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Archive for the ‘Pensamientos del Sur’ Category

Señores gobernantes,

Les imagino con la suficiente sutileza como para apreciar la frialdad del saludo. No hay más, ya ni siquiera queda para ánimos caldeados, sólo el cansancio de una vida que alcanza su recta final sintiendo que hemos fallado, que nuestra generación ha errado en objetivos, modelos, estrategias… y que, en vez de arreglarlo, lo vamos complicando cada día más, unas veces debido a la inacción y otras debidas a orientaciones y decisiones equivocadas.

Como mi intención con esta misiva es la de expresar mi opinión sobre el daño que realizan sistemáticamente bombardeando las bases de la Pirámide de A. H. Maslow y dado que la misma es un referente humanístico ─aunque, por desgracia y con mucha frecuencia, mal comprendido─ en todas las Universidades y Escuelas de Negocio que se precien, considero como un derecho/obligación ofrecerles unas humildes herramientas cognitivas que les permitan comprender el alcance y las consecuencias a las que, sin ser plenamente conscientes, nos precipitan sus incontables e innombrables desatinos.

PiramideMaslow2 Esta que ven ahí, es una de las posibles ─van por millones─ versiones que se conocen de dicha pirámide. Y no, no se encuentra en Egipto. Es fruto de una vida, la de Abraham H. Maslow, dedicada al estudio de la psicología humana en el que clasificó y jerarquizó[1], a mediados del siglo pasado, las necesidades fundamentales de las personas y que, curiosamente, coinciden con las llamadas “motivaciones” humanas.

La pirámide, como todas, va de la base al vértice. En la imagen superior, vemos que justo en el primer tramo/nivel/grado de las necesidades llamadas básicas ─sin las que resulta casi imposible conseguir algún tipo de sociedad organizada─ se hallan las relacionadas con una alimentación adecuada, una casa para cobijarse, salud para contribuir a la comunidad con nuestro trabajo y, de vez en cuando, un poco de sexo para el desahogo.

Necesidades A) de Alimento / Cobijo / Salud / Sexo

No me dirán que ignoran lo que ocurre en las calles: cada vez más personas buscando restos de comida en los contenedores de basura; colas más largas en los bancos de alimentos; aumento de la malnutrición y profesores comprando ─de su bolsillo─ bocadillos para evitar y aliviar más de un desmayo en clase…

Esta era, hasta anteayer, la franja o el tramo intocable: lo mínimo que había que procurar que nunca faltara. Pero ya no. Y no contentos con dejar de cubrir esta necesidad básica, la del alimento, arremeten contra otra de las grandes necesidades de la humanidad ─un lugar donde cobijarse─, haciendo la corte a reyecillos de organizaciones empresariales y financieras, los gobernadores de turno, y dejando a miles de familias abandonadas en la calle. ¿No se dan cuenta de que tocando estos puntos tan esenciales en las necesidades humanas se arriesgan ustedes a una rebelión en masa?

Fíjense en la base de este primer tramo y en la proporción con respecto al vértice. Esa actitud de búsqueda y tendencia a la autorrealización, tan perseguida y denostada por décadas, era contra cuatro lobos solitarios y poco más, pero éstos… éstos son un montón y con sus leyes y decretos se los están cargando a todos, los están matando ─literalmente─ de hambre, de frío, de pena… y sin demasiadas posibilidades de curación, desmantelando como están, también, el sistema sanitario: otro al que han dejado sin recursos ─no tenían bastante con lo anterior, no─ y en manos de los peores gestores posibles.

Una base enfurecida se remueve y puede con los cimientos ─y más cuando son tan frágiles como los valores que actualmente les sustentan a ustedes─. Imagínense la situación que se puede generar cuando a la gran mayoría de nuestra sociedad del bienestar se le retira lo más básico. Las decisiones/proyectos/leyes que han urdido, que han promovido y firmado, son las causantes de este desatino. La base más amplia a la que había que proteger para contar con su respaldo y acceder al poder, está siendo desatendida y se está enfureciendo ¿Los escuchan?

Cuando la base se resquebraja y se rompe, la gente sufre, sufre mucho y enferma. A este nivel enferman los cuerpos y las mentes se perturban… Muchos fueron los que el sistema capitalista/liberal consiguió meter en su ciclo básico, muchos han seguido el ritmo y las pautas, ordenados y sincronizados, sin apenas voces disonantes… ahora, en cambio hay mucha gente digna, muy indignada, vociferando… todos afinados hacia un objetivo común: ¡NO NOS TOQUÉIS LAS NECESIDADES BÁSICAS! (que ya ni ánimo pa’ sexo nos queda, oigan).

Necesidades B) de Seguridad / Confianza

Subamos al siguiente tramo de la jerarquía (sin olvidar que descuidando las anteriores necesidades/motivaciones lo que están consiguiendo es que la gente enferme y haga cosas o tenga síntomas cada vez más anormales) y veamos el siguiente grupo de necesidades humanas, las que corresponden a la seguridad y a la confianza, las también llamadas de conservación.

