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Archive for 19 mayo 2012

Lo encontré hace unos días en uno de los grupos de Facebook: “EL SECRETO DE LOS FINLANDESES, 24 horas con uno de los jóvenes de 15 años que triunfa en Pisa” de Carlos Manuel Sánchez  y recordé que teníamos temas pendientes del post “Repensarnos desde la Austeridad” En el punto 11) hablé de aumentar el presupuesto para Educación, aunque me gustaría matizarlo un poco.

Es cierto que hacen falta mayores inversiones: para poder pagar un poco mejor a maestros y profesores, para aumentar su número -¡hacen falta!-, para que puedan formarse de forma continuada y para mejorar los equipamientos de  escuelas, institutos, universidades y centros de formación. Pero tenemos la enfermiza costumbre de pensar que todo se arregla con dinero y aunque es evidente que necesitamos invertir más recursos económicos, también salta a la luz que nuestro sistema educativo necesita repensarse por completo.

No se trata de hacer una nueva reforma o ley LOE, LOGSE o como quieran llamarla. No. Se trata de reflexionar en profundidad sobre cómo formar mejor a nuestros jóvenes, para qué les queremos preparar, qué habilidades, competencias, conocimientos consideramos que deberán tener para afrontar su futuro de forma satisfactoria. Necesitamos transformar nuestro modelo educativo al completo y construir un nuevo paradigma que incluya modelos hologramáticos y estimulen el pensamiento crítico y complejo.

Vuelve a mi memoria uno de los últimos párrafos del artículo citado al inicio (relativo a las escuelas finlandesas): “Las carteras son livianas. Se estimula el razonamiento crítico antes que la memorización. Hay clases distendidas, como baile de salón, teatro, arte digital, peluquería, artes marciales, hockey sobre hielo, esquí de travesía, ¡cocina! (Saili y su hermano Mikael aprendieron a cocinar en el colegio y preparan la cena en casa cuando les toca). También primeros auxilios, carpintería, soldadura o música. Los alumnos tocan el violín, la guitarra eléctrica u otros instrumentos, según sus preferencias. Y, sobre todo, se estimula el pensamiento crítico. Se invita a discutir. El sistema español margina el debate y la expresión oral. El alumno toma apuntes pasivamente, bosteza.”

No hace mucho, vi una interesantísima charla del brillante economista y profesor Huerta de Soto. Hubo un detalle cuando estaban presentándolo que me llamó la atención: “no todos los profesores querían estar en su clase, del miedo que le tenían” (debido a su espíritu crítico). Pues bien, justo esto es lo que hemos de fomentar: espíritu crítico para forjar el criterio y la autonomía de opinión.

El criterio es una condición o regla que facilita el discernimiento, la elección y la opinión. Criterio (juicio, opinión), crítico (que decide) y crisis (decisión) beben de la misma fuente: la duda, y ésta, a su vez, tiene su raíz en ‘duo’, por las dos o más alternativas entre las que elegir. Así pues, para desarrollar nuestro criterio o la propia opinión de las cosas, tenemos que dudar y bailar en la cuerda floja del cuestionamiento. Pero no hay nada más cómodo que creer sin dudar ni nada más fácil que asirse con fuerza a la certeza de algo. Dudar y cuestionar son actividades incómodas porque nos obligan a observar, a investigar, a contrastar y a reflexionar para extraer nuestras propias conclusiones e ideas. Vivir en la duda permanente es agotador y genera mucha inseguridad, es por ello que optamos por la creencia fácil.

No se trata tanto de ser un descreído o desconfiar de todo, como de ejercer una confianza relativa, responsable, que nos habilite para resolver y responder ante la cuestión en sí. Creemos en cosas porque las hemos oído, porque se habla de ello o se rumorea por muchos. Creemos en cosas porque las vemos impresas en los libros, porque lo dicen profesores, mayores con autoridad o porque ‘siempre han sido así”. Nuestro sistema educativo está matando la creatividad, la brillantez, la efervescencia y la emergencia de nuevas formas de ver, entender y afrontar la realidad y el futuro.

Edgar Morín en su obra “Los 7 Saberes Necesarios para la Educación del Futuro” (Unesco, 1999) ya nos advierte en el primer capítulo sobre “Las Cegueras del Conocimiento”.

¿Hasta cuándo seguiremos fomentando la incapacidad de nuestros niños y jóvenes para afrontar y superar los retos que la vida les presentará de forma ineludible? ¿Hasta cuándo vamos a seguir dormidos y sumidos en la ceguera del conocimiento?

