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Archive for 30 marzo 2010

Hoy es un día muy especial para mí… Un día en el que se marca el inicio de una nueva etapa en mi vida y en el que también (evidente!) cerramos la anterior, con todos los descubrimientos, aprendizajes y errores habidos a lo largo de todo el recorrido…

Llevo unos años persiguiendo varios sueños que, por fin, se han cumplido… y en este estado me pilláis, aturdida, anonadada y reflexiva… con unas notas de nostalgia por todo lo experimentado y tantos instantes dignos de ser rescatados por la memoria, pero Brian Eno nos acompaña recordándonos que éste no es más que otro día en la tierra…

Sueño 1

epoche renace con una nueva web y nuevo proyecto. Después de casi doce años de andares solitarios como free-lance y poco más de quince meses probando con un equipo que no pudo ser, despega la nueva epoche, invitándonos de una forma muy orgánica -y a través del mundo de las esferas-, a nuevos artículos, áreas de formación y coaching, acciones formativas ya programadas, enlaces amigos, proyectos y alianzas… y, todo ello, gracias a un nuevo equipo humano, muy humano, interdisciplinar y fresco, con muchas ganas de hacer y actuar desde la excelencia.

Desde este privilegiado canal (¡bendita la tecnología que permite dar rienda suelta a elucubraciones y otras emergencias mentales!) felicitamos con gran efusión, aprecio y valoración a David Ruíz, por su apoyo y soluciones tecnológicas, a Jordi Ruíz, el verdadero realizador de esta obra, y a Marta Fábregas (ambos creadores de “La Buhardilla T-Shirt Company”) por la brillantez de sus ideas, y por haber sabido captar, transformar y hacer realidad las nuestras con tanta belleza.

Aquí tenéis el enlace. Todavía estamos en fase de pruebas, así que se admiten todo tipo de sugerencias y mejoras.

www.epoche.org

Sueño 2

Resultado de nueve años de colaboración en una publicación semanal gratuita, de amplia distribución dentro de unas cuantas comarcas catalanas (los lectores crecen, se fidelizan, te siguen, coleccionan tus artículos -¡ups!- y al final te decides a publicar una primera selección en un libro…) Un sueño de más de dos años de antigüedad que ayer se cumplió: Realitats Observades (en catalán) ve la luz en forma de libro de 192 páginas. Magnífico el trabajo de Anto Corbetta con la portada y la maquetación… Alrededor de ochenta artículos, seleccionados de entre los 150 de los tres primeros años, y una narración breve.

Hay más, pero me quedo aquí, con estas emociones… y con Brian Eno (Spider and I) un momento de entrega a uno mismo, un instante de honor para el esfuerzo de tantos, un attimo de reconocimiento hacia los sueños y su enorme potencia… pero seguimos… hay tanto por compartir!

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Intususcepción: del latín intus (interiormente) y susceptio (acción de recibir); forma de crecer de los seres orgánicos que asimilan internamente las propiedades de los elementos que ingieren, a diferencia de los minerales o inorgánicos que crecen por yuxtaposición o añadiendo los elementos de manera externa.

Somos seres orgánicos, que necesitamos ingerir nutrientes para mantener toda la vida que albergamos y para hacer posible una trayectoria evolutiva más o menos saludable. Esta forma de crecer podría trasladarse, estableciendo un paralelismo cuerpo-mente, al proceso de aprendizaje, concepto, como tantos otros, envuelto en una gran confusión. Si somos capaces de ver nuestra mente como algo orgánico, dinámico y vivo, nos daremos cuenta de que también ella necesita asimilar interiormente, digiriendo e integrando las propiedades de lo que recibe, apropiándoselas, haciéndolas suyas para seguir creciendo y enriqueciéndose con nuevos conocimientos. El conocimiento teórico para convertirse en saber, tiene que pasar por un proceso de internalización y asimilación. Una vez adquiridas sus propiedades o cuando modificamos nuestra forma de actuar (y lo hacemos desde este nuevo saber), es cuando podemos hablar de verdadero aprendizaje.

Esta reflexión es casi un toque de alerta para los que acumulan conocimientos, yuxtaponiéndolos al lado de otros sin interiorizarlos, sin pasar por ellos, sin aprehenderlos, digerirlos ni actuar a través de ellos. En el ámbito de las relaciones humanas y de la comunicación hay muchas personas que dicen saber cómo hay que hacer o resolver las cosas y, a través de la observación, compruebas que no lo hacen, por lo que podríamos deducir que, en realidad, no saben, que tienen la información de cómo hacerlo, pero que todavía no han empezado ni a practicar.