A este grupo también corresponde una gran masa crítica, como podrán comprobar en el gráfico anterior; y ─aunque siempre ha costado un poco más de definir─ tengo malas noticias para ustedes: existe un elevado consenso en que este nivel de la jerarquía trata sobre la conservación de todas las necesidades conseguidas en el tramo anterior: seguridad, estabilidad, tranquilidad, confianza en que las cosas irán bien y no faltará la comida, la casa, el trabajo, la salud, la pareja… ¡Oh, sí! En este grupo de necesidades también están, de nuevo, las relacionadas con el sexo; solo que, en este caso, yendo más allá del puro desahogo y, con un pelín más de sofisticación, hacia una pareja estable con la que hacer camino y poder tener hijos para la descendencia…

Vamos a intentar sintetizar los dos primeros tramos agrupándolos en uno solo: necesidades básicas; conseguirlas, en el primer tramo; asegurarlas y garantizarlas, en el segundo.

Se han cargado así, de cuajo ─y siguen haciéndolo tan tranquilos─, la necesidad de seguridad y confianza en el que sistema no nos abandonará, han fallado a sus bases, les han quitado lo más básico eliminando derechos humanos fundamentales que habíamos tardado siglos en conseguir. Y lo han hecho desde la soberbia que solo el ignorante exhibe.

Necesidades C) de Afecto / Pertenencia

Sigamos, que todavía queda un trecho, sin olvidar que los pilares de la base están rompiéndose en mil pedazos que saltan en direcciones imprevisibles. El siguiente tramo difiere un poco de los anteriores, aunque sigue estando muy ligado a ellos, puesto que tiene que ver con la autoestima ─imprescindible valorarse uno mismo primero; siempre en la justa medida: ni más ni menos─, para que los demás puedan valorarnos y seamos capaces de reconocer su valoración y afecto, y con sentirse parte de algo digno, de pertenecer a un grupo que nos valora y nos quiere.

No se dejen engañar por el menor tamaño de este tramo, puede que abarque menos, pero tiene la toda fuerza de los gradientes. Su gracia radica en que, al menos, encierra otra jerarquía: familia, fronteras geopolíticas varias, comunidades de intereses, filiaciones de distintos credos y colores, afinidades culturales… pudiendo incluso ir más allá de los conceptos nación y raza.

Las personas necesitamos sentir que valemos, nos motiva saber que somos útiles, dignas… por una parte, y que lo hacemos para el bien del colectivo al que pertenecemos, por otra. Cuando perdemos el trabajo, la casa, la posibilidad de comprar alimentos, la salud y las ganas de sexo, la autoestima cae por los suelos y los egos se disparan, con lo que puede ocurrir cualquier cosa. Es una advertencia realizada con la mejor de las intenciones, para que luego no digan que les hemos dejado solos ante la debacle: ¿nos escuchan? ¿Oyen lo que les estamos diciendo?

Cuando un pueblo pierde la confianza y se siente desamparado e inseguro, se derrumba, pierde su capacidad de aprecio, valoración, respeto… en definitiva, pierde la orientación y va a la deriva.

Necesidades D) de Reconocimiento / Prestigio

¡Ah… este tramo de las necesidades/motivaciones sí que lo tienen, todos ustedes, muy por la mano, aunque parten de un ligero malentendido que, como las alas de la mariposa caribeña, ha ocasionado grandes tifones, y no solo en Japón: cuando hablaba de este grupo, Maslow se refería a la necesidad del trabajo bien realizado, de calidad y bondad en nuestras obras, acciones y comportamientos. Hacer bien lo que hago, por respeto a mí mismo y por respeto a los demás.

¿Y cómo se manifiesta esta calidad y respeto? A través del propio reconocimiento, valoración, etcétera, descubierto en el esfuerzo por los estudios, aprendizajes, interés, necesidad de experimentación… y a través de valoración y méritos otorgados por los demás como reconocimiento de lo conseguido.

Ahora bien, cuando lo que se premia y favorece es justo lo contrario a lo que entendemos como necesidades fundamentales, cuando se tuerce la fuerza télica o evolutiva distorsionando valores ─fundamentales─ como el de la equidad, imprescindible en la organización de cualquier comunidad. Cuando lo que se premia no es el mérito, el trabajo, el esfuerzo, las habilidades… sino el hecho de “ser hijo/padre/cuñado/primo/amigo de…”, todo está perdido y ya no queda más: ni siquiera para caldear los ánimos. 

Así que, ¿para qué ir al tramo de la E? ¿Para qué abordar el tema de la búsqueda hacia la autorrealización, cuando solo incumbe a cuatro lobos y a algún que otro gato asilvestrado y huraño…?

Llevo casi cuatro páginas, así que me detengo aquí. Aunque como el tema da para mucho más, amenazo con continuar y hacerlo a partir del punto en el que lo he dejado. Les dejo un tiempo para que vayan reflexionando sobre las graves consecuencias de todo lo expuesto, en directa proporción a los desagravios que infieren a quienes deberían estar sirviendo desde el privilegio que otorga la honradez.

