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Los Bucles de la Vida

He estado los últimos años hablando desde este blog sobre el sueño ─perseguido a lo largo de décadas─ de vivir en medio de la montaña; sobre la venta de Can Piu, nuestra casa en el pueblo, para capitalizar una vida en la naturaleza… Y ahora escribo desde el sueño, tan anhelado, ya realizado; desde la paz y el silencio ─interrumpido solo, de vez en cuando, por el sonido del aire entre los árboles y el de algunos pájaros─, para compartir, con los que lo deseéis, el nuevo giro que van a dar nuestras vidas.
¡Cambios, cambios!, escribí no hace mucho en el muro de alguien… ¡y vaya que sí!
A primeros de marzo, seducidos por la sublime belleza de este lugar (cerca del Parque Natural del Montsant, en la comarca de Les Garrigues, Lleida, Catalunya), por su aislamiento y por su excelente precio, adquirimos una finca rural que primero llamamos “Lo Tranquil” y luego “Lo Comellar” ─para ser más fieles a su nombre─, convencidos de que la venta de nuestra casa ─“Can Piu ”─ iba a ser cosa de días, puesto que habíamos bajado su importe a un precio casi irrisorio y que podríamos dedicar los beneficios de la venta a capitalizar la puesta en marcha de un proyecto de granja-escuela de permacultura. No fue así y, en cambio, recibimos una llamada del Ayuntamiento pidiendo que reconsideráramos la venta e incluyéramos un parámetro: convertirla en una vivienda de uso turístico, ya que en el pueblo ─Sant Pere de Torelló─, con una gran belleza paisajística en los alrededores, muchos recursos por compartir y mostrar, y con casi cuatrocientos visitantes los fines de semana, no había posibilidad de alojamiento in situ.
Antes de esto, justo a mediados de abril, tuve que ser ingresada por un nuevo episodio de pancreatitis y se me detectó un Quiste de Colédoco tipo I (que ya había sido diagnosticado hacía 3 años, aunque no se me había notificado… ni para su control), lo que representó ─en principio─ un alivio: por fin sabía a qué se debían tantas décadas de dolores, molestias digestivas, meses sin apetito, adelgazamientos súbitos y problemas con el sistema hepático. Luego vino la fase de investigación por internet, en la que me descubrí bajo una espada de Damocles y ante un futuro incierto: el quiste, sumado a un gran divertículo (casi 3 cm) en el duodeno, que se encuentra en su misma zona focal, otorgan un plus de riesgo al porcentaje, elevado, de malignización (mayor a partir de los 50) y problemas subyacentes (algunos de ellos viejos conocidos…): dolores, vómitos, diarreas, pancreatitis, colangitis, abscesos de pus en el hígado, peritonitis, mareos, cansancio… y una falta de energía extrema. Todo esto lo descubrí a finales de primavera estando separada de mi amado compañero Antonio, o sea, sola… mientras enseñaba Can Piu a los últimos interesados en comprarla. Nos veíamos una vez por semana, sufríamos mucho la separación y la soledad y no era muy inteligente transmitirle todo lo que había averiguado sobre el quiste y aumentar su preocupación. Entonces fue cuando recibí la llamada del Ayuntamiento.
Consideramos las posibilidades y decidimos que valía la pena intentarlo, visto que a pesar del bajo precio de venta de Can Piu, las personas interesadas habían disminuido en picado y siempre surgía alguna que otra pega. (Cuando llegas al punto de pedirle a tu padre, a tu madre y a todos los que ya se han ido, llorando, que te ayuden a encontrar una salida, a ir ─sin olvidar tu norte─ por la dirección correcta… te dejas llevar y acabas alimentándote de pensamientos del tipo: “eso significa que Can Piu no se tiene que vender”. Y esto es lo que decidimos hacer: aceptar lo que venía, cómo había venido y también cómo iban a venir las cosas en el futuro, sin dejar nunca de luchar, of course!). Así que decidimos tirar para adelante por un lado y para atrás por otro, replanteándonos el futuro aislados en la naturaleza como pretendíamos y dando por finalizado nuestro sueño: lo habíamos conseguido. Mantenerlo contra viento y marea requería otro planteamiento.
Mi capacidad de resistencia física ha bajado en picado, soy consciente de que he de optimizar el consumo de mi energía… y Can Piu también nos necesita cerca para arrancar. Así que hemos renunciado a nuestro paraíso, y hemos vendido Lo Comellar.
LCbynightHe de deciros, no obstante, que antes nos ha concedido el privilegio de poder vivir el sueño de la tranquilidad, del silencio y hemos sentido el privilegio de sentirnos envueltos  ─casi─ formando parte de los gases de la Vía Láctea, entre otras sublimes sensaciones… He paseado con calma por sus caminos, he pasado horas sentada en el porche de la casa contemplando naturaleza en estado puro, he visto puestas de sol espectaculares, he acarreado troncos para leña, he recogido almendras, mucho tomillo y romero, bayas de enebro… también he comido unas cuantas moras, higos, manzanas, melocotones, espárragos trigueros, bledos (¡gracias, Josep Pàmies, por tu vídeo “La Comida que pisamos”!), hortalizas cultivadas al estilo clásico y otras que crecieron sin riego alguno, experimentando la permacultura (¡buenísimas!, ¡que arte el de Antonio!)… Me he lavado con agua de lluvia y he tenido luz, corriente eléctrica para escuchar música y carga para el ordenador y el teléfono, gracias a la energía de sol. Muchos privilegios en poco tiempo. Y bajo mi cabeza ante ello.
También hemos conocido gente fantástica, con la que hemos establecido lazos que irán más allá de las distancias y del tiempo, y juntos hemos compartido momentos muy entrañables y muchas risas, conocimientos y desenfado.
Le hemos dado muchas vueltas, nos ha costado muchas lágrimas, hemos aprendido muchísimo de la tierra, de nuestros nuevos amigos… y también durante el proceso de venta. Pusimos la finca a un precio muy bajo puesto que queríamos dar una oportunidad a otros para que también pudieran realizar sus proyectos y, de repente, nos empezaron a llamar y a pedir información desde Bélgica, Francia, Alemania, Chequia… y, cómo no, también desde los alrededores de Lleida, Barcelona… compartiendo con nosotros proyectos a cual más interesante: cría y doma de caballos de raza; zona de entrenamiento para profesionales de seguridad y vigilancia; eco-aldea; engorde de cerdo ibérico; cría de perros de raza, lugar para el retiro en el caso de varias parejas extranjeras que querían pasar su jubilación en las soleadas montañas de nuestro fantástico país… Tuvimos problemas a la hora de elegir el comprador, puesto que con tantos interesados se convirtió en una cuestión casi ética (¡llegaron a ofrecernos más de lo que pedíamos!) decidir en manos de quién dejar este maravilloso lugar. No fue fácil ya que si bien la finca encantó a todos los que la vieron, no siempre se adaptaba a lo que necesitaban (¡los había que llevaban casi 7 años buscando!). Al final, se produjo el flechazo mutuo y Lo Comellar cerró el trato con una pareja entrañable, excelentes personas con la que seguirá una gran amistad.
Son muchos los aprendizajes que nos llevamos de vuelta. Infinitas las lecciones… porque de esto se trata, de no dejar nunca de aprender.
Y de estos aprendizajes seguiremos hablando en próximos posts, que este ya ha dado mucho de sí.
Ahora, ya en otra fase y otro momento, hay que volver a replantearse muchas cosas como, por ejemplo, volver a hacer algún curso de vez en cuando… igual en breve me pongo a preparar alguno para impartir un fin de semana en Can Piu, jejeje…
¿Había agradecido alguna vez la santa paciencia que tenéis conmigo?
Pos eso… ¡Mil gracias por vuestra santísima paciencia!