Estas personas no se dan cuenta de que tratan su cerebro como si fuera inorgánico o un mineral. Cuando decimos que sabemos que una determinada situación pide ser resuelta de una manera concreta y no utilizamos el conocimiento que supuestamente tenemos, descubrimos que algo falla… El problema radica en que al no evaluarnos en estas materias, abonamos  terreno para la confusión, y cuando digo evaluarnos hablo del análisis de los recursos utilizados, y no tanto de los resultados, ya que son aquellos los que expresarían un buen uso de los conocimientos empleados. Cuando evaluamos a un alumno y le examinamos, lo hacemos para comprobar su grado de integración de los conocimientos, para saber si en verdad los tiene, ya que no nos basta con que nos lo diga: hemos de comprobarlo planteándole una serie de problemas y viendo cómo los resuelve.

El hecho de que las relaciones humanas incluyan tantas variables -y tan subjetivas- no debería impedirnos poder observar, a través de las actitudes, los modos y los recursos empleados, qué grado de saber tiene una persona. La demostración canta por sí sola. Si, por ejemplo, sabemos que sonreír nos abre tantas puertas y establece un puente de conexión con el otro, entonces… ¿cómo es que sonreímos tan poco? Si sabemos que rebajar o ridiculizar a alguien, a través de comentarios poco apropiados o relacionándonos de forma inadecuada, es una falta de respeto (hacia uno mismo y hacia el otro) ¿Cómo es que seguimos haciéndolo? …Y así con todo aquello que tantas veces decimos que sabemos pero que nunca acabamos de poner en práctica.

Y para acabar,  una última reflexión ¿Cuáles podrían ser los factores que impiden que pongamos en práctica lo que –al menos en teoría- decimos saber? ¿Pereza, arrogancia, necedad, miedo…?

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(artículo aparecido en el Reclam -provs. Barcelona-Girona- en enero 2010)

Esta vez me ha costado encontrar el título, pero al final ha salido como un relámpago (¡estoy aquí! me ha dicho con aires de eureka…).

Quería invitaros a reflexionar sobre los derechos de autor y sobre el Proyecto de Ley que nos quieren colar. He elegido Creative Commons por muchos motivos (¡fantástico tener más de uno!)… de entrada, porque estamos hablando de creatividad -obras artísticas o creaciones literarias- y de su intercambio o transacciones con la sociedad o comunidad que les acoge.

En segundo lugar porque, hablando de creatividad, hay muchas otras maneras de ver las cosas -ya lo hemos comentado otras veces ¿verdad?- y la dirección hacia dónde va la sociedad nos indica que lo que ahora toca es ver la obra creativa tal como es: normalizada y no tan elitista (¡ya no existen clases, señores, por mucho que os resistáis!) o, dicho de otra forma: hoy todos podemos ser, y somos, potenciales artistas o creadores de algo; se están acabando las exclusividades y los divismos (lo que vemos en los medios de comunicación es -ni más ni menos- el último canto del cisne… y atención con ese último, que la agonía puede ser muy larga!).

Las cosas ahora funcionan de otro modo, el mérito se conquista a través del esfuerzo diario y los chollos tienden a la baja. Esta es la nueva sociedad que estamos construyendo entre todos: hecha de libertades, creativa, con igualdad de oportunidades, de méritos… En esta sociedad, aunque suene a utopía y nos resistamos al cambio, no caben los parásitos… y esto, señores, ya no hay quien lo pare.

Y, en tercer y último lugar (hay más pero mejor lo dejamos aquí), porque Creative Commons es el nombre de una sociedad de autores, sin afán de lucro, en la que somos nosotros mismos, los autores, los que decidimos las condiciones, que normalmente se establecen de manera: yo te ofrezco mi obra de forma gratuita y tú -si quieres- puedes divulgarla y transformarla siempre que no comercies con ella.

En el mundo de los escritores, articulistas y divulgadores de todo tipo, el crecimiento de la Creative Commons (que literalmente significa “creatividad compartida o común”) ha sido espectacular. Las personas creativas de verdad no quieren vivir toda la vida de una sola obra o de unas pocas… se lo curran: se espabilan para poder vivir sin dejar de hacer lo que les gusta y, además, lo comparten. (Uno de los títulos que había pensado era “vivir del cuento”, pero al final me he decantado por CC, ya que me parece mucho más positivo.)