“El hombre más peligroso para cualquier gobierno es aquel capaz de pensar con independencia,  ya que resulta inevitable que llegue a la conclusión de que el gobierno bajo el cual vive es deshonesto y está enfermo” (H.L. Mencken)

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Más allá de la credibilidad que podamos inspirar, existe el arte de persuadir al otro. La persuasión es una habilidad que todos podemos desarrollar, aunque no sin dedicarle mucha práctica, tiempo y esfuerzo.

Persuadir es hacer que los demás acepten nuestra manera de ver las cosas, que respeten, aprecien y consideren nuestros planteamientos como si fueran los suyos propios.

Podemos ser personas con una cierta capacidad de influencia, por nuestra coherencia, por nuestra manera de ser y de actuar, por encanto personal o carisma, y no ser muy conscientes de ello. La persuasión, en cambio, conlleva voluntad, intención de influenciar al otro, de hacerle cambiar de opinión y de que este cambio sea asumido por el otro como decisión propia, en pleno uso de su libertad de elección.

Soft Skills en el Hub MadridConexión de Banda Ancha

Para persuadir a alguien y hacer que adopte nuestra idea, enfoque, punto de vista u opinión tenemos que conseguir una conexión de banda ancha y librarla de parásitos, ruidos y de las máximas interferencias. Necesitamos conectar con el otro. Captar su frecuencia. Sintonizar su onda, oírla bien, escuchar con mucha atención y con una buena actitud epoché (suspensión temporal de toda idea, juicio u opinión) para conocer, entender, aprender: algunas de las acciones que nos acercan al otro y que nos lo muestran tal como es, con sus ilusiones y temores.

Cuando escuchamos al otro con interés, atendiendo las interferencias que puedan producirse, la calidad de la información entrante aumenta de manera casi exponencial. Si atiendes a alguien con esa actitud, descubres sus necesidades, sus motivos, sus razones para hacer e incluso para pensar de una determinada manera y es entonces (y no antes) cuando puedes empezar a construir tu planteamiento argumental: cuando conoces todos sus puntos de resistencia y sabes cómo afrontarlos para darles la vuelta.

¿Quieres Persuadir?

  • Haz que tus mensajes sean interesantes para el otro y piensa que en general lo que más interesa es que alguien nos escuche. Pregúntale. Interésate por él y procura que este interés sea verdadero (el falso interés se nota enseguida).
  • Debes saber que los mensajes más convincentes son los que conectan directamente con el sistema de creencias (posibles objeciones y resistencias) de tu interlocutor. Hazlo de manera elegante y considerada. Trátale de manera que se sienta cómodo y libre de toda amenaza.
  • Recuerda que la estrategia demostrativa es muy útil, puesto que activa el deseo de imitación y que los ejemplos son más motivadores y se asimilan mejor que los contenidos puramente teóricos.
  • Aportar experiencias, propias y ajenas, correctamente combinadas con el mensaje, facilitarán la comprensión y el deseo de aceptación del otro.
  • Crea un clima de confianza para que el otro pueda manifestar todas sus dudas. A mayor distancia entre interlocutores, mayor riesgo de que se ‘simulen’ los cambios y de que fracases en tu intento de persuasión.
  • En las estrategias de identificación (hacer cosas que otros hacen), aludes a las necesidades de pertenencia y afecto. Son las que requieren menos esfuerzo y son más fáciles de desplegar, pero sus efectos son de menor duración.
  • En las estrategias de argumentación, más dotadas de explicaciones racionales y lógicas, llamas a las necesidades de comprensión y de autorrealización. Requieren más capacidades y habilidades y un conocimiento más profundo de lo que vayas a argumentar.
  • Cuanto más cualificado y racional sea tu interlocutor, más argumentación y de mayor calidad vas a necesitar si quieres ser eficaz en tu capacidad de persuasión.

Aceptamos con mucha más facilidad los consejos o puntos de vista de aquellos que, para nosotros, tienen una “credibilidad” que supera o iguala la nuestra y, generalmente, acostumbramos a ignorar los de las personas que consideramos fuera o lejos de nuestra onda o “nivel intelectual”.

Conviértete en una persona de valor y verás cómo crece tu área de influencia y tu capacidad de persuasión. Elige tus palabras y argumentos con mucho cuidado y esmero y comprobarás que los demás confían cada vez más en ti. Recuerda que la verdadera autoridad fluye de las personas auténticas, de las de mayor calidad…

(Este artículo fue publicado en la revista Salud Vital [2007] y ELEG&CIA ha tenido la amabilidad de compartirlo en su blog. ¡Muchas gracias!)

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