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Señores gobernantes,

Les imagino con la suficiente sutileza como para apreciar la frialdad del saludo. No hay más, ya ni siquiera queda para ánimos caldeados, sólo el cansancio de una vida que alcanza su recta final sintiendo que hemos fallado, que nuestra generación ha errado en objetivos, modelos, estrategias… y que, en vez de arreglarlo, lo vamos complicando cada día más, unas veces debido a la inacción y otras debidas a orientaciones y decisiones equivocadas.

Como mi intención con esta misiva es la de expresar mi opinión sobre el daño que realizan sistemáticamente bombardeando las bases de la Pirámide de A. H. Maslow y dado que la misma es un referente humanístico ─aunque, por desgracia y con mucha frecuencia, mal comprendido─ en todas las Universidades y Escuelas de Negocio que se precien, considero como un derecho/obligación ofrecerles unas humildes herramientas cognitivas que les permitan comprender el alcance y las consecuencias a las que, sin ser plenamente conscientes, nos precipitan sus incontables e innombrables desatinos.

PiramideMaslow2 Esta que ven ahí, es una de las posibles ─van por millones─ versiones que se conocen de dicha pirámide. Y no, no se encuentra en Egipto. Es fruto de una vida, la de Abraham H. Maslow, dedicada al estudio de la psicología humana en el que clasificó y jerarquizó[1], a mediados del siglo pasado, las necesidades fundamentales de las personas y que, curiosamente, coinciden con las llamadas “motivaciones” humanas.

La pirámide, como todas, va de la base al vértice. En la imagen superior, vemos que justo en el primer tramo/nivel/grado de las necesidades llamadas básicas ─sin las que resulta casi imposible conseguir algún tipo de sociedad organizada─ se hallan las relacionadas con una alimentación adecuada, una casa para cobijarse, salud para contribuir a la comunidad con nuestro trabajo y, de vez en cuando, un poco de sexo para el desahogo.

