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Archive for 22 noviembre 2010

Otro fruto de nuestra colaboración con NA Magazine

Esperamos que lo disfrutéis

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Antonio Garrigues Walker abogado

Entrevistado por LLUÍS AMIGUET  -La Contra de La Vanguardia- 21/10/2010

Envejecer es resabiarse, saber siempre lo mismo: combato la vejez aprendiendo. Soy de Madrid: ignoremos a los partidos y dialoguemos los ciudadanos de Madrid y Barcelona. Tengo 3 hijos y 7 nietos. La ética no es bondad: es inteligencia. Participo en Barcelona Meeting Point.

Debemos arrebatar el monopolio del debate público a los partidos y sus profesionales. No puede ser que, por ejemplo, el diálogo Madrid-Barcelona dependa sólo de cómo se lleven los políticos, que creen representarnos en todo, en cada momento.
¿Qué sugiere?
Pues que los ciudadanos de aquí y allá tendamos puentes y hagamos cosas juntos en todos los ámbitos: recuperemos la complicidad y evitemos la radicalización absurda, que interesa a los partidos pero dificulta nuestro progreso.
¿Los políticos son el problema?
Pues en las encuestas lo son para los ciudadanos por delante de otros como el terrorismo. El radicalismo partidista ha degradado todos los ámbitos. Y en Madrid he pasado malos ratos por la tensión en reuniones privadas de amigos que no eran políticas.
Le creo.
Cuando me quejo y digo que los ciudadanos somos mucho más que nuestro voto cada cuatro años, replican: “¡Antonio, pero qué manía con la sociedad civil: ¡si no es nada!”.
Aquí, sin carnet de partido o iglesia o secta, o al menos de club de fútbol…
Es que a la sociedad civil ¡no le han dejado que fuera nada! Cuando nos reunimos cuatro, si no hay bandera, siglas de partido o una iglesia de por medio, ya eres sospechoso… ¡No les gusta nada que nos reunamos!
¿Por eso dicen que es usted masón?
¡Eso es una patraña ridícula!
En Google se lo atribuyen…
¡Me reuní con los directivos de Google en España y les exigí que lo retiraran! Pero me explicaron que no pueden hacer nada a menos que antes lo rectifique la publicación que ellos recogen y me calificaba de masón.
En fin: hay cosas peores, don Antonio.
No me indigna porque sea malo o no, me indigna porque es falso.
¿Por qué cree que se lo atribuyen?
Porque soy miembro de la Trilateral…
¡Hombre! Hacía tiempo que no oía a nadie insultar a la todopoderosa Trilateral.
Y en broma nos quejamos por ello. Sólo somos un club de amigos, que nos consideramos gente interesante, y nos reunimos para intercambiar opiniones e información, pero no tenemos poder y apenas influencia.
¿Por qué esa obsesión con ver gobiernos en la sombra? ¿Y el club Bilderberg?
Es otro grupo de gente interesante que se reúne. Lo que sucede es que la globalización es inevitable y plantea retos que no podemos solucionar desde los estados: por ejemplo, ahora mismo hay reforma financiera en EE.UU., Gran Bretaña, la Unión Europea, y el yen y el yuan en danza…
Preocupante guerra de divisas.
Y los presupuestos nacionales tiene que aprobarlos la UE. ¿Y alguien decía que el Gobierno de Madrid estaba intervenido? ¡Qué ingenuidad! ¡Por supuesto! No hay solución nacional a los problemas globales y esta crisis requiere gobierno global. Lo estudiamos en mi cátedra de la Universidad de Navarra.
Confío en que no la tachen de masona; pero ¿qué se cuentan en la Trilateral?
Este fin de semana nos reunimos en Praga, pero no pude ir…
¿Se ha perdido algo?
La verdad es que hoy hay tanta información que estás enterado de todo sin ir. Yo cada día leo el Financial,el Journal,Le Monde (cada vez más plúmbeo) y La Vanguardia,que en Madrid es un referente de élites por ecuánime y transversal.
¿Y la prensa de Madrid?
Está radicalizada y partitocrática. Si la lees, al final sólo sabes de los partidos, pero la realidad es mucho más rica y compleja. Por eso necesitamos muscular a la sociedad: ¡creemos más foros y debates con gente de Catalunya y Madrid en todos los ámbitos!
Defina nuestra época, don Antonio.
Complejidad, que deja inservibles los esquemas que hemos utilizado durante décadas.
¿Qué hacer frente a lo complejo?
Hay dos vías de escape. Una es citarla como excusa – “Ese asunto es muy complejo”-para no hacer nada, y la otra, peor, es simplificarla: “Déjate de líos. Lo que yo te diga: esto es así y yo lo arreglaba en dos patadas”…
Me suena.
Porque esa peligrosa simplificación de la realidad, que lleva a creer en soluciones simples y radicales, resurge en todas las crisis.
¿Qué propone usted?
Desde la condición humana hay dos posibilidades: el pesimismo antropológico, esto es, creer que no tenemos remedio y que tal vez mejore la tecnología pero nuestra mezquindad y maldad nos son consustanciales…
Demasiado realista para soportarlo.
O la utopía: esperar que ese gobierno mundial, ya inevitable, sea justo y acabe con el hambre y la pobreza y la enfermedad…
Naif. ¿Y usted con qué se queda?
El yin y el yang. El mal y el bien están unidos y se repelen y complementan de un modo, como decía antes, complejo: complejidad…
Que excede los límites de esta contra.
El problema es que aún no han nacido los nuevos filósofos capaces de estimularse con la complejidad del mundo, y en cambio sólo tenemos análisis sectoriales, coyunturales y encima cambiantes. ¿Lee usted a Krugman?
Alguna vez.
Pues será Nobel de Economía, pero cambia de opinión cada dos por tres. Yo repetiré lo que dije en la crisis del 92 – sé que esta es peor-, pero, pese a todo, somos un país ansioso de crecimiento y saldremos reforzados.