 

Atentamente

Lourdes Tebé


[1] El propio Maslow desmontó, hacia los últimos años de su vida, dicha jerarquía. Aunque este asunto lo tocaremos en otro post.

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No os asustéis: nunca me han atraído los relatos o las historias de zombis [1]. De hecho, lo único leído hasta la fecha sobre ellos, fue en un libro de Susan Blackmore “Conversaciones sobre la conciencia” (Paidós Ibérica, 2010). Así que no, no voy a escribir sobre este tipo de muertos, aunque con cuatro hilos de fantasía podríamos hilvanar unas buenas tramas relacionadas con seres sin consciencia ─con “s”, para alejarla de toda connotación religiosa y/o espiritual─ que podrían parecerse mucho a algunas de zombis.
Mi intención es generar una alerta con ese “estamos muertos” y abrir una posibilidad de solución hacia esta vía sin salida a la que nos dirigimos si perduramos en nuestra actitud de no interacción.
Señores, me temo que en la zona mediterránea no sabemos dar feedback, ni cómo realimentar las relaciones… y esto es muy grave. Tanto como para diagnosticar la muerte de nuestras empresas, proyectos, investigaciones, objetivos… si no cambiamos y empezamos a responder. Necesitamos interrelacionarnos, que nuestras ideas, proyectos, etc., se fecunden con otros.
Durante años me he estado interrogando sobre cuestiones como… ¿qué fuerza ─mayor o menor─ nos impide cumplir ese “tranquilo, te digo algo”?, ¿qué forma extraña de energía bloquea nuestros movimientos inhabilitando cualquier tipo de respuesta? En las últimas semanas he tenido ocasión de hablar de este tema con personas que, si bien se quejan todas de lo mismo, se mueven por diferentes ámbitos y distintos intereses. La queja es unánime: CASI NUNCA RESPONDEMOS.
¿Cuántos miles de proyectos, estudios, ideas, currículos… habrán sido desestimados ─muchos de ellos sin haber sido leídos─ sin haber otorgado ningún tipo de feedback a su emisor? Decidme, ¿cuántos de vosotros estáis a la espera de algún tipo de respuesta? [2]
Lo interesante de estos asuntos es aventurarse a encontrar las causas, y las de esta cuestión, aunque curiosas, parecen bastante claras .
Lo de curiosas viene porque no deja de ser sorprendente que los meridionales o mediterráneos, sociables por naturaleza y muy influenciados por la cultura judeocristiana, no seamos capaces de ponernos en el lugar del otro. ¿Qué paso con aquello de “trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti”? Porque de esto se trata, de no hacer al otro aquello que no queremos que nos hagan.
Es la falta de seriedad, de cumplimiento y de respeto hacia los demás lo que está hundiendo este país y la causa de que la crisis ─esta transformación a la que tanto nos resistimos─ se niegue a abandonarnos: antes tendremos que aprender que para ponernos en el lugar del otro no hace falta ningún máster y que hay algo llamado respeto y buenas prácticas.

Estamos_muertos_blogCuando el asunto es directamente de nuestro interés, nos molesta que no lo atiendan o que nos den largas, cuando el asunto interesa a otro… nos desentendemos hasta el punto de no ser conscientes del bloqueo, a gran escala, que puede llegar a representar. Los países anglosajones son muy dados a ofrecer feedback y realimentar procesos e interrelaciones haciendo que lleguen a buen fin. Lo nuestro es de diván… o de zombis, no estoy muy segura. ¿Tanto nos cuesta pensar que al otro lado de la situación hay alguien esperando un gesto nuestro, por pequeño que éste sea?
Empezamos tragando, aunque no nos guste; seguimos emulando los comportamientos que nos desagradan de los demás; continuamos degradando nuestras prácticas profesionales hasta el infinito… y reiniciamos el ciclo empezando de nuevo a tragar las malas prácticas de los que dirigen el circo en el que vivimos; seguimos emulando, observando impávidos y copiando la falta de respuesta y resolución… en definitiva, abandonamos nuestra respons(h)abilidad que es la habilidad o capacidad para responder ante algo o alguien.
El feedback sirve para realimentar el proceso e impedir que la rueda se detenga, ya que es información muy válida para el que la está esperando. De nuestra respuesta dependen muchas cosas y no podemos dejar de emitirla sin más ni sin esperar consecuencias.
¿No tendrá algo que ver esta dejadez nuestra, ese olvidarnos de que el otro también existe, con lo que nos está pasando, tanto en lo político y lo económico como en los demás ámbitos?



[1] Me temo que un día de estos sucumbiré al acoso de mis amigos escritores del género Z, que son unos cuantos.

[2] Obviamente se entiende que hablamos de asuntos que no tienen nada que ver con el espameo ni con propagandas de ningún tipo: nos referimos a asuntos profesionales o personales que se dejan sin respuesta por dejadez o falta de interés hacia el otro.

