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Archive for 19 septiembre 2013

Señores gobernantes,

Les imagino con la suficiente sutileza como para apreciar la frialdad del saludo. No hay más, ya ni siquiera queda para ánimos caldeados, sólo el cansancio de una vida que alcanza su recta final sintiendo que hemos fallado, que nuestra generación ha errado en objetivos, modelos, estrategias… y que, en vez de arreglarlo, lo vamos complicando cada día más, unas veces debido a la inacción y otras debidas a orientaciones y decisiones equivocadas.

Como mi intención con esta misiva es la de expresar mi opinión sobre el daño que realizan sistemáticamente bombardeando las bases de la Pirámide de A. H. Maslow y dado que la misma es un referente humanístico ─aunque, por desgracia y con mucha frecuencia, mal comprendido─ en todas las Universidades y Escuelas de Negocio que se precien, considero como un derecho/obligación ofrecerles unas humildes herramientas cognitivas que les permitan comprender el alcance y las consecuencias a las que, sin ser plenamente conscientes, nos precipitan sus incontables e innombrables desatinos.

PiramideMaslow2 Esta que ven ahí, es una de las posibles ─van por millones─ versiones que se conocen de dicha pirámide. Y no, no se encuentra en Egipto. Es fruto de una vida, la de Abraham H. Maslow, dedicada al estudio de la psicología humana en el que clasificó y jerarquizó[1], a mediados del siglo pasado, las necesidades fundamentales de las personas y que, curiosamente, coinciden con las llamadas “motivaciones” humanas.

La pirámide, como todas, va de la base al vértice. En la imagen superior, vemos que justo en el primer tramo/nivel/grado de las necesidades llamadas básicas ─sin las que resulta casi imposible conseguir algún tipo de sociedad organizada─ se hallan las relacionadas con una alimentación adecuada, una casa para cobijarse, salud para contribuir a la comunidad con nuestro trabajo y, de vez en cuando, un poco de sexo para el desahogo.

Necesidades A) de Alimento / Cobijo / Salud / Sexo

No me dirán que ignoran lo que ocurre en las calles: cada vez más personas buscando restos de comida en los contenedores de basura; colas más largas en los bancos de alimentos; aumento de la malnutrición y profesores comprando ─de su bolsillo─ bocadillos para evitar y aliviar más de un desmayo en clase…

Esta era, hasta anteayer, la franja o el tramo intocable: lo mínimo que había que procurar que nunca faltara. Pero ya no. Y no contentos con dejar de cubrir esta necesidad básica, la del alimento, arremeten contra otra de las grandes necesidades de la humanidad ─un lugar donde cobijarse─, haciendo la corte a reyecillos de organizaciones empresariales y financieras, los gobernadores de turno, y dejando a miles de familias abandonadas en la calle. ¿No se dan cuenta de que tocando estos puntos tan esenciales en las necesidades humanas se arriesgan ustedes a una rebelión en masa?

Fíjense en la base de este primer tramo y en la proporción con respecto al vértice. Esa actitud de búsqueda y tendencia a la autorrealización, tan perseguida y denostada por décadas, era contra cuatro lobos solitarios y poco más, pero éstos… éstos son un montón y con sus leyes y decretos se los están cargando a todos, los están matando ─literalmente─ de hambre, de frío, de pena… y sin demasiadas posibilidades de curación, desmantelando como están, también, el sistema sanitario: otro al que han dejado sin recursos ─no tenían bastante con lo anterior, no─ y en manos de los peores gestores posibles.

Una base enfurecida se remueve y puede con los cimientos ─y más cuando son tan frágiles como los valores que actualmente les sustentan a ustedes─. Imagínense la situación que se puede generar cuando a la gran mayoría de nuestra sociedad del bienestar se le retira lo más básico. Las decisiones/proyectos/leyes que han urdido, que han promovido y firmado, son las causantes de este desatino. La base más amplia a la que había que proteger para contar con su respaldo y acceder al poder, está siendo desatendida y se está enfureciendo ¿Los escuchan?

Cuando la base se resquebraja y se rompe, la gente sufre, sufre mucho y enferma. A este nivel enferman los cuerpos y las mentes se perturban… Muchos fueron los que el sistema capitalista/liberal consiguió meter en su ciclo básico, muchos han seguido el ritmo y las pautas, ordenados y sincronizados, sin apenas voces disonantes… ahora, en cambio hay mucha gente digna, muy indignada, vociferando… todos afinados hacia un objetivo común: ¡NO NOS TOQUÉIS LAS NECESIDADES BÁSICAS! (que ya ni ánimo pa’ sexo nos queda, oigan).

Necesidades B) de Seguridad / Confianza

Subamos al siguiente tramo de la jerarquía (sin olvidar que descuidando las anteriores necesidades/motivaciones lo que están consiguiendo es que la gente enferme y haga cosas o tenga síntomas cada vez más anormales) y veamos el siguiente grupo de necesidades humanas, las que corresponden a la seguridad y a la confianza, las también llamadas de conservación.