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Existen personas a las que resulta muy difícil despedir y decir adiós. Mi padre exhaló el último suspiro de esta existencia hace justo una semana. A estas horas todavía podía susurrarle algunas palabras de despedida, ánimo, valoración, gratitud, amor… consciente de que ya nunca me las iba a devolver. A las 11 de la noche nos dejó definitivamente… Mucho dolor por la pérdida del que te ayudó a dar los primeros pasos… y también mucha paz, calma interior, y mucho reconocimiento y agradecimiento por todo lo recibido a lo largo de tantos años.

Cuando me propuse empezar con este blog lo hice desde el espíritu que lleva nueve años alimentando mis artículos semanales, desde el ánimo que, de forma constante, me impulsa a la acción: escribir con un estilo libre y con la máxima autenticidad y transparencia, como un acto de comunión, para encontrarnos y crecer juntos en ese compartir las experiencias, las reflexiones, las ideas y los sentires…

Con él era así. Largas charlas en las que uno y otra volcábamos dudas, proyectos, sueños (¡cuántos sueños hemos compartido, papá!), temores, y en las que también celebrábamos alegrías, que de todo hubo. Aprendí mucho de él. Le busqué y le encontré ante las grandes decisiones. Me vi reflejada en él y rectifiqué. Hizo de mí una mujer responsable y madura a una edad muy temprana. Fomentó, desde chiquitina, mi amor por la lectura y las palabras… y a él debo una de mis grandes pasiones: escribir.

Me veló cuando estaba enferma y me levantó a cada caída… hasta que me hice fuerte, entonces soltó su mano y… hasta hoy. Gracias papá. Gracias por esta vida tan plena. Gracias por tanta escucha, por tantos detalles, por el reconocimiento, por el empuje, por la ilusión… y, sobre todo, por enseñarme a perseguir siempre sueños de mejora y superación.

Gracias por hacer de mi una persona humilde y alegre, gracias por el amor a la música, por esa consciencia social tan fuerte, mamá, y por tu espíritu luchador. Gracias a los dos por tanto amor y energía… tan grandes que necesitasteis diez hijos para repartirla.

He empezado con uno y termino con los dos. Buena señal. Seguro que en este momento ya se han encontrado y están el uno en los brazos del otro. Seguro que mi madre le esperaba disfrazada de alguna cosa, escondida en alguna esquina del universo… Los imaginaré así. Libres. Jugando. Iluminando constelaciones con sus risas y provocándonos desde lo más alto…

La imaginación es libre… Hasta siempre, pare. Hasta siempre, amados.

Va para los dos… The Three Bells de los Browns… una canción que les encantaba.

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Me enseñaste a soñar y a mirar lejos…

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Gracias papá por todos los misterios que me ayudaste a desvelar… Feliz viaje hacia las estrellas…

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Sir Ken Robinson, experto que preconiza un sistema educativo que enseñe a innovar

Entrevista de LLUÍS AMIGUET  –  La Contra de La Vanguardia – 03/11/2010

Tengo 60 años: irrelevantes cuando eres capaz de crear como un niño, y todos somos capaces si queremos. Nací en un barrio humilde de Liverpool, como los Beatles, creativos sin escuela. No soy buen gregario, así que no tengo partido, pero sí política. Colaboro con el Foro HSM.