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Feliz 2013

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When spiders join their webs, they can kill a lion.” Cuando las arañas unen sus telas, pueden matar un león. Ese viejo proverbio etíope, descubierto a través de Anytime Anywhere Tours hace poco más de un año, ejemplariza el poder que pueden llegar a tener unos seres, en apariencia diminutos y frágiles, cuando unen sus fuerzas.

El movimiento #GlobalNoise que ha recorrido el planeta de un extremo a otro hace apenas unas horas, el Blog Action Day de hoy, y las miles de iniciativas colectivas que emergen y crecen a diario, multiplicándose de forma exponencial, son una buena muestra de ello. La sociedad occidental y su viejo sistema capitalista se retuercen en su agonía, intentando arrastrar consigo todo lo que pillan al paso. Amigos, asistimos —en vivo y en directo— a la caída del imperio que más ha durado, el más oscuro, el menos transparente y más cruel y sutil de todos los tiempos: el de la barbarie que nace de la ambición individual o beneficio de unos pocos a costa de la gran mayoría.

El Poder de la Mayoría Silenciosa

Hemos descubierto el poder de la unión y, ahora que sabemos que juntos podemos, hemos dicho basta. Quizás muchos todavía no se hayan enterado y es probable que los que mueven los hilos todavía no lo sepan y sigan riéndose —cual hienas— de lo fácil que les resulta manejarnos. Que rían, que nos den las gracias, que piensen que solo hay que vigilar a los que se manifiestan. Que sigan en la inopia y no se enteren, mejor, así su sorpresa será mayúscula. El cambio es lento, sí, y no importa, ya que de esta manera nos preparamos, asegurando el éxito y que no haya vuelta atrás.

Este Blog Action Day, es un claro indicador de que las formas de lucha han cambiado, de que muchos hemos descubierto de que hay maneras más eficaces de combatir que saliendo a la calle a plantarles cara: los campos de batalla y las viejas armas, señores, están desapareciendo. A lo que hay que temer ahora (que tiemblen) es a la mayoría silenciosa. Sí, esa a la que Rajoy y tantos otros aplauden. Que aplaudan, jejeje…

No olvido aquellos jóvenes raperos que se plantaron, hace ya muchos años, ante las cámaras de la sede de Nike, ni lo que les dijeron apuntando con los índices: «nosotros os hemos levantado y nosotros os podemos tumbar si no dejáis de utilizar mano de obra infantil de inmediato.»

Según Lorenz, uno de los precursores de la teoría del caos, pequeñas acciones y actos en apariencia minúsculos, pueden derrumbar un imperio. Y esto es lo que está ocurriendo.

Cada vez son más las iniciativas destinadas al bien común. Cada vez son más las personas que despiertan y deciden cambiar hacia una forma de vida más ética, sostenible, responsable y comunitaria. Los movimientos cooperativistas y las redes de intercambio crecen de forma exponencial y se fortalecen con nuevas formas de hacer, ser y estar. No es una moda como algunos podrían pensar, no, es una emergencia: una consecuencia lógica surgida del caos individual y nihilista al que nos había empujado este sistema salvaje —enriquecerse sin mirar a costa que qué ni de quién— del consumo por el consumo. Y con un consumo responsable, se acabó la riqueza para ellos.

«Los perjuicios afectan a las personas, los beneficios a los grupos. Es la hora de que salgamos de esa dialéctica romántica del vis a vis y consigamos desplegar las potencialidades de los grupos. Aquí está nuestra fuerza, en las relaciones individuales nuestra debilidad.» Éste es un comentario encontrado el sábado en Facebook[1] que sirve como muestra de lo que está ocurriendo.

Hace pocos días supe del nacimiento de una magnífica iniciativa: Mother Leader / Madre Líder que está creando una web/movimiento internacional para facilitar herramientas a través de seminarios gratuitos on line, a razón de uno por semana, y contribuir al cambio social. Su objetivo: llegar a 10 millones de mujeres de todo el mundo en 10 años (intuyo que lo conseguirán en menos tiempo). Necesitan 1000 fans en una semana para conseguir algún tipo de patrocinio. ¡Ayudémosles!

Otra iniciativa que he tenido el privilegio de conocer: Design for Change , impulsado por Kiran Bir Sethi, una madre que —preocupada por el tipo de enseñanza que recibía su hijo— decidió montar una escuela en la que se potenciara la creatividad y la intervención de los niños en el diseño de su propia sociedad, en sus inicios, para ir luego más allá convirtiéndolo también en un movimiento basado en intervenciones estratégicas en escuelas de todo el mundo que, hasta la fecha, ya ha alcanzado a más de 25 millones de niños. Os invito a entrar también en Design for Change España para conocer sus intervenciones en las escuelas de nuestras país. Otra iniciativa que arrasa en los 5 continentes y que empezó en el ámbito de las empresa, es la del Teaming: 1€ al mes para apoyar la causa que elijas. Cada vez son más las empresas que destinan parte de sus beneficios al bien común y a estas son a las que debemos apoyar.