Preparar leyes para incriminar a los usuarios de Internet sin considerar los cambios habidos en nuestra sociedad, es perverso y un gravísimo error que nos demuestra, una vez más, que da igual ser de derechas o de izquierdas, si al final lo que impera es la ignorancia y la estrechez mental.

A los artistas, músicos, cantantes y otros reivindicadores, les diría que su lucha tiene mucho más que ver con los contratos abusivos de sus discográficas/distribuidoras y no tanto con los usuarios, que son los que otorgan sentido a una obra, escuchándola o viéndola. Si necesitan más dinero que se espabilen y hagan conciertos, galas, bolos o lo que haga falta, como todos. ¿Os imagináis al arquitecto que construyó nuestra casa, cobrándonos un canon cada vez que la compartiéramos con alguien? Absurdo ¿no? Pues algo así es lo que está haciendo con nosotros la SGAE.

Recuerdo que hace años, cuando abrimos epoche a la red, hubo quienes comentaron que ‘daba’ demasiada información en forma de artículos, herramientas, etc. “Si lo ofreces todo gratis ¿quién va a venir a tus cursos y conferencias?”.

Afortunadamente parece que este miedo a ser copiado, a dar sin -aparentemente- recibir nada a cambio o ese pavor a que el otro pueda saber tanto o más que tú, está cambiando. Ahora sólo nos queda que los de la Sociedad General de Autores y los políticos y correspondientes ministerios se enteren y se pongan al día: ¿dónde están la igualdad y justicia tan pregonadas? ¿no os habéis enterado de que los privilegios, las élites y las clases, forman parte de una época que ya hemos dejado atrás (aunque todavía vayan a quedar resquicios de ello durante algunos años)?

A pesar de mi tendencia al positivismo, me asusta y siento que casi todo está perdido cuando veo que -encima- todo este follón viene promovido por parte de los sectores que hasta ahora habíamos llamado progresistas o de izquierdas… (Never more, please!)

La Red es de todos los que la hacemos, señores… y no olvidéis que, además de los que ofrecen cables, infraestructuras, tecnologías, software, etcétera, estamos los que la llenamos de contenidos, ampliándola, haciéndola crecer, madurándola… en definitiva, haciéndola posible.

Hace ya muchos días que lo pienso… La Revolución pendiente, la que nos va a situar de lleno en el nuevo paradigma social, será en la Red… y si no, tiempo al tiempo.

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Explícamelo todo en cinco palabras y, cuidado, que si te alargas dejo de atenderte. Explícamelo claro, sencillito, que no sea muy complicado, así no me pierdo. Dime sólo lo esencial para que pueda entender sin calentarme la cabeza; no me relaciones cosas ni me conectes puntos, que no te enrolles, que no tengo tiempo para tonterías. Dame la foto del iceberg, pero no te compliques con altas tecnologías, me basta con ver la superficie, no me interesa el resto (está muy sumergido y cuesta demasiado) aunque represente un 90 por ciento de su masa y, además, me lo puedo imaginar…

Nuestra naturaleza se está volviendo muy ávida: lo queremos todo, a la mayor brevedad y con el mínimo esfuerzo posible, sin importarnos el alto coste que estamos pagando por mantener esa bendita (sí, sí, bendecida por los altos poderes, para su mayor gloria y disfrute) comodidad y exigencia, cuasi tiranas. Pedimos fórmulas milagrosas, varitas mágicas, invocamos a la suerte, a los oráculos… todo lo imaginable, todo, menos esforzarnos.

Somos seres muy complejos, que no podemos explicarnos en tan pocas palabras. Lo nuestro es la incertidumbre que generan, entre muchas otras cosas, las interacciones, las interrelaciones, las intervenciones… y pretendemos saltarnos estos esclarecedores in e inter, que son justamente los que nos hablan del interior, del espacio que nos une, lo compartido, el terreno del encuentro, la colaboración y la edificación de nuevas maneras de ser, estar y actuar.

Sigo pensando y cuestionándome en voz alta… ¿Corremos el peligro de que a mayor velocidad y cantidad de información, aumente el sesgo, la mutilación u omisión de aspectos que podrían ser sustanciales para ampliar nuestros referentes mentales?

¿Qué diferencia existe entre ver que las cosas son, acogiéndonos a sus dos extremos, de una manera o de otra, y verlas como un abanico abierto de posibilidades? ¿Por qué nos empeñamos en el simple blanco/negro, obviando la inmensa gama de grises y al resto de colores? ¿Qué extraña pereza nos ata a sillones que nos hunden en lo conocido, aunque ya nos aburra?

Si, ya sé que a pesar de que nos apasione lo cuántico, no podemos olvidarnos de la mecánica clásica de Newton y, en particular, de la primera Ley o Principio del Movimiento o de la Inercia que nos dice que “Todo cuerpo continúa en su estado de reposo (es decir, velocidad nula) o de movimiento uniforme en línea recta a menos que sea forzado a cambiar su estado por fuerzas externas.”

¿Seguimos por inercia, por vagancia y dejadez, esperando que la sacudida nos venga del exterior para despertar? Tomar como conocimiento tantas verdades sesgadas, descontextualizadas y desconectadas de todo lo que las hace posibles, por comodidad, es grave y a la larga puede resultar peligroso para nosotros. Dejamos demasiados huecos sin llenar en nuestra mente, hectáreas vacías de conocimiento que otros se apresurarán a trabajar y hacerlas productivas (más gloria y isfrute para ellos).

Después de tantos libros, conferencias, seminarios, talleres… hablándonos de la necesidad de ir al encuentro o convergencia de los extremos, luego de tanta divulgación sobre los peligros de las visiones extremas u opuestas, por egóticas o limitantes, el mero hecho de percatarnos de ello debería ponernos en guardia…

Desde el mismo instante que sabemos que las cosas no son o así o asá, sino que son así, así y así y de esta manera y de esta otra, y de aquella… -ya que su naturaleza es múltiple y se nos escapa-, desde este mismo momento, algo nos debería impedir aceptar como “verdad” cualquier tipo de afirmación absolutista o extremista del tipo “La confianza, se tiene o no se tiene”, por sesgada.

Siguiendo con el ejemplo de la confianza diré (y esta es sólo una forma personal de verla que admite todo tipo de opiniones y críticas) que, como casi todo, la confianza hay que tenerla casi siempre de manera relativa y casi nunca ciega, o sea, que dependerá de muchos factores como, por ejemplo, de mis expectativas (¿qué espero del otro [o de mi mismo]? ¿se lo he comunicado? ¿se ha comprometido?); de su capacidad (¿está preparado para hacer lo que espero? ¿cómo sé puede hacerlo?), de su estado emocional (¿cuál es su ánimo, su disposición hacia la realización? ¿cómo sé que está motivado y quiere hacerlo con ganas?)…

Muchos son los aspectos que intervienen en una cuestión de confianza, demasiados como para reducirlos a un simple sí o no. Cuando confiamos ciegamente en alguien (pleno al sí), lo que puede suceder, entre otras cosas, es que no le dejemos espacio para que pueda equivocarse y eso es muy grave puesto que, al más mínimo error, sentiremos que el otro nos ‘ha fallado’, que resulta lo mismo que negar el derecho a equivocarnos y a aprender de nuestros errores, dos de los derechos/deberes esenciales de la asertividad.

Una forma de ver la confianza más ajustada a su realidad podría ser: confianza sí, pero relativa, atendiendo a todos los parámetros que intervienen… que son muchos.

La simplicidad -y su sesgo- nos inclina hacia los opuestos, cuando lo que hoy nos pide el nuevo paradigma parece que va más hacia su conciliación y convergencia, a una ampliación de los parámetros y a un verdadero cambio de perspectiva, más crítico con nuestro entorno y, a la vez, con más capacidad de observación y aceptación lo que hay…

(¡Qué hermoso este baile de ballenas… colaborando y bailando unidas para la caza!)

¿Qué nos dicen las burbujas? ¿De qué nos hablan? ¿Qué expresan con su ser? ¿Liquidez, aire…?

Una combinación ciertamente caótica que podría parecerse y acercarse bastante a nuestras bases y formas de comportamiento… Una alianza extraña esta entre materia y aire (¿energía?), extraña pero refrescante…

¿Seguimos pensando que la confianza se tiene o no se tiene? o ¿nos atrevemos a encontrar el punto de convergencia entre confiar y -a la vez- no confiar?

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