Necesidades A) de Alimento / Cobijo / Salud / Sexo

No me dirán que ignoran lo que ocurre en las calles: cada vez más personas buscando restos de comida en los contenedores de basura; colas más largas en los bancos de alimentos; aumento de la malnutrición y profesores comprando ─de su bolsillo─ bocadillos para evitar y aliviar más de un desmayo en clase…

Esta era, hasta anteayer, la franja o el tramo intocable: lo mínimo que había que procurar que nunca faltara. Pero ya no. Y no contentos con dejar de cubrir esta necesidad básica, la del alimento, arremeten contra otra de las grandes necesidades de la humanidad ─un lugar donde cobijarse─, haciendo la corte a reyecillos de organizaciones empresariales y financieras, los gobernadores de turno, y dejando a miles de familias abandonadas en la calle. ¿No se dan cuenta de que tocando estos puntos tan esenciales en las necesidades humanas se arriesgan ustedes a una rebelión en masa?

Fíjense en la base de este primer tramo y en la proporción con respecto al vértice. Esa actitud de búsqueda y tendencia a la autorrealización, tan perseguida y denostada por décadas, era contra cuatro lobos solitarios y poco más, pero éstos… éstos son un montón y con sus leyes y decretos se los están cargando a todos, los están matando ─literalmente─ de hambre, de frío, de pena… y sin demasiadas posibilidades de curación, desmantelando como están, también, el sistema sanitario: otro al que han dejado sin recursos ─no tenían bastante con lo anterior, no─ y en manos de los peores gestores posibles.

Una base enfurecida se remueve y puede con los cimientos ─y más cuando son tan frágiles como los valores que actualmente les sustentan a ustedes─. Imagínense la situación que se puede generar cuando a la gran mayoría de nuestra sociedad del bienestar se le retira lo más básico. Las decisiones/proyectos/leyes que han urdido, que han promovido y firmado, son las causantes de este desatino. La base más amplia a la que había que proteger para contar con su respaldo y acceder al poder, está siendo desatendida y se está enfureciendo ¿Los escuchan?

Cuando la base se resquebraja y se rompe, la gente sufre, sufre mucho y enferma. A este nivel enferman los cuerpos y las mentes se perturban… Muchos fueron los que el sistema capitalista/liberal consiguió meter en su ciclo básico, muchos han seguido el ritmo y las pautas, ordenados y sincronizados, sin apenas voces disonantes… ahora, en cambio hay mucha gente digna, muy indignada, vociferando… todos afinados hacia un objetivo común: ¡NO NOS TOQUÉIS LAS NECESIDADES BÁSICAS! (que ya ni ánimo pa’ sexo nos queda, oigan).

Necesidades B) de Seguridad / Confianza

Subamos al siguiente tramo de la jerarquía (sin olvidar que descuidando las anteriores necesidades/motivaciones lo que están consiguiendo es que la gente enferme y haga cosas o tenga síntomas cada vez más anormales) y veamos el siguiente grupo de necesidades humanas, las que corresponden a la seguridad y a la confianza, las también llamadas de conservación.

A este grupo también corresponde una gran masa crítica, como podrán comprobar en el gráfico anterior; y ─aunque siempre ha costado un poco más de definir─ tengo malas noticias para ustedes: existe un elevado consenso en que este nivel de la jerarquía trata sobre la conservación de todas las necesidades conseguidas en el tramo anterior: seguridad, estabilidad, tranquilidad, confianza en que las cosas irán bien y no faltará la comida, la casa, el trabajo, la salud, la pareja… ¡Oh, sí! En este grupo de necesidades también están, de nuevo, las relacionadas con el sexo; solo que, en este caso, yendo más allá del puro desahogo y, con un pelín más de sofisticación, hacia una pareja estable con la que hacer camino y poder tener hijos para la descendencia…

Vamos a intentar sintetizar los dos primeros tramos agrupándolos en uno solo: necesidades básicas; conseguirlas, en el primer tramo; asegurarlas y garantizarlas, en el segundo.

Se han cargado así, de cuajo ─y siguen haciéndolo tan tranquilos─, la necesidad de seguridad y confianza en el que sistema no nos abandonará, han fallado a sus bases, les han quitado lo más básico eliminando derechos humanos fundamentales que habíamos tardado siglos en conseguir. Y lo han hecho desde la soberbia que solo el ignorante exhibe.

Necesidades C) de Afecto / Pertenencia

Sigamos, que todavía queda un trecho, sin olvidar que los pilares de la base están rompiéndose en mil pedazos que saltan en direcciones imprevisibles. El siguiente tramo difiere un poco de los anteriores, aunque sigue estando muy ligado a ellos, puesto que tiene que ver con la autoestima ─imprescindible valorarse uno mismo primero; siempre en la justa medida: ni más ni menos─, para que los demás puedan valorarnos y seamos capaces de reconocer su valoración y afecto, y con sentirse parte de algo digno, de pertenecer a un grupo que nos valora y nos quiere.