¿Qué podemos hacer para aumentar el Poder del Nosotros?

Dejar de consumir productos y servicios “contaminados” por la ambición y la irresponsabilidad. Todos aquellos que provengan de multinacionales y sociedades opacas que sólo buscan el enriquecimiento de unos pocos a costa de la explotación y la devastación… y ser implacables en ello.

Retirar nuestros fondos, ahorros, nómicas de los bancos sucios y apoyar el nacimiento de bancas sociales, éticas y transparentes.

Unirnos a movimientos cooperativistas y de intercambio de bienes.

Apoyar las iniciativas sociales que colaboren, de forma responsable, cuyo objetivo sea ayudar a los más castigados por las injusticias de los que hasta ahora han ostentado el poder.

Dejar de votar a los partidos que favorecen este tipo de sociedad (desgraciadamente casi todos).

Participar de forma activa, a través de movimientos asamblearios populares, de nuestros blogs y de las mil y una formas posibles, en la emergencia de gobiernos populares, más demócratas, igualitarios y fraternales, que fomenten el respeto, la libertad y la autonomía de los individuos para que, sumando potencialidades, descubramos el inmenso poder del “nosotros”.

Y como este es un día para la participación y la suma, os invito a que aportéis y compartáis, a través de comentarios en este post, iniciativas que conozcáis, ideas para el cambio y todo aquello que se os ocurra[2] para seguir incrementando esta imparable fuerza que nos une

Hoy es el día del Power of We, animaros a participar y ayudadnos a divulgarlo. ¡Gracias anticipadas y que tengáis un gran día! ¡Va por todos!

 


[1] a Francisco Traver: ¡gracias por compartirla!

[2] Los tiempos han cambiado y, con ellos, también las formas, por lo tanto quedarán automáticamente excluidos aquellos comentarios que aporten “más de lo mismo” como solución: nada de incitación a la violencia. Esta es la fórmula que se ha usado desde siempre y —ahora— ya sabemos que no funciona. Creatividad e imaginación.

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A menudo, cuando pienso en la situación actual, con un gran cambio en ciernes, en el que las soluciones tendrán que venir de asambleas populares, visto el estrepitoso fracaso de los políticos y sus partidos, por no hablar los que (des)manejan la economía mundial (condenando –día sí y otro también– a millares de personas a la muerte), me pregunto… ¿estamos preparados?, ¿sabremos hacerlo bien o será otra revolución a la francesa para que después de unos años o décadas vuelvan a mandar los “Alfa” de turno?

Queda claro que yo, una humilde persona de la calle que lucha por su mejorar su vida y la de los demás, no creo en los actuales gobernantes (¿o debería decir los títeres sin cabeza de las  grandes corporaciones multinacionales y otras sanguijuelas financieras?). No creo ni en los de aquí, ni en los de ningún otro país: todos sirven al mismo y antiquísimo señor, al poderoso caballero Don Dinero.

La única solución posible, creo, pasaría por una huelga indefinida, tal y como sugiere Teresa Forcades, una monja benedictina muy combativa, en este vídeo (53 min. muy bien invertidos): una fórmula legal y pacífica para hacer caer el gobierno. Ok. Imaginemos que hacemos caer el gobierno… ¿Y luego qué? Es ahí dónde surge la pregunta ¿estamos preparados?

Me duele el alma decir esto, ya que acostumbro a andar por la vida con una actitud muy positiva, pero creo que no. No todavía. Y que conste que me encantaría decir que sí. Cuando me pongo a soñar en un futuro más fraternal, equitativo, equilibrado, igualitario, responsable… en el que la cooperación, la colaboración, el respeto, la valoración y la libertad sean posibles, pienso que cada vez está más cerca. Más cerca sí, pero hoy ya no creo que yo pueda llegar a verlo, porque una ya empieza a tener sus añitos. Me parece que nos falta mucho más de lo que mi mente, dada a la ilusión y la fantasía, me hacía pensar. Nos falta seguir evolucionando y creciendo como personas. Pero mejor lo aclaro un poco para que entendáis mis temores.

  • Nos sigue faltando pensamiento crítico: nos creemos las cosas sin contrastarlas porque nos sometemos con extrema facilidad a ideas y opiniones ajenas, y más si vienen de la mano de alguien de confianza (que puede estar tan infoxicado  como nosotros mismos). Sin criterio o pensamiento propio (que ya sabemos co-construido también a través de pensamientos e ideas de nuestros antecesores y contemporáneos), somos presa fácil para la propaganda, venga de donde venga, de la izquierda, de la derecha o directamente desde el cielo.
  • Seguimos faltos de autoestima y con el ego sobredimensionado (la relación es inversamente proporcional: a mayor ego menos autoestima y viceversa). Seguimos juzgando y ajusticiando sin compasión (o eres de los míos o estás contra mí), separándonos en bandos de  buenos y malos (una de las actividades favoritas del ego)… Seguimos peleones, llenos de ira, armándonos para batallar y, de esta manera, calmar nuestras conciencias.
  • Seguimos hablando y hablando sin actuar: cómo nos gusta ¡dios!, citar las mejores frases y seguir a los más buenos, a los mejores ‘famosos’, pensando que con la cercanía se nos contagiará su aura. Parece que la acción se nos va por la boca o por los dedos en el teclado. Y no digo que actuar sea solo salir a la calle a manifestarse a gritar nuestra indignación (que también sirve): conozco a gente que, a la chita callando y sin pregonarlo, están haciendo mucho más para el bien común y para el futuro de nuestras sociedades (que no sólo existe la nuestra…) y culturas, que muchos de los que simplemente sueltan su rabia para luego seguir con su vida de siempre sin cambiar ninguno de sus hábitos ni intentar mejorar como personas contribuyendo a una mejora de la humanidad.