Un día visitando un cole vi a una niña de seis años concentradísima  dibujando. Le pregunté: “¿Qué dibujas?”. Y me contestó: “La cara de Dios”.
¡. ..!
“Nadie sabe cómo es”, observé. “Mejor – dijo ella sin dejar de dibujar-,ahora lo sabrán”.
Todo niño es un artista.
Porque todo niño cree ciegamente en su propio talento. La razón es que no tienen ningún miedo a equivocarse… Hasta que el sistema les va enseñando poco a poco que el error existe y que deben avergonzarse de él.
Los niños también se equivocan.
Si compara el dibujo de esa niña con la Capilla Sixtina, desde luego que sí, pero si la deja dibujar a Dios a su manera, esa niña seguirá intentándolo. El único error en un colegio es penalizar el riesgo creativo.
Los exámenes hacen exactamente eso.
No estoy en contra de los exámenes, pero sí de convertirlos en el centro del sistema educativo y a las notas en su única finalidad. La niña que dibujaba nos dio una lección: si no estás preparado para equivocarte, nunca acertarás, sólo copiarás. No serás original.
¿Se puede medir la inteligencia?
La pregunta no es cuánta inteligencia, sino qué clase de inteligencia tienes. La educación debería ayudarnos a todos a encontrar la nuestra y no limitarse a encauzarnos hacia el mismo tipo de talento.
¿Cuál es ese tipo de talento?
Nuestro sistema educativo fue concebido para satisfacer las necesidades de la industrialización: talento sólo para ser mano de obra disciplinada con preparación técnica jerarquizada en distintos grados y funcionarios para servir al Estado moderno.
La mano de obra aún es necesaria.
¡Pero la industrialización ya no existe! Estamos en otro modo de producción con otros requerimientos, otras jerarquías. Ya no necesitamos millones de obreros y técnicos con idénticas aptitudes, pero nuestro sistema los sigue formando. Así aumenta el paro.
Pero se nos repite: ¡innovación!
La piden los mismos que la penalizan en sus organizaciones, universidades y colegios. Hemos estigmatizado el riesgo y el error y, en cambio, incentivamos la pasividad, el conformismo y la repetición
No hay nada más pasivo que una clase.
¿Es usted profesor, verdad? Las clases son pasivas porque los incentivos para estar calladito y tomar apuntes que repetirá son mayores que los de arriesgarse a participar y tal vez meter la pata. Así que, tras 20 años de educación en cinco niveles que consisten en formarnos para unas fábricas y oficinas que ya no existen, nadie es innovador.
¿Cuáles son las consecuencias?
Que la mayoría de los ciudadanos malgastan su vida haciendo cosas que no les interesan realmente, pero que creen que deben hacer para ser productivos y aceptados. Sólo una pequeña minoría es feliz con su trabajo, y suelen ser quienes desafiaron la imposición de mediocridad del sistema.
Tipos con suerte…
Son quienes se negaron a asumir el gran error anticreativo: creer que sólo unos pocos superdotados tienen talento.
“Sé humilde: acepta que no te tocó”.
¡Falso! ¡Todos somos superdotados en algo! Se trata de descubrir en qué. Esa debería ser la principal función de la educación. Hoy, en cambio, está enfocada a clonar estudiantes. Y debería hacer lo contrario: descubrir qué es único en cada uno de ellos.
¿La creatividad no viene en los genes?
Es puro método. Se aprende a ser creativo como se aprende a leer. Se puede aprender creatividad incluso después de que el sistema nos la haya hecho desaprender.
Por ejemplo…
Soy de Liverpool y conozco el instituto donde recibieron clases de música mi amigo sir Paul McCartney y George Harrison… ¡Dios mío! ¡Ese profesor de música tenía en su clase al 50 por ciento de los Beatles!
Y…
Nada. Absolutamente nada. McCartney me ha explicado que el tipo les ponía un disco de música clásica y se iba a fumar al pasillo.
A pesar del colegio, fueron genios.
A Elvis Presley no lo admitieron en el club de canto de su cole porque “desafinaba”. A mí, en cambio, un poliomielítico, me admitieron en el consejo del Royal Ballet…
Ahí, sir, acertaron de pleno.
Allí conocí a alguien que había sido un fracaso escolar de ocho años. Incapaz de estar sentada oyendo una explicación.
¿Una niña hiperactiva?
Aún no se había inventado eso, pero ya se habían inventado los psicólogos, así que la llevaron a uno. Y era bueno: habló con ella a solas cinco minutos; le dejó la radio puesta y fue a buscar a la madre a la sala de espera; juntos espiaron lo que hacía la niña sola en el despacho y… ¡estaba bailando!
Pensando con los pies.
Es lo que le dijo el psicólogo a la madre y así empezó una carrera que llevó a esa niña, Gillian Lynne, al Royal Ballet; a fundar su compañía y a crear la coreografía de Cats o El fantasma de la ópera con Lloyd Webber.
Si hubiera hecho caso a sus notas, hoy sería una frustrada.
Sería cualquier cosa, pero mediocre. La educación debe enfocarse a que encontremos nuestro elemento: la zona donde convergen nuestras capacidades y deseos con la realidad. Cuando la alcanzas, la música del universo resuena en ti, una sensación a la que todos estamos llamados.

