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Archive for the ‘Complexus’ Category

No os asustéis: nunca me han atraído los relatos o las historias de zombis [1]. De hecho, lo único leído hasta la fecha sobre ellos, fue en un libro de Susan Blackmore “Conversaciones sobre la conciencia” (Paidós Ibérica, 2010). Así que no, no voy a escribir sobre este tipo de muertos, aunque con cuatro hilos de fantasía podríamos hilvanar unas buenas tramas relacionadas con seres sin consciencia ─con “s”, para alejarla de toda connotación religiosa y/o espiritual─ que podrían parecerse mucho a algunas de zombis.
Mi intención es generar una alerta con ese “estamos muertos” y abrir una posibilidad de solución hacia esta vía sin salida a la que nos dirigimos si perduramos en nuestra actitud de no interacción.
Señores, me temo que en la zona mediterránea no sabemos dar feedback, ni cómo realimentar las relaciones… y esto es muy grave. Tanto como para diagnosticar la muerte de nuestras empresas, proyectos, investigaciones, objetivos… si no cambiamos y empezamos a responder. Necesitamos interrelacionarnos, que nuestras ideas, proyectos, etc., se fecunden con otros.
Durante años me he estado interrogando sobre cuestiones como… ¿qué fuerza ─mayor o menor─ nos impide cumplir ese “tranquilo, te digo algo”?, ¿qué forma extraña de energía bloquea nuestros movimientos inhabilitando cualquier tipo de respuesta? En las últimas semanas he tenido ocasión de hablar de este tema con personas que, si bien se quejan todas de lo mismo, se mueven por diferentes ámbitos y distintos intereses. La queja es unánime: CASI NUNCA RESPONDEMOS.
¿Cuántos miles de proyectos, estudios, ideas, currículos… habrán sido desestimados ─muchos de ellos sin haber sido leídos─ sin haber otorgado ningún tipo de feedback a su emisor? Decidme, ¿cuántos de vosotros estáis a la espera de algún tipo de respuesta? [2]
Lo interesante de estos asuntos es aventurarse a encontrar las causas, y las de esta cuestión, aunque curiosas, parecen bastante claras .
Lo de curiosas viene porque no deja de ser sorprendente que los meridionales o mediterráneos, sociables por naturaleza y muy influenciados por la cultura judeocristiana, no seamos capaces de ponernos en el lugar del otro. ¿Qué paso con aquello de “trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti”? Porque de esto se trata, de no hacer al otro aquello que no queremos que nos hagan.
Es la falta de seriedad, de cumplimiento y de respeto hacia los demás lo que está hundiendo este país y la causa de que la crisis ─esta transformación a la que tanto nos resistimos─ se niegue a abandonarnos: antes tendremos que aprender que para ponernos en el lugar del otro no hace falta ningún máster y que hay algo llamado respeto y buenas prácticas.

Estamos_muertos_blogCuando el asunto es directamente de nuestro interés, nos molesta que no lo atiendan o que nos den largas, cuando el asunto interesa a otro… nos desentendemos hasta el punto de no ser conscientes del bloqueo, a gran escala, que puede llegar a representar. Los países anglosajones son muy dados a ofrecer feedback y realimentar procesos e interrelaciones haciendo que lleguen a buen fin. Lo nuestro es de diván… o de zombis, no estoy muy segura. ¿Tanto nos cuesta pensar que al otro lado de la situación hay alguien esperando un gesto nuestro, por pequeño que éste sea?
Empezamos tragando, aunque no nos guste; seguimos emulando los comportamientos que nos desagradan de los demás; continuamos degradando nuestras prácticas profesionales hasta el infinito… y reiniciamos el ciclo empezando de nuevo a tragar las malas prácticas de los que dirigen el circo en el que vivimos; seguimos emulando, observando impávidos y copiando la falta de respuesta y resolución… en definitiva, abandonamos nuestra respons(h)abilidad que es la habilidad o capacidad para responder ante algo o alguien.
El feedback sirve para realimentar el proceso e impedir que la rueda se detenga, ya que es información muy válida para el que la está esperando. De nuestra respuesta dependen muchas cosas y no podemos dejar de emitirla sin más ni sin esperar consecuencias.
¿No tendrá algo que ver esta dejadez nuestra, ese olvidarnos de que el otro también existe, con lo que nos está pasando, tanto en lo político y lo económico como en los demás ámbitos?



[1] Me temo que un día de estos sucumbiré al acoso de mis amigos escritores del género Z, que son unos cuantos.

[2] Obviamente se entiende que hablamos de asuntos que no tienen nada que ver con el espameo ni con propagandas de ningún tipo: nos referimos a asuntos profesionales o personales que se dejan sin respuesta por dejadez o falta de interés hacia el otro.

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Hace ya tiempo que quería escribir sobre la asertividad y explicar, desde mi humilde opinión, en qué consiste este palabro tan confuso y complicado para una gram mayoría

Asertividad viene de aserto o afirmación del ser que se expresa… si bien las cosas no acostumbran a ser tan simples como aparentan, puesto que no implica decir sí a todo ni soltar lo primero que nos viene a la cabeza.

