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Archive for 15 mayo 2014

Este es un tema sobre el que hace tiempo quería escribir… y, como acostumbra a suceder, las circunstancias se han encargado de cerrar el círculo en estos últimos días. Lo que en su inicio era una idea borrosa, ahora tiene sus contornos más definidos de manera que ya puedo distinguir las formas, con sus luces y sus sombras.
Quería cumplir mi amenaza y continuar el post dedicado a explicar la Pirámide de Maslow, que escribí con cierta sorna. Seguir allí donde me había quedado, en la búsqueda hacia la autorrealización. Pero ya no tengo ganas de escribir para políticos. Me cansan, desaniman, agotan… y no deseo malgastar mi energía en ello. Me interesan mucho más las personas, nosotros, los oprimidos hasta la estrangulación por un sistema del que, paradójicamente y desde la complejidad, somos nada, parte y todo. De manera que, si bien este post viene a continuación del citado, intentaré que sea como un sano ejercicio de compartir aquello que he sido capaz de descubrir y entender a lo largo de este camino de búsqueda y aprendizaje en el que todavía sigo.
Imagino que más de uno habrá interpretado el título como “Búsqueda contra/frente Comprensión”. A pesar de que generalmente le damos el uso contrario Versus significa ‘ir hacia’… y siento un gran placer cuando puedo elegirla, porque evoca o llama a entregar(se), verter(se)… y se define ella sola, como las grandes palabras/concepto, con innumerable cantidad de matices.
Lo que en un principio Maslow definía en su jerarquía de las necesidades como autorrealización, fue posteriormente desarrollado por él mismo (en “La Personalidad Creadora”) y ampliado hacia la necesidad de comprender el mundo, a nosotros, a los otros, a lo que nos rodea, a la búsqueda hacia el saber, entender y comprendernos. No hay más. Solo el camino que nos lleva a ello y que nunca abandonaremos. Casi todo lo demás es mentira. Este es el más alto nivel según la jerarquía de Maslow . De esta manera, Maslow hablaba de personas autorrealizadoras, como las que son a través de esta búsqueda. Es el mayor nivel de exigencia y es un camino que, además de tener grados o niveles, es complicado, abrupto, conlleva sufrimiento y, debido a ello, resulta muy poco transitado.
Esta era la idea borrosa de la que os hablaba al principio, y tiene mucho que ver con la cruda realidad y con el bombardeo memético de los últimos años relacionado con la búsqueda de la felicidad que intentan inculcarnos con mensajes positivos a todas horas. No digo que no esté de acuerdo con alguna de estas miles de citas o aforismas que circulan por las redes —sin olvidar nunca que “del dicho al hecho hay un enorme trecho”—, lo que intento decir es que debemos ser conscientes para ver y comprender la gran mentira que subyace detrás de esta tremenda campaña propagandística, por un lado, y del peligro que corremos creyendo que por el mero hecho de compartir, haciendo nuestra una sentencia breve, maravillosa y con tono doctrinal, vayamos a brillar y a impregnarnos de su glamour.
Nos quieren cómodos y anestesiados ante un falso “preciosismo”, que solo abona terreno para el engorde de nuestros egos. Mensajes del tipo “porque yo lo valgo” pueden hacer sentir mucho peor a alguien que ya lo está pasando muy mal y que sufra por doble motivo: por el dolor de tener que vivir un momento de dificultad (debido a causas económicas o laborales, de pérdida, enfermedad, incapacidad, miedos, inseguridad, estrés…) y por la idea/pensamiento de injusticia que se genera cuando creemos que debería irnos de otra manera si hiciéramos lo correcto. “¿Por qué a mí?, ¿qué he hecho yo para merecer esto?, ¿qué estoy haciendo mal, que todo me sale del revés?”.
Me ha costado casi una vida entera darme cuenta (“tempora tempore tempera“, decían los latinos: atempera los tiempos con el tiempo), comprender la magnitud de la búsqueda y aceptar el interrogante como principio y fin de todas las cosas.
