Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 24 junio 2012

Los luchadores del bien común somos personas con brío, con garbo, como diría mi madre. Briosas, garbosas, proactivas, generosas, optimistas, atrevidas, abiertas (honestas, francas), capaces, responsables, comprometidas, con ganas de pasarlo bien, también metiendo la pata hasta el fondo, y con una visión muy lúdica de la vida y su devenir.

Somos muchos[1]. Somos Ubuntu, este concepto –emergente– indicador de una visión más amplia que comprende “sé que soy porque somos”. Y no vamos armados. No necesitamos armas, vamos preparados, con buenas herramientas que sabemos utilizar, llevamos mucho tiempo entrenándonos, tenemos habilidades, somos competentes y, sobre todo, somos humildes. Muy importante la humildad, ese ser conscientes de nuestra ignorancia, para dudar, preguntarnos, investigar, atrevernos a experimentar y probar, apostando por los buenos resultados, como eternos aprendices.

Los luchadores del bien común somos –y hemos sido– seres bastante solitarios, como lobos esteparios, amantes de momentos de tranquilidad, de silencio, sosiego, calma… De repente, con la llegada de las redes sociales, nos tiramos en plancha al momento 2.0, el de la interconexión, interacción e interrelación[2]. Pero estamos tranquilos, porque aprenderemos a combinar la calma de la cueva con el trasiego de la inmensa tela de araña que nos interconecta. Dato curioso: parece que la virtualidad nos abre, nos conecta, facilita puntos de encuentro, de copulación y fecundación de ideas y, valor añadido, promueve la desvirtualización[3].

Andamos sobrados de motivos para la lucha, este es otro aspecto que nos define, y no luchamos ni por odio ni por venganza, luchamos por responsabilidad, por justicia, por solidaridad… ¡Son tantas las cosas que tenemos que cambiar para que la humanidad entera pueda caminar tranquilamente por la senda de la dignidad!

Pues bien, nos hemos levantado y hemos empezado a andar. Venimos de diferentes puntos y vamos a distintos ritmos. Pero sabemos que compartimos muchos de nuestros sueños y anhelos: queremos un mundo mejor para nosotros-todos, para nuestros hijos-todos, nietos-todos… y para las, al menos, siete generaciones que nos seguirán y las que les seguirán a ellos…

Un mundo más justo e igualitario, con menos diferencias económicas, sociales, culturales, en el que, el que más cobre, no lo haga por encima de 10 veces de lo que cobra el que menos percibe. En el que las empresas y organismos, actúen por y para el bien común. En el que seamos más libres, con más criterio para elegir y discernir y con acceso a una educación que abra las formas y los contenidos, que no moldee a la vieja usanza, y que tenga como principal objetivo aprender a aprender, que promueva cambio, diversidad, creatividad, originalidad, colaborativismo y cooperación, interacciones e interrelaciones, compasión, escucha, empatía y expresión, en sus múltiples formas, además de competencias técnicas, metodología científica, pensamiento crítico, multidisciplinariedad…

Llevamos un tiempo andando, escalando a veces, por el terreno abrupto, sudando, al límite, sintiéndonos por momentos sin fuerzas y cargándonos de razones para seguir avanzando cada vez que nos indignamos ante los indignos que nos persiguen, ante las tremendas y poderosas fuerzas de lo más oscuro y abyecto que puebla la tierra.

Las huestes de Mordor siguen sedientas, sin freno en su afán de libar hasta la última gota de nuestra sangre, de nuestro aliento y empuje. Succionan y absorben, cual agujero negro, triturando personas, familias, culturas y hasta países enteros.

Nos hallamos en una vía sin retorno. En un impasse.

Por detrás nos persigue una horda de zombis sin escrúpulos ni consciencia, encorvados y medio arrastrándose, zigzagueantes sus andares, sin ojos, convertidos en piltrafas de lo que pudieron ser, y con restos colgantes ensangrentados de bajos instintos balanceándose al paso. Quieren más. Alargan los tentáculos, mutan, se envalentonan, sacan pecho… No van a saciarse nunca.

Abajo, a nuestros pies, se abre paso un tortuoso y minúsculo camino de conejos, lleno de altos matorrales, muy escarpado, que se pierde en la maleza y acaba, al fondo del precipicio, en un pequeño riachuelo. Arriesgado pero posible, en las montañas hay muchos de estos pequeños senderos que abren los animalillos en su tránsito hacia el agua. Esta opción implica renuncias, austeridad, puede que empezar de cero, capacidad de riesgo, entrenamiento, aceptación, flexibilidad. Tocará hacer el camino de uno en uno y habrá que respetar formas, ritmos,  destinos… mucha adaptabilidad y confianza.

Justo delante, enfrente, los restos de lo que un día fue un puente colgante hecho de cuerdas, ahora deshilachadas, y tablas de madera de las que, entre las pocas que quedan, no hay ni una entera. De estar en buenas condiciones, el puente sería sin duda la opción más acertada. Permitiría pasar a muchos a la vez, lo haríamos juntos y nos ayudaríamos unos a otros. Pero nos ha pillado por sorpresa y con los deberes por hacer. El puente no aguantará. Hay que ser muy rápidos y muy hábiles en la reconstrucción. Pueden intentarlo unos pocos, esconderse otros y esperar a que algo suceda.