Mis dudas son:

¿Somos conscientes de nuestros privilegios?, ¿sabremos renunciar a ellos? ¿Estamos dispuestos a decrecer, a vivir con menos? ¿Devolvimos nuestros Apple (Mackintosh, iPhone, iPad, iPod..) cuando supimos que en 2011 la cuenta fiscal en España le salió negativa? ¿Hicimos/promovimos algún boicot o seguimos comprando como si nada? ¿Hasta cuándo seguiremos alimentando empresas y endiosando empresarios que se enriquecen a costa de la explotación humana?

¿Seguiremos especulando y pidiendo a los bancos que nos den más intereses por nuestros ahorros a sabiendas de que esta actitud les da poder y empobrece a nuestros hijos, nietos y a todas las generaciones que esperan? ¿Estamos dispuestos a ganar menos para que otros puedan tener trabajo? ¿Y qué pasa con la coherencia, esta delgada línea –tan frágil ella– entre lo que decimos (o pensamos) y nuestros actos y actitudes cotidianas?

I’m sorry, lo siento… Veo un futuro oscuro, por mucho que hagamos caer a los de arriba. O empezamos a cambiar nosotros y nos preparamos para ser un poco más humanos… o lo tenemos difícil. Hasta que no veamos a los demás, sean del color que sean y piensen como piensen, como humanos/personas/hermanos en el mismo barco que nosotros, a los que entender y aceptar sin juzgar, y empecemos todos juntos a trabajar para el bien común, no me lo voy a creer. Lo veo lejos… porque parece que no nos damos cuenta de que todavía somos homínidos en vías de humanización. Hay que empezar a ser el cambio que queremos ver, sin dilación ni esperas o nos quedamos sin alternativas para el día después.

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Los luchadores del bien común somos personas con brío, con garbo, como diría mi madre. Briosas, garbosas, proactivas, generosas, optimistas, atrevidas, abiertas (honestas, francas), capaces, responsables, comprometidas, con ganas de pasarlo bien, también metiendo la pata hasta el fondo, y con una visión muy lúdica de la vida y su devenir.

Somos muchos[1]. Somos Ubuntu, este concepto –emergente– indicador de una visión más amplia que comprende “sé que soy porque somos”. Y no vamos armados. No necesitamos armas, vamos preparados, con buenas herramientas que sabemos utilizar, llevamos mucho tiempo entrenándonos, tenemos habilidades, somos competentes y, sobre todo, somos humildes. Muy importante la humildad, ese ser conscientes de nuestra ignorancia, para dudar, preguntarnos, investigar, atrevernos a experimentar y probar, apostando por los buenos resultados, como eternos aprendices.

Los luchadores del bien común somos –y hemos sido– seres bastante solitarios, como lobos esteparios, amantes de momentos de tranquilidad, de silencio, sosiego, calma… De repente, con la llegada de las redes sociales, nos tiramos en plancha al momento 2.0, el de la interconexión, interacción e interrelación[2]. Pero estamos tranquilos, porque aprenderemos a combinar la calma de la cueva con el trasiego de la inmensa tela de araña que nos interconecta. Dato curioso: parece que la virtualidad nos abre, nos conecta, facilita puntos de encuentro, de copulación y fecundación de ideas y, valor añadido, promueve la desvirtualización[3].

Andamos sobrados de motivos para la lucha, este es otro aspecto que nos define, y no luchamos ni por odio ni por venganza, luchamos por responsabilidad, por justicia, por solidaridad… ¡Son tantas las cosas que tenemos que cambiar para que la humanidad entera pueda caminar tranquilamente por la senda de la dignidad!