No se dejen engañar por el menor tamaño de este tramo, puede que abarque menos, pero tiene la toda fuerza de los gradientes. Su gracia radica en que, al menos, encierra otra jerarquía: familia, fronteras geopolíticas varias, comunidades de intereses, filiaciones de distintos credos y colores, afinidades culturales… pudiendo incluso ir más allá de los conceptos nación y raza.

Las personas necesitamos sentir que valemos, nos motiva saber que somos útiles, dignas… por una parte, y que lo hacemos para el bien del colectivo al que pertenecemos, por otra. Cuando perdemos el trabajo, la casa, la posibilidad de comprar alimentos, la salud y las ganas de sexo, la autoestima cae por los suelos y los egos se disparan, con lo que puede ocurrir cualquier cosa. Es una advertencia realizada con la mejor de las intenciones, para que luego no digan que les hemos dejado solos ante la debacle: ¿nos escuchan? ¿Oyen lo que les estamos diciendo?

Cuando un pueblo pierde la confianza y se siente desamparado e inseguro, se derrumba, pierde su capacidad de aprecio, valoración, respeto… en definitiva, pierde la orientación y va a la deriva.

Necesidades D) de Reconocimiento / Prestigio

¡Ah… este tramo de las necesidades/motivaciones sí que lo tienen, todos ustedes, muy por la mano, aunque parten de un ligero malentendido que, como las alas de la mariposa caribeña, ha ocasionado grandes tifones, y no solo en Japón: cuando hablaba de este grupo, Maslow se refería a la necesidad del trabajo bien realizado, de calidad y bondad en nuestras obras, acciones y comportamientos. Hacer bien lo que hago, por respeto a mí mismo y por respeto a los demás.

¿Y cómo se manifiesta esta calidad y respeto? A través del propio reconocimiento, valoración, etcétera, descubierto en el esfuerzo por los estudios, aprendizajes, interés, necesidad de experimentación… y a través de valoración y méritos otorgados por los demás como reconocimiento de lo conseguido.

Ahora bien, cuando lo que se premia y favorece es justo lo contrario a lo que entendemos como necesidades fundamentales, cuando se tuerce la fuerza télica o evolutiva distorsionando valores ─fundamentales─ como el de la equidad, imprescindible en la organización de cualquier comunidad. Cuando lo que se premia no es el mérito, el trabajo, el esfuerzo, las habilidades… sino el hecho de “ser hijo/padre/cuñado/primo/amigo de…”, todo está perdido y ya no queda más: ni siquiera para caldear los ánimos. 

Así que, ¿para qué ir al tramo de la E? ¿Para qué abordar el tema de la búsqueda hacia la autorrealización, cuando solo incumbe a cuatro lobos y a algún que otro gato asilvestrado y huraño…?

Llevo casi cuatro páginas, así que me detengo aquí. Aunque como el tema da para mucho más, amenazo con continuar y hacerlo a partir del punto en el que lo he dejado. Les dejo un tiempo para que vayan reflexionando sobre las graves consecuencias de todo lo expuesto, en directa proporción a los desagravios que infieren a quienes deberían estar sirviendo desde el privilegio que otorga la honradez.

 

Atentamente

Lourdes Tebé


[1] El propio Maslow desmontó, hacia los últimos años de su vida, dicha jerarquía. Aunque este asunto lo tocaremos en otro post.

Amigos: estamos muertos

No os asustéis: nunca me han atraído los relatos o las historias de zombis [1]. De hecho, lo único leído hasta la fecha sobre ellos, fue en un libro de Susan Blackmore “Conversaciones sobre la conciencia” (Paidós Ibérica, 2010). Así que no, no voy a escribir sobre este tipo de muertos, aunque con cuatro hilos de fantasía podríamos hilvanar unas buenas tramas relacionadas con seres sin consciencia ─con “s”, para alejarla de toda connotación religiosa y/o espiritual─ que podrían parecerse mucho a algunas de zombis.
Mi intención es generar una alerta con ese “estamos muertos” y abrir una posibilidad de solución hacia esta vía sin salida a la que nos dirigimos si perduramos en nuestra actitud de no interacción.
Señores, me temo que en la zona mediterránea no sabemos dar feedback, ni cómo realimentar las relaciones… y esto es muy grave. Tanto como para diagnosticar la muerte de nuestras empresas, proyectos, investigaciones, objetivos… si no cambiamos y empezamos a responder. Necesitamos interrelacionarnos, que nuestras ideas, proyectos, etc., se fecunden con otros.
Durante años me he estado interrogando sobre cuestiones como… ¿qué fuerza ─mayor o menor─ nos impide cumplir ese “tranquilo, te digo algo”?, ¿qué forma extraña de energía bloquea nuestros movimientos inhabilitando cualquier tipo de respuesta? En las últimas semanas he tenido ocasión de hablar de este tema con personas que, si bien se quejan todas de lo mismo, se mueven por diferentes ámbitos y distintos intereses. La queja es unánime: CASI NUNCA RESPONDEMOS.
¿Cuántos miles de proyectos, estudios, ideas, currículos… habrán sido desestimados ─muchos de ellos sin haber sido leídos─ sin haber otorgado ningún tipo de feedback a su emisor? Decidme, ¿cuántos de vosotros estáis a la espera de algún tipo de respuesta? [2]
Lo interesante de estos asuntos es aventurarse a encontrar las causas, y las de esta cuestión, aunque curiosas, parecen bastante claras .
Lo de curiosas viene porque no deja de ser sorprendente que los meridionales o mediterráneos, sociables por naturaleza y muy influenciados por la cultura judeocristiana, no seamos capaces de ponernos en el lugar del otro. ¿Qué paso con aquello de “trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti”? Porque de esto se trata, de no hacer al otro aquello que no queremos que nos hagan.
Es la falta de seriedad, de cumplimiento y de respeto hacia los demás lo que está hundiendo este país y la causa de que la crisis ─esta transformación a la que tanto nos resistimos─ se niegue a abandonarnos: antes tendremos que aprender que para ponernos en el lugar del otro no hace falta ningún máster y que hay algo llamado respeto y buenas prácticas.