A este grupo también corresponde una gran masa crítica, como podrán comprobar en el gráfico anterior; y ─aunque siempre ha costado un poco más de definir─ tengo malas noticias para ustedes: existe un elevado consenso en que este nivel de la jerarquía trata sobre la conservación de todas las necesidades conseguidas en el tramo anterior: seguridad, estabilidad, tranquilidad, confianza en que las cosas irán bien y no faltará la comida, la casa, el trabajo, la salud, la pareja… ¡Oh, sí! En este grupo de necesidades también están, de nuevo, las relacionadas con el sexo; solo que, en este caso, yendo más allá del puro desahogo y, con un pelín más de sofisticación, hacia una pareja estable con la que hacer camino y poder tener hijos para la descendencia…

Vamos a intentar sintetizar los dos primeros tramos agrupándolos en uno solo: necesidades básicas; conseguirlas, en el primer tramo; asegurarlas y garantizarlas, en el segundo.

Se han cargado así, de cuajo ─y siguen haciéndolo tan tranquilos─, la necesidad de seguridad y confianza en el que sistema no nos abandonará, han fallado a sus bases, les han quitado lo más básico eliminando derechos humanos fundamentales que habíamos tardado siglos en conseguir. Y lo han hecho desde la soberbia que solo el ignorante exhibe.

Necesidades C) de Afecto / Pertenencia

Sigamos, que todavía queda un trecho, sin olvidar que los pilares de la base están rompiéndose en mil pedazos que saltan en direcciones imprevisibles. El siguiente tramo difiere un poco de los anteriores, aunque sigue estando muy ligado a ellos, puesto que tiene que ver con la autoestima ─imprescindible valorarse uno mismo primero; siempre en la justa medida: ni más ni menos─, para que los demás puedan valorarnos y seamos capaces de reconocer su valoración y afecto, y con sentirse parte de algo digno, de pertenecer a un grupo que nos valora y nos quiere.

No se dejen engañar por el menor tamaño de este tramo, puede que abarque menos, pero tiene la toda fuerza de los gradientes. Su gracia radica en que, al menos, encierra otra jerarquía: familia, fronteras geopolíticas varias, comunidades de intereses, filiaciones de distintos credos y colores, afinidades culturales… pudiendo incluso ir más allá de los conceptos nación y raza.

Las personas necesitamos sentir que valemos, nos motiva saber que somos útiles, dignas… por una parte, y que lo hacemos para el bien del colectivo al que pertenecemos, por otra. Cuando perdemos el trabajo, la casa, la posibilidad de comprar alimentos, la salud y las ganas de sexo, la autoestima cae por los suelos y los egos se disparan, con lo que puede ocurrir cualquier cosa. Es una advertencia realizada con la mejor de las intenciones, para que luego no digan que les hemos dejado solos ante la debacle: ¿nos escuchan? ¿Oyen lo que les estamos diciendo?

Cuando un pueblo pierde la confianza y se siente desamparado e inseguro, se derrumba, pierde su capacidad de aprecio, valoración, respeto… en definitiva, pierde la orientación y va a la deriva.

Necesidades D) de Reconocimiento / Prestigio

¡Ah… este tramo de las necesidades/motivaciones sí que lo tienen, todos ustedes, muy por la mano, aunque parten de un ligero malentendido que, como las alas de la mariposa caribeña, ha ocasionado grandes tifones, y no solo en Japón: cuando hablaba de este grupo, Maslow se refería a la necesidad del trabajo bien realizado, de calidad y bondad en nuestras obras, acciones y comportamientos. Hacer bien lo que hago, por respeto a mí mismo y por respeto a los demás.

¿Y cómo se manifiesta esta calidad y respeto? A través del propio reconocimiento, valoración, etcétera, descubierto en el esfuerzo por los estudios, aprendizajes, interés, necesidad de experimentación… y a través de valoración y méritos otorgados por los demás como reconocimiento de lo conseguido.

Ahora bien, cuando lo que se premia y favorece es justo lo contrario a lo que entendemos como necesidades fundamentales, cuando se tuerce la fuerza télica o evolutiva distorsionando valores ─fundamentales─ como el de la equidad, imprescindible en la organización de cualquier comunidad. Cuando lo que se premia no es el mérito, el trabajo, el esfuerzo, las habilidades… sino el hecho de “ser hijo/padre/cuñado/primo/amigo de…”, todo está perdido y ya no queda más: ni siquiera para caldear los ánimos. 

Así que, ¿para qué ir al tramo de la E? ¿Para qué abordar el tema de la búsqueda hacia la autorrealización, cuando solo incumbe a cuatro lobos y a algún que otro gato asilvestrado y huraño…?

Llevo casi cuatro páginas, así que me detengo aquí. Aunque como el tema da para mucho más, amenazo con continuar y hacerlo a partir del punto en el que lo he dejado. Les dejo un tiempo para que vayan reflexionando sobre las graves consecuencias de todo lo expuesto, en directa proporción a los desagravios que infieren a quienes deberían estar sirviendo desde el privilegio que otorga la honradez.