Pues bien, nos hemos levantado y hemos empezado a andar. Venimos de diferentes puntos y vamos a distintos ritmos. Pero sabemos que compartimos muchos de nuestros sueños y anhelos: queremos un mundo mejor para nosotros-todos, para nuestros hijos-todos, nietos-todos… y para las, al menos, siete generaciones que nos seguirán y las que les seguirán a ellos…

Un mundo más justo e igualitario, con menos diferencias económicas, sociales, culturales, en el que, el que más cobre, no lo haga por encima de 10 veces de lo que cobra el que menos percibe. En el que las empresas y organismos, actúen por y para el bien común. En el que seamos más libres, con más criterio para elegir y discernir y con acceso a una educación que abra las formas y los contenidos, que no moldee a la vieja usanza, y que tenga como principal objetivo aprender a aprender, que promueva cambio, diversidad, creatividad, originalidad, colaborativismo y cooperación, interacciones e interrelaciones, compasión, escucha, empatía y expresión, en sus múltiples formas, además de competencias técnicas, metodología científica, pensamiento crítico, multidisciplinariedad…

Llevamos un tiempo andando, escalando a veces, por el terreno abrupto, sudando, al límite, sintiéndonos por momentos sin fuerzas y cargándonos de razones para seguir avanzando cada vez que nos indignamos ante los indignos que nos persiguen, ante las tremendas y poderosas fuerzas de lo más oscuro y abyecto que puebla la tierra.

Las huestes de Mordor siguen sedientas, sin freno en su afán de libar hasta la última gota de nuestra sangre, de nuestro aliento y empuje. Succionan y absorben, cual agujero negro, triturando personas, familias, culturas y hasta países enteros.

Nos hallamos en una vía sin retorno. En un impasse.

Por detrás nos persigue una horda de zombis sin escrúpulos ni consciencia, encorvados y medio arrastrándose, zigzagueantes sus andares, sin ojos, convertidos en piltrafas de lo que pudieron ser, y con restos colgantes ensangrentados de bajos instintos balanceándose al paso. Quieren más. Alargan los tentáculos, mutan, se envalentonan, sacan pecho… No van a saciarse nunca.

Abajo, a nuestros pies, se abre paso un tortuoso y minúsculo camino de conejos, lleno de altos matorrales, muy escarpado, que se pierde en la maleza y acaba, al fondo del precipicio, en un pequeño riachuelo. Arriesgado pero posible, en las montañas hay muchos de estos pequeños senderos que abren los animalillos en su tránsito hacia el agua. Esta opción implica renuncias, austeridad, puede que empezar de cero, capacidad de riesgo, entrenamiento, aceptación, flexibilidad. Tocará hacer el camino de uno en uno y habrá que respetar formas, ritmos,  destinos… mucha adaptabilidad y confianza.

Justo delante, enfrente, los restos de lo que un día fue un puente colgante hecho de cuerdas, ahora deshilachadas, y tablas de madera de las que, entre las pocas que quedan, no hay ni una entera. De estar en buenas condiciones, el puente sería sin duda la opción más acertada. Permitiría pasar a muchos a la vez, lo haríamos juntos y nos ayudaríamos unos a otros. Pero nos ha pillado por sorpresa y con los deberes por hacer. El puente no aguantará. Hay que ser muy rápidos y muy hábiles en la reconstrucción. Pueden intentarlo unos pocos, esconderse otros y esperar a que algo suceda.

También existe la opción de abandonar y dejarse engullir por la horda ciega…

Quizás exista alguna opción más que aglutine las dos anteriores: salir de esta como podamos, ni que sea por el sendero de los orejudos, con respeto y dignidad, con ganas de hacerlo bien y disfrutando, mientras vamos construyendo un puente, entre todos, que sea sólido, que nos permita pasar al otro lado, el del bien común, donde pueda empezar a emerger una nueva cultura, más Slow, que funcione como una verdadera red de apoyo local –y global– para proyectos e ideas educativos, industriales, agrónomos, sociales, artísticos… que consideren el bien de toda la humanidad.

En fin, difícil elección… Creo que, en mi caso, voy a optar por el camino del medio, as usual, el del avance en solitario, de uno en uno, y la pendiente escarpada. Habrá momentos para todo, de eso trata la alternancia y se encarga, también, la tecnología. Pero ahora toca apartarse del mundanal ruido, trasladarse al monte, filosofía slow para reducir las necesidades a mínimos y recuperar fuerzas (un día de estos explico la idea).

Mientras, sin precipitación pero sin pausas, iremos construyendo el puente, nos iremos preparando y organizando para que este movimiento ciudadano colectivo pueda sentar las bases y acceder al lado más humano de nuestro tránsito por la vida.

Los luchadores del bien común no tenemos prisa. Nuestras apuestas son a largo… Sabemos esperar y, mientras, no dejamos de observaros.


[1] “Somos Mayoría”, interesante movimiento de Julio Anguita, aunque preferiría un referente desvinculado de la política: http://colectivoprometeo.blogspot.com.es/2012/06/somos-mayoria.htm

[2] Esto ha posibilitado la emergencia de muchas iniciativas que trabajan para el bien común, como por ejemplo: www.economia-del-bien-comun.es, http://bancasininteres.blogspot.com.es/, http://www.noticiaspositivas.net/2012/06/25/etruekko-una-nueva-red-social-para-el-trueque/ y muchas otras que habrá que ir observando y a las que habrá que sumarse.