Estamos_muertos_blogCuando el asunto es directamente de nuestro interés, nos molesta que no lo atiendan o que nos den largas, cuando el asunto interesa a otro… nos desentendemos hasta el punto de no ser conscientes del bloqueo, a gran escala, que puede llegar a representar. Los países anglosajones son muy dados a ofrecer feedback y realimentar procesos e interrelaciones haciendo que lleguen a buen fin. Lo nuestro es de diván… o de zombis, no estoy muy segura. ¿Tanto nos cuesta pensar que al otro lado de la situación hay alguien esperando un gesto nuestro, por pequeño que éste sea?
Empezamos tragando, aunque no nos guste; seguimos emulando los comportamientos que nos desagradan de los demás; continuamos degradando nuestras prácticas profesionales hasta el infinito… y reiniciamos el ciclo empezando de nuevo a tragar las malas prácticas de los que dirigen el circo en el que vivimos; seguimos emulando, observando impávidos y copiando la falta de respuesta y resolución… en definitiva, abandonamos nuestra respons(h)abilidad que es la habilidad o capacidad para responder ante algo o alguien.
El feedback sirve para realimentar el proceso e impedir que la rueda se detenga, ya que es información muy válida para el que la está esperando. De nuestra respuesta dependen muchas cosas y no podemos dejar de emitirla sin más ni sin esperar consecuencias.
¿No tendrá algo que ver esta dejadez nuestra, ese olvidarnos de que el otro también existe, con lo que nos está pasando, tanto en lo político y lo económico como en los demás ámbitos?



[1] Me temo que un día de estos sucumbiré al acoso de mis amigos escritores del género Z, que son unos cuantos.

[2] Obviamente se entiende que hablamos de asuntos que no tienen nada que ver con el espameo ni con propagandas de ningún tipo: nos referimos a asuntos profesionales o personales que se dejan sin respuesta por dejadez o falta de interés hacia el otro.

Hace unos días comentaba en un debate en el que se hablaba sobre la humildad, y en el que no logramos ponernos de acuerdo sobre su significado: «cuando digo ‘según mi humilde opinión’ me refiero a que ésta no es ni más valiosa ni más importante que cualquier otra; de la misma manera que cuando escribo o digo ‘con toda humildad’ estoy diciendo que aunque crea o esté convencida de lo que digo, soy muy consciente de que puedo estar equivocada»

Así que hoy toca reflexionar en voz alta sobre este tema, que tanta confusión genera y que ya lleva unos días brincando por mi cabeza. Puede que parte de esa confusión venga dada por la raíz latina “humus” que nos remite a ras del suelo, que nos recuerda nuestra pequeñez y nos iguala al resto de los seres con los que compartimos planeta; puede que también venga de ese “origen humilde” que hace miles de años todos compartimos y del que ahora huímos como si fuera una enfermedad contagiosa; puede… También podría ser debido a nuestra tendencia a caer en los extremos: en uno nos anulamos y dejamos que nos pisoteen y, en el otro, sin dejar de alardear de una supuesta humildad, sentimos que nadie está a nuestra altura y que estamos por encima del bien y del mal.

Ser humilde significa darnos cuenta de nuestra insignificancia y de que, por mucho que sepamos, habrá conocimientos a los que nunca podremos acceder y se nos escaparán. La ignorancia es una constante de la que nadie puede huir: imposible abarcar todo el conocimiento, aunque en esta vida hay muchos que ignoran que no saben y, en consecuencia, creen saber.

La verdadera humildad la encontraríamos en aquellos que, siendo conscientes de estos vacíos, escuchan, atienden, preguntan, indagan, estimulan su curiosidad, capacidad de asombro y fascinación por las personas, por su vida, conocimientos, experiencias… y por todo lo que nos rodea.