También existe la opción de abandonar y dejarse engullir por la horda ciega…

Quizás exista alguna opción más que aglutine las dos anteriores: salir de esta como podamos, ni que sea por el sendero de los orejudos, con respeto y dignidad, con ganas de hacerlo bien y disfrutando, mientras vamos construyendo un puente, entre todos, que sea sólido, que nos permita pasar al otro lado, el del bien común, donde pueda empezar a emerger una nueva cultura, más Slow, que funcione como una verdadera red de apoyo local –y global– para proyectos e ideas educativos, industriales, agrónomos, sociales, artísticos… que consideren el bien de toda la humanidad.

En fin, difícil elección… Creo que, en mi caso, voy a optar por el camino del medio, as usual, el del avance en solitario, de uno en uno, y la pendiente escarpada. Habrá momentos para todo, de eso trata la alternancia y se encarga, también, la tecnología. Pero ahora toca apartarse del mundanal ruido, trasladarse al monte, filosofía slow para reducir las necesidades a mínimos y recuperar fuerzas (un día de estos explico la idea).

Mientras, sin precipitación pero sin pausas, iremos construyendo el puente, nos iremos preparando y organizando para que este movimiento ciudadano colectivo pueda sentar las bases y acceder al lado más humano de nuestro tránsito por la vida.

Los luchadores del bien común no tenemos prisa. Nuestras apuestas son a largo… Sabemos esperar y, mientras, no dejamos de observaros.


[1] “Somos Mayoría”, interesante movimiento de Julio Anguita, aunque preferiría un referente desvinculado de la política: http://colectivoprometeo.blogspot.com.es/2012/06/somos-mayoria.htm

[2] Esto ha posibilitado la emergencia de muchas iniciativas que trabajan para el bien común, como por ejemplo: www.economia-del-bien-comun.es, http://bancasininteres.blogspot.com.es/, http://www.noticiaspositivas.net/2012/06/25/etruekko-una-nueva-red-social-para-el-trueque/ y muchas otras que habrá que ir observando y a las que habrá que sumarse.

[3] Para los que estéis interesados en este tema os recomiendo un excelente libro, “Socionomía” de Dolors Reig, que he empezado a leer http://dreig.eu/socionomia/, así como un artículo de la Vanguardia, interesante por las referencias que cita y las reflexiones a las que invita http://www.lavanguardia.com/estilos-de-vida/20120525/54297124111/como-internet-cambia-nuestro-cerebro.html

Anuncios

Read Full Post »

Jerry Kaplan, famoso emprendedor del mundo digital, dijo en una ocasión: “El mejor momento para montar una empresa es cuando todo el mundo te dice que es imposible”. Detrás de estas palabras se esconde una realidad creciente que nos permite vislumbrar un futuro colorido dentro de un panorama que ahora muchos pintan en blanco y negro. Y es que innovar, emprender, creer en una idea y ponerla en práctica es, ahora más que nunca, posible.

Porque es en los momentos de incertidumbre cuando el ser humano agudiza el ingenio. Es ahora, que la seguridad se tambalea, cuando el hombre se atreve a soñar en grande y hacer realidad sus proyectos.  Porque si eliminas el miedo a fracasar sólo quedan las ganas de crear, de crecer y de aportar a esta sociedad lo que cada uno de nosotros quiere y puede ofrecer. Es cierto que para ello hay que creer en un proyecto y trabajarlo día a día, con esfuerzo e ilusión.  Y afortunadamente en nuestro país existen muchas personas con este tipo de inquietudes. Las nuevas vías de comunicación digital están sirviendo de punto de encuentro entre agentes sociales, empresariales y políticos, que permiten hacer de la suma de pequeñas fuerzas, un vehículo motor para el cambio. Las nuevas posibilidades del marketing y la comunicación digital, la democratización de productos y servicios a través de las redes sociales, la puesta en marcha de contenidos transmedia como vía de cambio social, las posibilidades del networking  para el crecimiento empresarial… Las oportunidades se multiplican.

Tal como señala Javier Rodríguez Zapatero, CEO en Google España, “quien no vea que la revolución digital va a provocar cambios profundos en la sociedad, la gobernanza y las relaciones económicas está permitiendo que los árboles no le dejen ver el bosque”. Y es que debemos aprovechar este momento de transformación y coger las riendas de nuestro futuro, confiando en el poder de internet como sector tractor y aprovechando las posibilidades de la colaboración y la gestión óptima del talento.

Womenalia, la primera red social para mujeres profesionales, quiere aportar su grano de arena con la celebración del Inspiration Day el próximo 21 de junio, un encuentro de más de 1.200 hombres y mujeres profesionales que pretende servir de inspiración para fomentar nuevas ideas y proyectos. Porque el talento existe, sólo hace falta aprovecharlo.

Read Full Post »

A %d blogueros les gusta esto: