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Archive for 31 marzo 2012

El jueves 22 llegaron las golondrinas. No puedo evitar estremecerme cada año cuando llegan y las oigo llenando el cielo de jolgorio, anunciando la primavera con sus trinos alocados. De repente todo despierta y el sol alarga los brazos, atraviesa puertas, pasadizos y habitaciones hasta alcanzar mi estudio, justo en el ala Este de la casa, inundándolo de reflejos dorados.

Sé bienvenida una vez más, primavera. Cúbrenos otro año con tu mano inocente, temblorosa y tierna. Despiértanos del letargo con esa fuerza tuya que todo lo puede y haz que veamos, como quien ve por vez primera la única verdad que existe: la vida girando en ese baile loco que acaba en uno y empieza en otro. Vida y muerte, fundidas en un todo indivisible.

El viernes 23 celebré ambas: a primera hora de la tarde despedí a Antonia -ya anciana y con ganas de partir- y, justo después, conocí a mi segunda nieta, Alicia, que llegó con la primavera. Muerte y vida, unidas en un interminable bucle abierto.

La vida sigue, con sus momentos de calma y serenidad, de confusión, incertidumbre y caos, de armonía y belleza, de perfecta consonancia entre todas las partes… Sí. Sigue a pesar de las huelgas, los conflictos, las guerras, a pesar de tantas injusticias y expolios, de las terribles hambrunas, de la miseria de tantos provocada por la avaricia y ambición de esos pocos que tan bien conocemos. Sigue adelante, imperturbable, ante nuestros delirios de grandeza, inmutable ante tanta cosificación, inalterable también ante nuestros sueños, amores, desamores, alegrías, sufrimientos, encuentros, desencuentros, razones, sinrazones…

La vida es alternancia, movimiento, impulso… pura fuerza télica (teleonómica y teleológica) empujando a la realización, invitando al despliegue, al desarrollo y a la finalidad. Es por eso que debemos dotarla de sentido y significado: para que vibre y emita su sonido en la frecuencia adecuada y no se convierta en ruido molesto.

Bienvenida, Alicia, a este país de las maravillas. Y cuando digo país, chiquitina, no te confundas. No hablo de Catalunya ni de España ni de Europa (¡todos tan enfermos!): hablo del Mundo, de la Tierra, escritos así, en mayúsculas. ¡Sé bienvenida! La vida te ha sido dada y vas a tener unos padres maravillosos (¡lo son!) que te guiarán por ella con maestría, que te ayudarán a desarrollarte como persona, a descubrir todo tu potencial y a ser feliz con cosas pequeñas y sencillas.

Heredarás un mundo hermoso, pero muy turbulento y te pido disculpas por ello. Los de mi generación no lo podíamos haber hecho peor: nos hemos acomodado y hemos arrasado con todo. No hemos pensado en los hijos y mucho menos en los nietos, obviando aquella inteligente visión de los indios Hopi que hacía que, antes de tomar cualquier decisión, se preguntaran cómo afectarían sus actos a las siete generaciones venideras. ¡Siete!

Sabrás de nuestro egoísmo, descubrirás el verdadero tamaño de nuestra avaricia y ambición y te preguntarás qué nos pasó y en qué momento se nos fue la olla y enloquecimos olvidando el magnífico tesoro de la fraternidad. Habrá momentos, incluso, en los que te avergonzarás de pertenecer a nuestra especie y en los que tendrás ganas de pedirle al mundo que se pare, porque querrás apearte de él. No lo hagas. No decaigas. Aunque ahora estemos ciegos y no veamos nuestra ignorancia, llegará un día en que nos daremos cuenta de que es más lo que nos une que lo que nos separa, que juntos podemos generar una vibración armónica, acompasada y hermosa, capaz de emitir en frecuencias más elevadas que a todos nos hermanen. En ello estamos algunos… pero seréis vosotros los que hagáis posible el cambio.

Tú, Alicia, junto a tus primitas y todos los de vuestra generación, tenéis un gran cometido: hacer que este mundo sea cuerdo por primera vez en la historia de la humanidad, en el que todos crezcan en armonía, como en primavera, y puedan convertirse en pura vibración.

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