La asertividad es una de las habilidades adaptativas que más contribuyen a nuestra evolución y, por tanto, requiere de un largo período de entrenamiento hasta alcanzar un cierto dominio, ya que juegan en su contra infinidad de emociones, instintos primarios… y los prejuicios y creencias irracionales que desarrollamos a través del proceso de culturización y de cómo vivimos las experiencias.

Un buen dominio de la asertividad nos capacita no sólo para expresar nuestras opiniones, sino para hacerlo con adecuación al momento, a la persona y a la situación en sí. Ello requiere de un buen gobierno y administración de nuestro estado emocional, del entorno, de la oportunidad y del tiempo. Es por ello que, con toda probabilidad, nos resulta tan difícil: son muchos los parámetros que hay que considerar para ser asertivos (y de eso trata la complejidad).

La asertividad se asocia a una tabla de derechos asertivos, que iré desgranando en próximos post, aunque me inclino a verla más como un ejercicio de nuestros deberes, en tanto que ciudadanos, que como meros derechos (que conste que no es por llevar la contraria, jejeje…): tenemos no sólo el derecho de reclamar sino que tenemos la obligación de hacerlo cuando vemos que un servicio no está a la altura de lo que nos merecemos como personas.

 

Deber/Derecho a reclamar y quejarnos cuando lo consideramos oportuno

Asertividad1Elegancia, respeto, consideración… y firmeza en la puesta en acción de nuestros deberes/derechos, otorgan mucha más fuerza a nuestras reclamaciones que una simple pataleta, casi siempre en caliente y fuera de tono.

Voy a poner un ejemplo vivido en primera persona hace unos pocos meses, cuando estaba ingresada debido a un quiste hepático. Estaba en una habitación compartida. Mi compañera había sufrido un traumatismo en el pie (un autobús había invadido el andén peatonal y se lo había enganchado con la rueda, destrozándoselo). Llevaba casi cuatro meses ingresada, múltiples operaciones y se encontraba justo a mi lado con la fisioterapeuta que la ayudaba con la rehabilitación. Teníamos la televisión puesta con el volumen muy bajo. En aquel momento entró una patóloga para visitarme. Era muy joven y la primera vez que la veía. Corrió la cortina de separación y, casi en seguida, pidió que bajáramos el volumen de la televisión. Lo hicimos un poco extrañadas, porque apenas se oía. La fisioterapeuta, una excelente profesional, muy dulce y humana, le preguntó a mi compañera de habitación, con voz queda, si le dolía. La patóloga abrió la cortina y les dijo que ella era la doctora que me estaba visitando y necesitaba silencio. Cuando se giró hacia mí empezó a hacer unas muecas extrañas, por grotescas, y fuera de lugar. Ellas siguieron hablando muy flojito y “la doctora” volvió a insistir de malas maneras. “¡Mientras yo esté aquí, que soy una doctora visitando a mi paciente, no habla nadie!”. Me quedé helada, pero no dije nada. Me preguntó. “¿Ha perdido peso, sin causa aparente, alguna vez?” Empecé a responderle que sí, que hacía unos años…

Me interrumpió con un resoplido y muecas varias. “Le he preguntado si hace poco ha perdido peso.” Volví a insistir en que sí, que había tenido varios episodios de pérdida de peso bruscos y sin causa aparente… Me volvió a interrumpir esta vez con muecas de hartura y tono airado: “¿en los últimos 5 meses ha perdido más de 5 kilos sin causa aparente? “No”, fue mi seca y fría respuesta. Días después, horas antes de que me dieran el alta, fui a por una hoja de reclamaciones y describí el episodio con todo detalle, añadiendo que aquella médica, con su nombre y apellidos, no me parecía apta para el puesto que ocupaba, por maleducada, por falta de capacidad de escucha, empatía y poco profesional, ya que si me hubiera escuchado habría tenido muchas más probabilidades de acertar el diagnóstico. Me consta que recibió una amonestación por parte del director de su departamento y a los pocos días recibí una carta de agradecimiento por parte del servicio de atención al cliente del hospital.

Las reclamaciones y quejas son una parte importante de la asertividad y cumplen con una acción cívica de mejora de nuestra profesión, aunque a veces nos duela. Si en aquél momento le hubiera dicho lo que pensaba sobre su comportamiento puede que ─a pesar de la dosis de adrenalina generada─ hubiera conseguido desahogarme, aunque no habría surtido efecto alguno y, además, hubiera aumentado inútilmente el malestar de mis compañeras de habitación.

Gobernar nuestras respuestas verbales o de acción, considerar todos los parámetros: contexto, estado emocional del otro y/o los otros, tempo, oportunidades de acción (hojas de reclamaciones, en este caso), elegancia y respeto ─que siempre dignifican─, son, sin ninguna duda, artífices de una buena actitud asertiva.

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