a lo que habría que empezar a dar forma y, lo más importante, sabía que no estaría sola.Marta_jordi_Ali

Emergencia

Descubrí el concepto de emergencia gracias al estudio de la complejidad. Según Ilya Priogine[1]: “En el equilibrio o cerca de él, no se produce nada interesante y todo es lineal. Cuando pueden ocurrir cosas sorprendentes es lejos del equilibrio: si llevamos un sistema lo bastante lejos del equilibrio, entra en un estado inestable con relación a las perturbaciones en un punto llamado de bifurcación…/… Lejos del equilibrio, la materia se autoorganiza de forma sorprendente y pueden aparecer espontáneamente nuevas estructuras y tipos de organización que se denominan estructuras disipativas” (y que yo, desde mi humilde punto de vista, relaciono con la fuerza emergente).Cielo_211112 Así que en ello ando, buscando la forma de empezar un movimiento de cambio y hacer emerger  un espacio en el que poder reunir y co-construir alternativas sociales, políticas, económicas, medioambientales… donde se compartan ideas, teorías, experiencias ya probadas… que ofrezca oportunidades y nuevas posibilidades para la esperanza y la ilusión.

¿Me ayudáis compartiendo vuestras ideas y experiencias en los comentarios? ¿Sumamos y co-construimos el cambio?


[1] Ilya Prigogine (1917-2003) físico y químico, Premio Nobel de Química del año 1977.

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A menudo, cuando pienso en la situación actual, con un gran cambio en ciernes, en el que las soluciones tendrán que venir de asambleas populares, visto el estrepitoso fracaso de los políticos y sus partidos, por no hablar los que (des)manejan la economía mundial (condenando –día sí y otro también– a millares de personas a la muerte), me pregunto… ¿estamos preparados?, ¿sabremos hacerlo bien o será otra revolución a la francesa para que después de unos años o décadas vuelvan a mandar los “Alfa” de turno?

Queda claro que yo, una humilde persona de la calle que lucha por su mejorar su vida y la de los demás, no creo en los actuales gobernantes (¿o debería decir los títeres sin cabeza de las  grandes corporaciones multinacionales y otras sanguijuelas financieras?). No creo ni en los de aquí, ni en los de ningún otro país: todos sirven al mismo y antiquísimo señor, al poderoso caballero Don Dinero.

La única solución posible, creo, pasaría por una huelga indefinida, tal y como sugiere Teresa Forcades, una monja benedictina muy combativa, en este vídeo (53 min. muy bien invertidos): una fórmula legal y pacífica para hacer caer el gobierno. Ok. Imaginemos que hacemos caer el gobierno… ¿Y luego qué? Es ahí dónde surge la pregunta ¿estamos preparados?

Me duele el alma decir esto, ya que acostumbro a andar por la vida con una actitud muy positiva, pero creo que no. No todavía. Y que conste que me encantaría decir que sí. Cuando me pongo a soñar en un futuro más fraternal, equitativo, equilibrado, igualitario, responsable… en el que la cooperación, la colaboración, el respeto, la valoración y la libertad sean posibles, pienso que cada vez está más cerca. Más cerca sí, pero hoy ya no creo que yo pueda llegar a verlo, porque una ya empieza a tener sus añitos. Me parece que nos falta mucho más de lo que mi mente, dada a la ilusión y la fantasía, me hacía pensar. Nos falta seguir evolucionando y creciendo como personas. Pero mejor lo aclaro un poco para que entendáis mis temores.

  • Nos sigue faltando pensamiento crítico: nos creemos las cosas sin contrastarlas porque nos sometemos con extrema facilidad a ideas y opiniones ajenas, y más si vienen de la mano de alguien de confianza (que puede estar tan infoxicado  como nosotros mismos). Sin criterio o pensamiento propio (que ya sabemos co-construido también a través de pensamientos e ideas de nuestros antecesores y contemporáneos), somos presa fácil para la propaganda, venga de donde venga, de la izquierda, de la derecha o directamente desde el cielo.
  • Seguimos faltos de autoestima y con el ego sobredimensionado (la relación es inversamente proporcional: a mayor ego menos autoestima y viceversa). Seguimos juzgando y ajusticiando sin compasión (o eres de los míos o estás contra mí), separándonos en bandos de  buenos y malos (una de las actividades favoritas del ego)… Seguimos peleones, llenos de ira, armándonos para batallar y, de esta manera, calmar nuestras conciencias.
  • Seguimos hablando y hablando sin actuar: cómo nos gusta ¡dios!, citar las mejores frases y seguir a los más buenos, a los mejores ‘famosos’, pensando que con la cercanía se nos contagiará su aura. Parece que la acción se nos va por la boca o por los dedos en el teclado. Y no digo que actuar sea solo salir a la calle a manifestarse a gritar nuestra indignación (que también sirve): conozco a gente que, a la chita callando y sin pregonarlo, están haciendo mucho más para el bien común y para el futuro de nuestras sociedades (que no sólo existe la nuestra…) y culturas, que muchos de los que simplemente sueltan su rabia para luego seguir con su vida de siempre sin cambiar ninguno de sus hábitos ni intentar mejorar como personas contribuyendo a una mejora de la humanidad.

Mis dudas son:

¿Somos conscientes de nuestros privilegios?, ¿sabremos renunciar a ellos? ¿Estamos dispuestos a decrecer, a vivir con menos? ¿Devolvimos nuestros Apple (Mackintosh, iPhone, iPad, iPod..) cuando supimos que en 2011 la cuenta fiscal en España le salió negativa? ¿Hicimos/promovimos algún boicot o seguimos comprando como si nada? ¿Hasta cuándo seguiremos alimentando empresas y endiosando empresarios que se enriquecen a costa de la explotación humana?

¿Seguiremos especulando y pidiendo a los bancos que nos den más intereses por nuestros ahorros a sabiendas de que esta actitud les da poder y empobrece a nuestros hijos, nietos y a todas las generaciones que esperan? ¿Estamos dispuestos a ganar menos para que otros puedan tener trabajo? ¿Y qué pasa con la coherencia, esta delgada línea –tan frágil ella– entre lo que decimos (o pensamos) y nuestros actos y actitudes cotidianas?

I’m sorry, lo siento… Veo un futuro oscuro, por mucho que hagamos caer a los de arriba. O empezamos a cambiar nosotros y nos preparamos para ser un poco más humanos… o lo tenemos difícil. Hasta que no veamos a los demás, sean del color que sean y piensen como piensen, como humanos/personas/hermanos en el mismo barco que nosotros, a los que entender y aceptar sin juzgar, y empecemos todos juntos a trabajar para el bien común, no me lo voy a creer. Lo veo lejos… porque parece que no nos damos cuenta de que todavía somos homínidos en vías de humanización. Hay que empezar a ser el cambio que queremos ver, sin dilación ni esperas o nos quedamos sin alternativas para el día después.

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