La búsqueda resquebraja, divide, fracciona, rompe… así como también une, suma, completa, construye… La búsqueda es generadora de dolor y sufrimiento y, de la misma forma, generadora de placer, felicidad y ataraxia. En la búsqueda, como en tantos otros conceptos, se hallan incluidos los extremos u opuestos y, para llegar a buen fin, hay que acometerla siguiendo el compás de la alternancia: ahora mucho esfuerzo, lucha, incomprensión, entrega incondicional, sufrimiento… luego descanso, paz, comprensión, serenidad…
bearwalkingAcostumbro a definirme como ciudadana y eterna aprendiz, lo que también significa buscadora tenaz. Muchos años de búsqueda, sí, y mucho sufrimiento negado con risas, optimismo y buen humor hasta que al fin descubres que no hay nada que negar y sí, en cambio, mucho por reivindicar: miedos, dudas, lágrimas, cada uno de los dolores y sufrimientos del alma, decaimientos, tropiezos, desánimos… puesto que todos ellos han sido los peldaños de esa escalera que llamamos vida. Una escalera de caracol herrumbrosa, colgada de un risco, que puede que además de algún que otro susto nos regale también (en presente) grandes momentos de belleza, lucidez e imperturbabilidad… aunque luego se desvanezcan al continuar apostando por el límite, por la razón fronteriza y por la incomodidad del lecho de clavos (somos un poco faquires, sí).
Es probable que algunas veces sea la propia vida y nuestras circunstancias las que nos coloquen en la senda de los buscadores, que no la hayamos elegido del todo y que haya sido nuestra forma de afrontar situaciones, las más duras y extremas, las que exigen grandes esfuerzos y mucha lucha para superarlas, lo que nos haya llevado allí.
La aceptación incondicional, que podemos entrenar mediante una actitud epoché , y el cultivo de la duda constante para intentar comprender y comprendernos, así, en fraternal alternancia, serán nuestras mejores aliadas. Porque los buscadores somos gente rara, más cercana a los lobos esteparios que al ruido mundano. Gustamos de conversaciones profundas, de momentos ociosos de contemplación, soledad, aventuras arriesgadas y, en definitiva, de una vida alejada de los estándares y de la comodidad. Buscamos comprender a través del resplandor de la belleza, del brillo que emite la conformidad de las partes que forman este todo, del que también somos parte, e indagamos sumergidos en el caos a la espera de la emergencia de nuevas estructuras que disipen las sombras, conscientes de que no lo conseguiremos.
Leemos, investigamos, dudamos, apostamos… sin creer en nada, para comprender el todo. Y ahí radica nuestra fuerza: el espíritu del buscador no se contentará ni se asentará en esa tierra prometida llamada felicidad. El espíritu del buscador vaga errante, cual nómada en busca de una fértil comprensión, sin pausa ni descanso… lo que ciertamente nos convierte en un ser suficientemente indómito como para no creernos los discursos de quienes nos prometen una vida/mundo mejor. Estamos lejos, muy lejos, de esta promesa. Primero necesitamos conocer, comprender, aprehender, darnos cuenta, ser conscientes y actuar en consecuencia. ¿Qué para ello todavía faltan eones? Seguro que sí y, precisamente por ello, vamos a seguir… sin prisa aunque sin pausa.
Así que disculpen que no aplauda ni comulgue con las miles de fórmulas y recetas mágicas —tan prolíficas en las redes y en muchos de los cursos que se imparten— que nos intentan vender en pos de una falsa felicidad. La vida de los buscadores es una vida de sufrimiento, de caídas, de golpes, encuentros… ¿Optimismo? El que necesitemos para levantarnos después de cada tropiezo o decepción y poder hacerlo con nuevos empujes. ¿Felicidad? La que precisemos, ni más ni menos, y prudentemente administrada en dosis homeopáticas para no caer en manos de los que pretenden que nos durmamos cómodamente en el sillón haciéndonos creer que no hay nada que comprender. Y es que, como dicen que dijo Sócrates, “solo existe un bien: el conocimiento; solo existe un mal: la ignorancia”.
No son buenos momentos para nuestro planeta ni para sus habitantes, todos. Y es por ello me reivindico inquieta, rebelde y eterna buscadora…

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