El humilde no enjuicia ni juzga a los demás ni sus comportamientos, porque sabe que desconoce muchas de las cosas que podrían explicarlos. El humilde muestra un verdadero interés por los demás y nunca lo veremos actuar como un perdona-vidas.

La ceguera cognitiva, en ese hacernos creer que sabemos, nos aleja de información muy valiosa y necesaria para formarnos una idea aproximada de cómo pueden ser las cosas, personas, situaciones, conceptos…

Lo siento, tengo verdaderos problemas en anteponer el adjetivo falso a conceptos tan nobles: no existe la falsa humildad; en todo caso hablaríamos de soberbia ─su antónimo─ disimulada o disfrazada que, ante una mente distraída, podría pasar desapercibida. 

Humildad tiene que ver con sencillez, con moderación, respeto, elegancia, discreción… y también con una gran capacidad de apreciar y saborear los pequeños detalles que nos regala la vida a diario a través de las personas que nos acompañan en el camino y de este maravilloso entorno en el que habitamos y que con tanta soberbia estamos echando a perder.

Si somos capaces de cultivar nuestro respeto por los demás, seremos también capaces de escucharles y seguir aprendiendo los unos de los otros. Somos eternos aprendices que se equivocan constantemente. Somos como niños que intentan crecer agarrándose a certezas, a dogmas, a creencias y a modelos preestablecidos por no se sabe quién ni con qué intención. Somos frágiles en nuestra ignorancia y en nuestra necesidad de ocultarla.

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Así que… me declaro humana ─que también viene de humus─ y, por tanto, yerro, me equivoco y, a veces, meto la pata hasta el fondo.

Asertividad (I)

 

Hace ya tiempo que quería escribir sobre la asertividad y explicar, desde mi humilde opinión, en qué consiste este palabro tan confuso y complicado para una gram mayoría

Asertividad viene de aserto o afirmación del ser que se expresa… si bien las cosas no acostumbran a ser tan simples como aparentan, puesto que no implica decir sí a todo ni soltar lo primero que nos viene a la cabeza.

La asertividad es una de las habilidades adaptativas que más contribuyen a nuestra evolución y, por tanto, requiere de un largo período de entrenamiento hasta alcanzar un cierto dominio, ya que juegan en su contra infinidad de emociones, instintos primarios… y los prejuicios y creencias irracionales que desarrollamos a través del proceso de culturización y de cómo vivimos las experiencias.

Un buen dominio de la asertividad nos capacita no sólo para expresar nuestras opiniones, sino para hacerlo con adecuación al momento, a la persona y a la situación en sí. Ello requiere de un buen gobierno y administración de nuestro estado emocional, del entorno, de la oportunidad y del tiempo. Es por ello que, con toda probabilidad, nos resulta tan difícil: son muchos los parámetros que hay que considerar para ser asertivos (y de eso trata la complejidad).

La asertividad se asocia a una tabla de derechos asertivos, que iré desgranando en próximos post, aunque me inclino a verla más como un ejercicio de nuestros deberes, en tanto que ciudadanos, que como meros derechos (que conste que no es por llevar la contraria, jejeje…): tenemos no sólo el derecho de reclamar sino que tenemos la obligación de hacerlo cuando vemos que un servicio no está a la altura de lo que nos merecemos como personas.

 

Deber/Derecho a reclamar y quejarnos cuando lo consideramos oportuno

Asertividad1Elegancia, respeto, consideración… y firmeza en la puesta en acción de nuestros deberes/derechos, otorgan mucha más fuerza a nuestras reclamaciones que una simple pataleta, casi siempre en caliente y fuera de tono.

Voy a poner un ejemplo vivido en primera persona hace unos pocos meses, cuando estaba ingresada debido a un quiste hepático. Estaba en una habitación compartida. Mi compañera había sufrido un traumatismo en el pie (un autobús había invadido el andén peatonal y se lo había enganchado con la rueda, destrozándoselo). Llevaba casi cuatro meses ingresada, múltiples operaciones y se encontraba justo a mi lado con la fisioterapeuta que la ayudaba con la rehabilitación. Teníamos la televisión puesta con el volumen muy bajo. En aquel momento entró una patóloga para visitarme. Era muy joven y la primera vez que la veía. Corrió la cortina de separación y, casi en seguida, pidió que bajáramos el volumen de la televisión. Lo hicimos un poco extrañadas, porque apenas se oía. La fisioterapeuta, una excelente profesional, muy dulce y humana, le preguntó a mi compañera de habitación, con voz queda, si le dolía. La patóloga abrió la cortina y les dijo que ella era la doctora que me estaba visitando y necesitaba silencio. Cuando se giró hacia mí empezó a hacer unas muecas extrañas, por grotescas, y fuera de lugar. Ellas siguieron hablando muy flojito y “la doctora” volvió a insistir de malas maneras. “¡Mientras yo esté aquí, que soy una doctora visitando a mi paciente, no habla nadie!”. Me quedé helada, pero no dije nada. Me preguntó. “¿Ha perdido peso, sin causa aparente, alguna vez?” Empecé a responderle que sí, que hacía unos años…