[3] Para los que estéis interesados en este tema os recomiendo un excelente libro, “Socionomía” de Dolors Reig, que he empezado a leer http://dreig.eu/socionomia/, así como un artículo de la Vanguardia, interesante por las referencias que cita y las reflexiones a las que invita http://www.lavanguardia.com/estilos-de-vida/20120525/54297124111/como-internet-cambia-nuestro-cerebro.html

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Lo encontré hace unos días en uno de los grupos de Facebook: “EL SECRETO DE LOS FINLANDESES, 24 horas con uno de los jóvenes de 15 años que triunfa en Pisa” de Carlos Manuel Sánchez  y recordé que teníamos temas pendientes del post “Repensarnos desde la Austeridad” En el punto 11) hablé de aumentar el presupuesto para Educación, aunque me gustaría matizarlo un poco.

Es cierto que hacen falta mayores inversiones: para poder pagar un poco mejor a maestros y profesores, para aumentar su número -¡hacen falta!-, para que puedan formarse de forma continuada y para mejorar los equipamientos de  escuelas, institutos, universidades y centros de formación. Pero tenemos la enfermiza costumbre de pensar que todo se arregla con dinero y aunque es evidente que necesitamos invertir más recursos económicos, también salta a la luz que nuestro sistema educativo necesita repensarse por completo.

No se trata de hacer una nueva reforma o ley LOE, LOGSE o como quieran llamarla. No. Se trata de reflexionar en profundidad sobre cómo formar mejor a nuestros jóvenes, para qué les queremos preparar, qué habilidades, competencias, conocimientos consideramos que deberán tener para afrontar su futuro de forma satisfactoria. Necesitamos transformar nuestro modelo educativo al completo y construir un nuevo paradigma que incluya modelos hologramáticos y estimulen el pensamiento crítico y complejo.

Vuelve a mi memoria uno de los últimos párrafos del artículo citado al inicio (relativo a las escuelas finlandesas): “Las carteras son livianas. Se estimula el razonamiento crítico antes que la memorización. Hay clases distendidas, como baile de salón, teatro, arte digital, peluquería, artes marciales, hockey sobre hielo, esquí de travesía, ¡cocina! (Saili y su hermano Mikael aprendieron a cocinar en el colegio y preparan la cena en casa cuando les toca). También primeros auxilios, carpintería, soldadura o música. Los alumnos tocan el violín, la guitarra eléctrica u otros instrumentos, según sus preferencias. Y, sobre todo, se estimula el pensamiento crítico. Se invita a discutir. El sistema español margina el debate y la expresión oral. El alumno toma apuntes pasivamente, bosteza.”

No hace mucho, vi una interesantísima charla del brillante economista y profesor Huerta de Soto. Hubo un detalle cuando estaban presentándolo que me llamó la atención: “no todos los profesores querían estar en su clase, del miedo que le tenían” (debido a su espíritu crítico). Pues bien, justo esto es lo que hemos de fomentar: espíritu crítico para forjar el criterio y la autonomía de opinión.

El criterio es una condición o regla que facilita el discernimiento, la elección y la opinión. Criterio (juicio, opinión), crítico (que decide) y crisis (decisión) beben de la misma fuente: la duda, y ésta, a su vez, tiene su raíz en ‘duo’, por las dos o más alternativas entre las que elegir. Así pues, para desarrollar nuestro criterio o la propia opinión de las cosas, tenemos que dudar y bailar en la cuerda floja del cuestionamiento. Pero no hay nada más cómodo que creer sin dudar ni nada más fácil que asirse con fuerza a la certeza de algo. Dudar y cuestionar son actividades incómodas porque nos obligan a observar, a investigar, a contrastar y a reflexionar para extraer nuestras propias conclusiones e ideas. Vivir en la duda permanente es agotador y genera mucha inseguridad, es por ello que optamos por la creencia fácil.

No se trata tanto de ser un descreído o desconfiar de todo, como de ejercer una confianza relativa, responsable, que nos habilite para resolver y responder ante la cuestión en sí. Creemos en cosas porque las hemos oído, porque se habla de ello o se rumorea por muchos. Creemos en cosas porque las vemos impresas en los libros, porque lo dicen profesores, mayores con autoridad o porque ‘siempre han sido así”. Nuestro sistema educativo está matando la creatividad, la brillantez, la efervescencia y la emergencia de nuevas formas de ver, entender y afrontar la realidad y el futuro.

Edgar Morín en su obra “Los 7 Saberes Necesarios para la Educación del Futuro” (Unesco, 1999) ya nos advierte en el primer capítulo sobre “Las Cegueras del Conocimiento”.

¿Hasta cuándo seguiremos fomentando la incapacidad de nuestros niños y jóvenes para afrontar y superar los retos que la vida les presentará de forma ineludible? ¿Hasta cuándo vamos a seguir dormidos y sumidos en la ceguera del conocimiento?

“El hombre más peligroso para cualquier gobierno es aquel capaz de pensar con independencia,  ya que resulta inevitable que llegue a la conclusión de que el gobierno bajo el cual vive es deshonesto y está enfermo” (H.L. Mencken)

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