 

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Hoy es el día de los difuntos, de los que ya no están entre nosotros… el día de los ausentes.

Las personas nos dejan, pero seguimos relacionándonos con ellas a través de nuestro relato interior, de la recuperación de las vivencias compartidas a través de la memoria…

Los ausentes viven en otra dimensión, ubicada entre la imaginación y el recuerdo, que acostumbramos a evocar cuando nos sentimos desamparados, perdidos, indecisos o cuando necesitamos apoyarnos en alguien y sentimos que nadie -de entre los presentes- nos puede confortar ni comprender.

Dicen los neurocientíficos que nuestro cerebro, el que procesa y actúa bajo el umbral de nuestra consciencia, puede estar todo un año procesando una experiencia determinada antes de decidir cómo archivarla en la memoria y convertirla en recuerdo. O sea que, de alguna manera, la calidad de nuestros recuerdos y de nuestra relación con los ausentes, tiene mucho que ver con la calidad y el tipo de relación que establecimos con ellos cuando estaban presentes, y que según hayan sido las experiencias y los momentos que hayamos compartido, mejores y más completos serán los recuerdos.

Si dejamos que los hechos sucedan únicamente movidos por las manos del azar, es muy probable que nuestra vida esté llena de relaciones con muchos flecos sueltos, como inacabadas: cosas que tendríamos que haber dicho y que nunca fueron dichas, malentendidos sin esclarecer, dudas que no hemos disuelto y siguen flotando en el aire… con todo lo que conllevan de sentimientos de frustración, amargura, impotencia, rencores y de las tristezas tan profundas que tantas veces acaban enturbiando nuestra relación con los ausentes.

Una vez oí por la radio: “imagínate -allá donde estés- que te dicen que te quedan sólo 10 minutos de vida y que tienes la posibilidad de llamar por teléfono a dos personas… ¿A qué personas elegirías? ¿Qué les dirías?” La prueba acababa diciendo “Pues no esperes a tus últimos 10 minutos y hazlo ya: llama a quiénes habías pensado y díselo ahora”

Permitidme compartir con vosotros un ejercicio que practico con regularidad desde hace muchos años y que comparto con mis alumnos en muchos de mis cursos.

Cuando estoy en la cama, justo antes de dormir, pienso que ha llegado mi hora y que mañana no voy a despertar (sí, ya sé que dicho así puede sonar un poco duro, pero éste día nos llegará a todos y mejor que nos pille un poco preparados), que la muerte me alcanzará en plena noche y que ya no volveré a ver la luz del día.

Con esta imagen de cierre evoco mentalmente a las personas con las que estoy compartiendo el camino, les digo todo lo que me gustaría decirles si tuviera la oportunidad, despidiéndome de cada una de ellas. Observo en qué punto está la relación, si queda algo pendiente entre nosotros y cómo quedaría si en verdad muriera esta noche

¿Me gustaría que quedara así? ¿Me sentiría cómoda, tranquila? ¿Qué tipo de recuerdo dejaré en su memoria? ¿Hay algo importante que me habría gustado decirle y que todavía no le he dicho?

Si detecto flecos o asuntos pendientes intento solucionarlos cuanto antes, para que la muerte me pille con los deberes hechos y las relaciones siempre puestas al día.

Este ejercicio también tiene su contrario: ¿qué pasaría si alguna de las personas que tenemos cerca y amamos nos dejara esta noche? ¿Cómo sería nuestra relación con este ausente?

La bondad de esta práctica estriba en que nos permite actuar mientras todavía estamos a tiempo. Si queremos una buena relación con los ausentes, cuidémoslos y atendámoslos de la mejor manera  mientras estén presentes.

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