Me interrumpió con un resoplido y muecas varias. “Le he preguntado si hace poco ha perdido peso.” Volví a insistir en que sí, que había tenido varios episodios de pérdida de peso bruscos y sin causa aparente… Me volvió a interrumpir esta vez con muecas de hartura y tono airado: “¿en los últimos 5 meses ha perdido más de 5 kilos sin causa aparente? “No”, fue mi seca y fría respuesta. Días después, horas antes de que me dieran el alta, fui a por una hoja de reclamaciones y describí el episodio con todo detalle, añadiendo que aquella médica, con su nombre y apellidos, no me parecía apta para el puesto que ocupaba, por maleducada, por falta de capacidad de escucha, empatía y poco profesional, ya que si me hubiera escuchado habría tenido muchas más probabilidades de acertar el diagnóstico. Me consta que recibió una amonestación por parte del director de su departamento y a los pocos días recibí una carta de agradecimiento por parte del servicio de atención al cliente del hospital.

Las reclamaciones y quejas son una parte importante de la asertividad y cumplen con una acción cívica de mejora de nuestra profesión, aunque a veces nos duela. Si en aquél momento le hubiera dicho lo que pensaba sobre su comportamiento puede que ─a pesar de la dosis de adrenalina generada─ hubiera conseguido desahogarme, aunque no habría surtido efecto alguno y, además, hubiera aumentado inútilmente el malestar de mis compañeras de habitación.

Gobernar nuestras respuestas verbales o de acción, considerar todos los parámetros: contexto, estado emocional del otro y/o los otros, tempo, oportunidades de acción (hojas de reclamaciones, en este caso), elegancia y respeto ─que siempre dignifican─, son, sin ninguna duda, artífices de una buena actitud asertiva.

Llevo mucho sin escribir, sumergida en una cotidianeidad cada vez más compleja y caótica. Actúo, observo y me adapto, de instante a instante, fuera de cualquier marco temporal, mientras las posibles realidades se suceden creando múltiples escenarios de actuación, a cual más verosímil. Me siento en un no-espacio y en un no-tiempo, como una esfera/burbuja flotando sobre un océano de micro-cambios caleidoscópicos organizados y aleatorios. De repente, aquello que parecía que iba a ser de una manera, con un pequeño giro resulta ser de otra.

Los que seguís el blog de esta ciudadana aprendiz, sabéis de nuestras vicisitudes con la venta de la magnífica casa en Sant Pere de Torelló, Can Piu, y el proyecto de permacultura que nos espera en Les Garrigues (Lleida). Pues bien, a los pocos días de escribir el último post, el día de mi cumpleaños, recibimos una llamada del departamento de turismo del ayuntamiento, invitándonos a considerar el hecho de dedicar Can Piu como vivienda de uso turístico, que en el pueblo no había alojamientos… Hacía justo una semana le comentaba al amigo Miguel que no me sentía con energía suficiente para emprender una aventura de este tipo.  La complejidad es así. Todo está relacionado, entretejido… de manera que si una hebra se tensa, todas las demás se mueven y lo mismo cuando se afloja: todo afecta a todo. Me había comprometido a considerar la opción, que significa analizar y reflexionar con mucha atención, y así lo hicimos. Estudiamos las posibilidades y los entornos de este precioso pueblo que nos ha acogido tan amablemente y con tanto cariño a lo largo de quince años y descubrimos, atónitos, un gran abanico por abrir. Hablamos, debatimos, sopesamos ¿Nos liamos? ¡Nos liamos!

Nos dijimos que si lo hacíamos, lo haríamos con ilusión y una fuerte motivación, por lo que debíamos ir más allá de los intereses puramente personales y abrazar, también, los intereses de la comunidad, y hemos encontrado mucho apoyo y aliados que nos han ofrecido su ayuda, también cuando estaba sola y casi no podía andar por una crisis de ciática (el tema de la salud y las simplificaciones que se hacen con ella merecen un post aparte: ¡prometido!): Josep Mª del Molí de la Riera, Isabel y Toni de La Pradella y Carles, del Restaurant Cals Avis, nos han animado y asesorado. El pueblo necesita un impulso turístico para dinamizar la economía, y tiene todo lo que necesita; un entorno de gran belleza paisajística, rutas para ir a pie, a caballo, andando, en bicicleta… zona de vuelo para los amantes aire… y sin posibilidad de alojamiento en el mismo.

Así que ya me veis, intentando cambiar esta realidad, en Can Piu desde hace más de un mes, desmontando habitaciones, desarmando muebles, colocando literas, somieres, colchones, pintando habitaciones, dibujando flores en las paredes, eligiendo colchas, sábanas, decidiendo qué dejamos y qué nos llevamos (y haciendo equilibrios para no fastidiar más la salud, un poco precaria últimamente)… en definitiva, generando caos para que abrir las puertas el sábado 13, justo un mes después de haber tomado la decisión.