 

Atentamente

Lourdes Tebé


[1] El propio Maslow desmontó, hacia los últimos años de su vida, dicha jerarquía. Aunque este asunto lo tocaremos en otro post.

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No os asustéis: nunca me han atraído los relatos o las historias de zombis [1]. De hecho, lo único leído hasta la fecha sobre ellos, fue en un libro de Susan Blackmore “Conversaciones sobre la conciencia” (Paidós Ibérica, 2010). Así que no, no voy a escribir sobre este tipo de muertos, aunque con cuatro hilos de fantasía podríamos hilvanar unas buenas tramas relacionadas con seres sin consciencia ─con “s”, para alejarla de toda connotación religiosa y/o espiritual─ que podrían parecerse mucho a algunas de zombis.
Mi intención es generar una alerta con ese “estamos muertos” y abrir una posibilidad de solución hacia esta vía sin salida a la que nos dirigimos si perduramos en nuestra actitud de no interacción.
Señores, me temo que en la zona mediterránea no sabemos dar feedback, ni cómo realimentar las relaciones… y esto es muy grave. Tanto como para diagnosticar la muerte de nuestras empresas, proyectos, investigaciones, objetivos… si no cambiamos y empezamos a responder. Necesitamos interrelacionarnos, que nuestras ideas, proyectos, etc., se fecunden con otros.
Durante años me he estado interrogando sobre cuestiones como… ¿qué fuerza ─mayor o menor─ nos impide cumplir ese “tranquilo, te digo algo”?, ¿qué forma extraña de energía bloquea nuestros movimientos inhabilitando cualquier tipo de respuesta? En las últimas semanas he tenido ocasión de hablar de este tema con personas que, si bien se quejan todas de lo mismo, se mueven por diferentes ámbitos y distintos intereses. La queja es unánime: CASI NUNCA RESPONDEMOS.
¿Cuántos miles de proyectos, estudios, ideas, currículos… habrán sido desestimados ─muchos de ellos sin haber sido leídos─ sin haber otorgado ningún tipo de feedback a su emisor? Decidme, ¿cuántos de vosotros estáis a la espera de algún tipo de respuesta? [2]
Lo interesante de estos asuntos es aventurarse a encontrar las causas, y las de esta cuestión, aunque curiosas, parecen bastante claras .
Lo de curiosas viene porque no deja de ser sorprendente que los meridionales o mediterráneos, sociables por naturaleza y muy influenciados por la cultura judeocristiana, no seamos capaces de ponernos en el lugar del otro. ¿Qué paso con aquello de “trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti”? Porque de esto se trata, de no hacer al otro aquello que no queremos que nos hagan.
Es la falta de seriedad, de cumplimiento y de respeto hacia los demás lo que está hundiendo este país y la causa de que la crisis ─esta transformación a la que tanto nos resistimos─ se niegue a abandonarnos: antes tendremos que aprender que para ponernos en el lugar del otro no hace falta ningún máster y que hay algo llamado respeto y buenas prácticas.

Estamos_muertos_blogCuando el asunto es directamente de nuestro interés, nos molesta que no lo atiendan o que nos den largas, cuando el asunto interesa a otro… nos desentendemos hasta el punto de no ser conscientes del bloqueo, a gran escala, que puede llegar a representar. Los países anglosajones son muy dados a ofrecer feedback y realimentar procesos e interrelaciones haciendo que lleguen a buen fin. Lo nuestro es de diván… o de zombis, no estoy muy segura. ¿Tanto nos cuesta pensar que al otro lado de la situación hay alguien esperando un gesto nuestro, por pequeño que éste sea?
Empezamos tragando, aunque no nos guste; seguimos emulando los comportamientos que nos desagradan de los demás; continuamos degradando nuestras prácticas profesionales hasta el infinito… y reiniciamos el ciclo empezando de nuevo a tragar las malas prácticas de los que dirigen el circo en el que vivimos; seguimos emulando, observando impávidos y copiando la falta de respuesta y resolución… en definitiva, abandonamos nuestra respons(h)abilidad que es la habilidad o capacidad para responder ante algo o alguien.
El feedback sirve para realimentar el proceso e impedir que la rueda se detenga, ya que es información muy válida para el que la está esperando. De nuestra respuesta dependen muchas cosas y no podemos dejar de emitirla sin más ni sin esperar consecuencias.
¿No tendrá algo que ver esta dejadez nuestra, ese olvidarnos de que el otro también existe, con lo que nos está pasando, tanto en lo político y lo económico como en los demás ámbitos?



[1] Me temo que un día de estos sucumbiré al acoso de mis amigos escritores del género Z, que son unos cuantos.

[2] Obviamente se entiende que hablamos de asuntos que no tienen nada que ver con el espameo ni con propagandas de ningún tipo: nos referimos a asuntos profesionales o personales que se dejan sin respuesta por dejadez o falta de interés hacia el otro.

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