¡Y lo conseguimos!

¿Qué pasó con la supuesta falta de energía? Pues que, entre otras cosas, recibió cargas extra gracias a la ilusión y al compromiso. ¿Compromiso? Sí. Uno de los más poderosos motores y fuentes de energía. Cuando nos comprometemos creamos un vínculo muy fuerte que nos empuja a hacer lo imposible para hacerlo posible. El compromiso creado con los habitantes del lugar, con las personas del pueblo que estos tres días de puertas abiertas no han dejado de circular por los interiores de Can Piu, expresando el inmenso cariño que despierta esta casa. Muchos habían venido de pequeños a comprar leche, carne, embutidos caseros… algunos la recordaban muy distinta de cuando venían a jugar con los niños de Can Piu… y todos, todos, se deshicieron en elogios por el trabajo realizado. (¡Felicidades a Antonio, el verdadero artífice de la rehabilitación de Can Piu!). También el sábado 13 hubo un doble motivo para la celebración: tuvimos nuestros 2 primeros clientes… y quedaron tan satisfechos que nos regalaron una de sus delicatesen: Gelea/Jalea de ratafía. Son de Cal Senzill y tuve el privilegio de probar todos sus productos (naturales: sin conservantes ni aditivos) y quedé extasiada por la exquisitez de sabores que consiguen (les compré unos cuantos en la feria). Os invito a visitar su web  y probar sus delicatesen, ¡son sublimes!

Una mención aparte en relación a la inmensa ternura que despierta reencontrarte con fieles lectores y seguidores de tus artículos. Un honor de los buenos descubrir que te conocen, que no tienes secretos para ellos y que, con todo, te siguen apreciando. Han sido días de acción aunque también de mucho recibir: gracias a todos los que habéis estado en apoyo, colaborando, pintando, sudando, moviendo muebles… Mil gracias a todos, sin vosotros no habría sido posible: Liliana, Santi, Ana, Marta, Jordi, Alicia, Jaume, Gavina, Víctor, Pau, Carolina, Sofía, Xavi, Roser… y a todos los que, no pudiendo estar físicamente han estado apoyando desde la distancia. Sois todos unos sunshines.

Son curiosas las derivas que toma la vida… en pocos días puedes pasar de una situación de casi desespero a otra muy ilusionante, en la que todavía queda mucho por hacer y dar el paso más esperado: estar en Les Garrigues, al fin al lado de Anto, y desde allí poderlo gestionar todo.

Desde 1960 sabemos, gracias al meteorólogo Edward Lorenz, que todo está tan íntimamente relacionado que la más mínima variación puede generar grandes e imprevisibles cambios, como hemos podido comprobar en lo sucedido con Can Piu (¡el caos que ha generado una simple llamada telefónica!), aunque habría que matizar mucho este “sabemos” ya que, en general, actuamos como si no lo supiéramos. Parece increíble cuánto nos cuesta acortar la distancia entre el conocimiento teórico y el actuar en consecuencia. Insistimos en aferrarnos a certezas dejando sin experimentar muchas posibilidades, acomodándonos al terreno de lo seguro, y no consideramos las infinitas variables que entran en juego en todas y cada una de las situaciones, hechos, acontecimientos, oportunidades, interacciones…

DSC08863Complejo significa lo que está tejido en conjunto. Somos seres complejos, hechos por otros seres, que nos hacemos a nosotros mismos sin dejar de hacernos unos a otros; somos, a la vez, el productor y lo producido. Somos un conjunto hecho de voluntades biológicas, psicológicas, espirituales, causales, casuales… que tienden a la expansión y a la propagación (fuerza télica), a la vez que se resisten a ella. Nosotros, esta vez, nos hemos inclinado por el cambio y la acción. Y ha sido una excelente apuesta que no tardará en dar sus frutos.

Jose Luis SampedroUn humilde homenaje a la gran persona de José Luís Sampedro.

Descansa en Paz, Maestro y mil gracias por tu vida ejemplar, por tu obra y por este magnífico Credo que adopto desde ya.

“Credo Personal” de José Luis Sampedro:

 

 

 

Creo en la Vida Madre todopoderosa

Creadora de los cielos y de la Tierra.

Creo en el hombre, su avanzado Hijo

concebido en ardiente evolución,

progresando a pesar de los Pilatos

e inventores de dogmas represores

para oprimir la Vida y sepultarla.

Pero la Vida siempre resucita y el Hombre

sigue en marcha hacia el mañana.

Creo en los horizontes del espíritu

que es la energía cósmica del mundo.

Creo en la Humanidad

siempre ascendente.

Creo en la Vida perdurable.

Amén.

J.L.S.

Fuente: http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/sampedro/home.htm

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